domingo, 12 de abril de 2015


El Perdido[1]

Traje, remera discordante, zapatos y medias de colores distintos y equivocados, bastón, andar desgarbado casi parkinsoniano. Mesa, ayuda memoria enfocado por luz. Vaso, jarra, agua.


Viene desde el fondo del salón, apoyándose en el bastón y ayudado por una joven, sube al estrado con dificultades. Se acomoda en una silla. Esta joven, que le hará preguntas, pasará desde un venerable respeto, al desconcierto, el descocamiento casi irrespetuoso, para desembocar en la ternura de una nieta.

-Estimados alumnos… y… mirando a Jelina Karinek y… con entusiasmo ¡Queeridaas alum…nas… nas!: Buenas noches.

Les hablaré de uno de los conceptos más complejos de... el hermano era obispo... él, de nombre bíblico… (se pierde)

Jelina: -¿Jacobo?

-Nooo, Jacques..., ¡ah, ahí está, Jacques! Lacan para más datos... ¿Y… adonde iba…?

Jelina: -¿Lacan?

-Noooo...., yo…, ah al objeto.... El primero que lo trabajó, fue... ese psicoanalista del círculo de los 7 anillos... ¿eran 7, no? Discípulo directo de...: el primero... A…aando con la próstata y la memoria… Digo… el primero... el fundador, Jacobsen “el parásito”, lo llama fraude… ¿pero por donde andaba? Ah... Froude, no, Freud, que tenía de discípulo a este que no me puedo acordar el nombre, pero que también era bíblico... ¡Qué cosa los psicoanalistas eh, la Biblia nos persigue...! Hablo del que casi mató al hijo porque que creyó que una voz que escuchaba era de Dios. Por suerte la voz se arrepintió y le cambió el hijo por un chivito. De ahí los chivitos en televisión, canjeados por coimas... ¡Lo que está mejor, porque… pobre chivo…! ¿Qué culpa tenía?

El primero que habló de objeto... tenía un nombre que empieza con la letrita que luego usó Jacques: a... Eso, a de Abraham. ¿Vieron? Casi como Abrahan el del chivo de la Biblia. ¡¿Que cosa, eh?! Los piruchos eran mucho más peligrosos antes, que ahora. Claro… a menos que sea un surcoreano delirado Samurai… ¡cuantos que hay eh! ¿Y entre los psicoanalistas...? no, no digo que estemos todos locos, aunque a veces… Freud dijo que Abraham descubrió el objeto parcial, a la vez Abraham psicoanalizó a... ¿Melanina? … no… Mel… Mel…

-Jelina: -Melanie... Melanie...

- Eso, y como Hans ¿Vieron? Thas klein, digo: Melanie Klein. Bueno, ella se armó un Olimpo con los objetos. Había buenos, malos, entraban, salían..., en fin, un conventillo de objetos que peleaban como en el circo romano. Tanto se entusiasmó, que metió el conventillo en la propia casa y se levantó al yerno. Sí, así como lo escuchan, al esposo de la... ¿cómo se llamaba? Era parecido al nombre de la vieja... Mee Mee...

-Jelina: -¿Oveja?

No, no, oveja no. ¡Ah, ya me acuerdo! Como para colar café: Melita. Melita Schmideberg. Entonces el objeto malo pasó a ser la vieja Melanie, casi melano. Para la hija peor, un melanosarcoma ¿Y el yerno? Fue el objeto bueno, que se comió la vieja...

Jelina: Profe: pero eso era un quilombo

-¡No se dice eso! Pero sí, sí. ¿¡Qué bolonki, se imaginan?! Y que inútil la hija, o que edípico el yerno, abandonar a la joven para quedarse con la vieja… 

Entonces vino lacana, mejor dicho: Lacan con su a, como objeto... Bueno, como decirles, el nombre es fácil, porque se ve que andaba cansado ese día y para no gastarse... le puso de nombre, una sola letra... Fácil... usó el abecedario latino, a veces usaba el griego... Agarró la primera que tenía a mano, y se lo puso... ¡eso...!

-Jelina: Profe: ¡pero eso era un quilombo!

-No,  se dice eso. Pero sí, sí. ¿¡Qué bolonki, se imaginan!?¡ ¡Y qué inútil la hija o que edípico el yerno, abandonar a la joven para quedarse con la vieja!

Entonces vino lacana, no, no, Lacan con su a como objeto… Bueno, cómo decirles, el nombre es fácil, porque se ve que andaba cansado ese día y para no gastarse le puso de nombre una sola letra…, encima la primera… Fácil, usó el abecedario latino, a veces usaba el griego que es más difícil. Agarró la primera, la que tenía más a mano y le puso… ¡Eso!

-Jelina: ¿eso?

-No, no, de exclamación, ¡eso! De exclamación.

Jelina: ¿Le puso exclamación?

 -No exclamación tampoco, bah de exclamación sí. El ¡eso! de exclamación, pero no la letra, que fue..., sigue siendo... a... ¡minúscula! Sí, aunque sea su concepto más importante sobre la función de cada uno de nosotros en relación a la... en construcciones suele ser primero de hierros, luego recubiertos de madera y rellena de cemento armado, pero… no, no me refiero a esa, sino a una... formal…

Jelina: -aaahhh. ¿Con otra forma?

- no, no, no por imagen, sino lógica, forma lógica. Bueno, también puede ser topo-lógica, porque habrán observado que la palabra topología, contiene el sufijo lógica que viene de logos, conocimiento. Pero también puede ser de logia, secta secreta… ¿Por donde andaba? Ah... cada uno de nosotros en...,  la estructura, y la puso en minúscula.

Jelina: - ¿La estructura es minúscula?

-Pero no m’hija,... Es fácil, lo dije antes. La a, síii, minúscula, no la estructura. Sí, porque otra A, la puso en mayúscula.

Jelina: aaaahhh, es más importante…

 No..., no. Se refería solamente a un lugar. En cambio con la misma letra en minúscula se refiere nada menos que a vos, ella, yo, a cualquier ser... No, ser no... Porque lo que distingue a estos seres... como seres... es… ¿cómo decirlo...? que hacen lo que estoy haciendo ahora...

Jelina: -¡kilombo, profe, kilombo…!

-No. Te dije, que no digas kilombo. Pero sí, esta clase es un kilombo. Pero gracias a qué... A qué sé, ¿sé?.... Sí, sé, pero primero supe... bueno supe y sigo sabiendo, aunque cada vez peor...: hablar. Eso: hablantes seres. ¡Qué feo qué suena en castellano…! ¡¿No?! Eso de: hablantes seres... Los franceses siempre fueron más elegantes... ellos dicen parlêtre. Queda más mono.

Jelina: -¿Los franceses son monos?

-No..., monos no.... Me refería a como decía mi tía de 90 a las chicas lindas, decía que eran muy monas... ¿Qué tienen los franceses de monos? Nada, nada... bueno algo, como todo el mundo, desde Darwin en adelante...

Jelina: ¡aaaaaaaaaahhhhh, Darwin fue el primer mono!

- No, no, Darwin no fue el primer mono... fue…

Pero yo no vine a hablar de Darwin sino del objeto... a... ¡eso, eso! ¡Gracias, Dios!

Probablemente le puso a porque está en el comienzo de todo... Mejor dicho no está en el comienzo de todo... porque si estuviera, no comenzaría nada... y todo comienza, justamente porque no está. Por eso se lo desea...  porque no está...

Jelina: -¿Pero si no está, cómo tiene nombre...?

-Pero como nombre no nombra mucho, una letra chiquita y  minúscula... ¿Adonde pretendía ir esa letrita de mierda? Aaaahhh.... eso, eso aclara más, la mierda puede ser un objeto a más... Porque a la vez que es una presencia... es una presencia de lo que no está más, y que se desechó en ese pedacito de... ¡mierda!

Jelina: -Aaaahhh… el a es de mierda…

- ¿Cómo... que el objeto a es de mierda...? No, no, la mierda es lo material sorético, pero no por eso el a, no. Se sabe bastante sobre la mierda. Es más, si sobre algo ha progresado la Cultura, es en saber sobre la mierda. La Cultura cada vez es más de mierda.

Jelina: -¿Aaaaaaaaaaahhhhhhhhhh, la Cultura es el objeto a?

- No querida, no... La Cultura es la presencia misma de lo simbólico. La mierda, puede ser un buen símbolo de la Cultura. La Cultura siempre fue una mierda, pero ahora es mucho más de mierda todavía.

Jelina: -¿entre los psicoanalistas también…?

Y… sí. Entre los psicoanalistas también… ¿Se acuerdan?... Hace un rato les conté algún enredo en la casa de la señora Klein… Bueno, también herr  doktor doktor Sigmund tuvo lo suyo. Cuando se enteró que su amor genital de objeto por la esposa le traía un último regalo que no deseaba, juró que no iba a tener más genitalidad con su cónyuge y se puso muy cariñoso con Mina...

Jelina: (asombrada) -¿Freud tuvo una mina?

No…, una mina no... O sí... Pero Mina era el nombre de su cuñadita, con la que se tomó un par de meses de vacaciones solos en sus Alpes queridos. A ella no le venía “la regla”, como decían en esa época, y tuvo miedo de quedar fuera de toda regla y con un hijo en su panza de Mina. Y no te digo herr doktor doktor, con un crío de la hermanita de la esposa. Caga’u de miedo, analizó lúcidamente un furcio propio, aunque se lo haya achacado a un joven rivalizador. Se ve que no le gustaba tener más de 40...

Jelina: -¿Y cortó con la Mina...?

-Vaya a saber...  Lo que sí, tuvieron un hijo con forma de trabajo científico, Aliqüis. Y al regalo de la vejez de su fraülein... le puso un nombre cortito... Lacan decía que así era también su inteligencia, pero no todos coinciden... Se llamaba… como el “fifty, fifty” entre algunos médicos, psiquiatras y he sabido de alguna psicoanalista también... Se llamaba…¡ Ana!. ¡Freud tuvo una ambivalencia de ana, Ana …! La tenía siempre pegada y hasta alguna vez la alabó, pero no la dejó casar con su biógrafo oficial, Jones.

Jelina: -¿Paco?

-No… Ese era de “Eran 6 hermanos Jones y Paco Jones se murió…/ Y quedaron 5 Jones porque Paco falleció… (música de western) El biógrafo era: Ernest… Y según dicen las malas lenguas, la tal Ana terminó cohabitando con una de las discípulas de su principal rival... la señora Big...

Jelina: -¿Era torta…?

-Nena, no digas eso. ¿Habrá sido porque se analizó con don Sigmund, su padre? Éste encontró en él, en el análisis, no en el padre... una de las versiones de mi “padre me pega”. En fin... ¿Saben de que me doy cuenta? Que cada vez me olvido más los nombres…, pero no pierdo mi entusiasmo por el chusmerío. En el chusmerío, los objetos van y vienen como en el conventillo de la Klein...

Jelina: -¿Y el a de Lacan?

-Encuéntrenlo en los chismes del que chimenta, a él también le encantaba chimentar...

Jelina: -¿Lacan chimentaba…?

 -Y choreaba [2]. ¡Creía que se quedaba con objetos que no tenía y que otros sí! Y sino, pregúntenle a... ¿como era?… como Bush...

-Jelina: -¿¡era como Bush!?

-No…, sólo llevaba el mismo nombre.

Jelina: aaahhh Georges...

-eso, eso, pregúntele a Georges Bataille. Jacques se quedó con su mujer y un pedazo de su libro “La parte maldita”.

Pero… basta por hoy, que dios los acompañe, y a mí, que… que, “aaaa” – alguien me acompañe a la salida…

(Se pierde cual De Larrua en Tinelli)

Jelina que lo llevó y le preguntó, lo busca y le dice: -¡Herr professor, herr doktor, abuelo, abue… la salida está por acá…  



 

El club de los pollerudos

El escenario debe resultar apropiado para ir haciendo funcionar en él, diferentes rincones de un club, frecuentado predominantemente por hombres. Dichos rincones serán: El Vestuario, La Peluquería, El Buffet, El Campo de Golf, Los Quinchos.

La obra comienza con una primera escena, preludiada por música circense y en la cual sobre un escenario desnudo y luego de aparecer sorpresivamente come efecto de una gran pirueta, un bufón disfrazado de Joker y diciendo su parlamento al estilo de los bufones de domingo en las plazas de los burgos de la edad media, le cuenta al público:

 Señoras y señores, estimadas damas y caballeros, jóvenes, medianos, y transeúntes de edades terceras!... ¡gracias por venir! (profunda reverencia).

Les vamos ha hacer escuchar, en un rápido recorrido por diversas cuevas masculinas del Pollerudos Sporting Club, las verdades más atroces, los secretos más deleznables, las situaciones más enternecedoras... y con buena pizca de ridículo, por la que transcurren sin prisa ni pausa, esos especímenes que la tradición porteña ha llamado pollerudos y que han llegado hasta producir interés científico en eminentes doctores de nuestra parisina Buenos Aires.

Y no vayan a creer que son seres excepcionales. Nada de eso. Conviven entre nosotros cotidianamente. Cohabitan sus lechos... señoras... lavan sus platos, le tocan el traste a sus mucamas, padecen de úlcera, se indigestan con asados mientras el vino los emborracha... y... se vuelven gordos, cada vez más gordos... y pelados. Algunos no, sólo se ven afectados por las canas. Las del pelo y las que intentan “tirarse al aire”. De las que les cuentan maravillas a sus congéneres, mientras se las disimulan a sus esposas. La verdad suele estar más cerca de lo que le cuentan a estas, que de lo que le relatan a los amigos. Aspirantes al título de “latin lover”, suelen conformarse con el polvo semanal de los sábados por la noche, o los domingos por la mañana. Algunos, para batir la marca, acuden a la nueva piedra filosofal...  (fanfarria de trompetas) ...el Viagra... De estos, algunos, entre asados, vinos y Viagra... han ido a rendirle cuentas de sus proezas, al padre celestial.

Pero a no impresionarse, son inofensivos. Es más, son absolutamente normales. Estrictamente masculinos, decididos a todo, con tal de ganarse las atenciones de esos seres difíciles, enigmáticos, sorprendentes, llamados mujeres. Los pollerudos no quieren más que eso, y por eso están dispuestos a cualquier sacrificio, incluso a quedarse sin ellas...

Pero no quiero seguir, sino voy a terminar narrándoles yo, lo que ellos tienen que contarles. Además, la verdad, me tengo que ir rajando. ¡La patrona me está esperando, y... si llego tarde... quien la aguanta!

 El gallego del buffet:

 Entra al escenario tímido, mirando hacia atrás, un poco perseguido y le habla al público:  

 Destenguida concorrenzia: ostedes szabrán disculparme, yo szé que vinieron al teatro a divertirse y no a eszcuchar pálidas, pero la verdad, es questoy pudrido, no ajguanto más a estos zeñores que vienen acá. Me tienen aturdido, me llenan la cabeza de pamplinas. ¡No losz aguanto más!. Y a alguien tengo que contarles, zi no, voy a reventar. Aszi que les cuento.

Ostedes los ven entrar al club y zon una maravilla. Trajeaditos, o de elegante zport (como dicen ahora), lostraditos... afeitaditos... unos zeñores... bah!... ¡Pamplinas, todas pamplinas!, boludos szin arreglo. ¡Bah! Por ahí me fui de boca, no szon malos, no. Sólo zson pollerudos. No hacen otra cozsa que quejarse de lasz mojeresz y no pueden vivir szin ellazs.

Que a uno le metieron losz cuernosz con el mejor amigo, que al otro lo dejaron coljado, que a aquél le pidieron el divorscio y se le llevaron media fortuna... en fin, un deszastre estos coszos. Lo peor de todo es que vienen y me toman a mi de cofedente. Primero me justaba, me cajaba de la risza, pero que te la cuenten una, dosz, tresz... haszta el infinito, me llenó.

Más que... ¿la verdad?. No losz entiendo. No szé porque no lasz hacen andar derechitas. Yo a la gallega con un par e coszcorronesz, la tenju derechita. Cocsina, frieja, me atiende a los jandules, y no jode... No jode... esto me hizo acordar...

En el terruño joder se le dizse a foliar... no que así ostedes no entienden. Coger, eszo, coger... aszí le llaman osztedes. Bueh, esz el ónico problema que tenju con la gallega, no coje. O que le duele la cabeza, o que anda con el mal de ojo, o que la madre le dijo que sztaba jorda... Sziempre hay un por qué y nunnca una buena foliada, de esas que teníamos antesz que nazcan los chavales. ¡Como exztraño... eszas eran épocasz. Podíamos estar foliando deszde que nosz acosztábamos haszta lasz csenco de la mañana. Pero deszde que nazció el Manoelito, eszo sze acabó. Que nosz puede eszcochar, ¿O eszcorchar? que no szeas bruto, que sziempre querész lo meszmo. Desde que vino el Manoelito... me da vergüenza contárszelos, pero no me queda otra que la mauelita.

 Bueh... pero ála, que no esz de eszto que venía a hablarlesz, szino de losz pollerudosz que andán por acá. ¡Pero que digo, que me tengo que ir corriendo, que zse me ha hecho tarde y la Manuela me espera con la comida...y... que szi llego tarde me mata.

Aszí que... alá, metánse osztedes en el Pollerudos Sporting club, y eszcuchen con szus propiasz orejazs, vean con szus propiosz ojosz de ver, lasz hisztoriasz de esztos infelizses. 



 (Vestuario de caballeros)

I El Cagador Cagado. II Bueno, a los bifes. III El cardiópata

Sobre el fondo, se lo ve a Garúa en una ducha infinita. Canta un fragmento de Il Pagliacci.

Entra Pepe con una toalla de taparrabo y un jabón en la mano, ve la escena, se sorprende y molesta. Se da un golpe de palma en la frente. Da media vuelta y se dirige al público.

 Pepe -¡Si será sucio...!. ¡Nos cagó a todos, ni uno se salvó!. Se acapara la única que anda caliente y se queda una hora. (Medio en bolas, toallita tipo caperuza, tirita). Se le cae el jabón hacia atrás, da media vuelta y se agacha para agarrarlo, recuerda que está el público. Lo mira desconfiando, se endereza y toma la posición de salto rana, columna derecha y rodillas flexionadas. Lo agarra, se incorpora rápidamente, gira y con mirada de alivio le sigue hablando a los espectadores.

P –Así le va con las mujeres. A pesar de que... carga facha el roñoso. Empilcha, tiene auto... Cuando invita a salir a alguna, enseguida agarran. Ingenuo de mí, le presenté a Susana. Se la enganchó. Varios años separada, sola...

Pero como es mi amiga... me contó. La llevó al cine y... sorpresa. Le pidió (hace seña de puño sobre palma) para la entrada. ¡Sí será....! (Gesto de disgusto)

Ella es feminista... así que pagó. Fueron a cenar y lo mismo. Allí la Susy se entró a mufar. Pero vino de por medio, se la llevó al departamento... (con gesto de asombro) de ella. Le dijo que el de él estaba desarreglado... que vivía solo... ¡Mentira... no quiere gastar... ni luz, ni gas, y mucho menos Whisky!.

Fue medio desganada. Es feminista, pero no “come vidrio”.

Le resultó un bruto. La apuró con que no quería perder el tiempo. Enseguida quiso “ir a los bifes”. Ni un minuto de romance. Y si no hay romance... (Pone cara de extasiado).

¡Lógico!.(Levantando los hombros y moviendo la cabeza en señal de asentimiento) Ella se resistió, (se mimetiza a una mujer defendiéndose, queriendo poner distancia, agarrándose las ropas como si se las quisieran sacar, espantando con su mano una mano fantaseada sobre una teta imaginaria) que así no, que así no le gustaba (Lo dice simulando voz de dama ofendida). La bestia insistió, y ella lo empezó a acusar de “acoso sexual”, de que la trataba como a un objeto. (Se sigue mimetizando con la mujer hablando casi en puntitas de pie con cara de ofendida mientras insiste en sacarse de una teta imaginaria, la mano supuesta del agresor) ¡Peor, estaba loco, se excitó con la resistencia, y quiso apurar!. (Ahora se mimetiza al hombre, pone cara de libidinoso y hace como si la agarrara del cuello y quisiera atraerla a su boca para besarla) Ella lo empujó, entraron a forcejear hasta que la trató de frígida. Esa, (con gesto seguro de: es lógico) Susana no se la perdonó. Medio desnuda como estaba, agarró un cepillo de piso y le entró a dar por todos lados (Hace la mímesis). Él trataba de cubrirse con los brazos, desesperado. Mientras, ella lo empujaba hacia la puerta del departamento. “Palma Peluda” (así lo llaman los muchachos) impotente, manoteaba tratando de agarrar el saco, la corbata, y otras prendas que se había sacado (sigue con la mímesis). No hubo caso. Susana furiosa, pegaba, pegaba y empujaba. Así que a las 2 de la madrugada se lo vio correr medio loco, sin medias, ni saco, con un zapato menos y la corbata colgándole del bolsillo, por Arenales y Salguero acomodándose el bulto de la bragueta.  Terminó como siempre. En el baño, “manuela” en exclusividad. ¿Se dán cuenta de por qué, algunos lo llaman “Palma Peluda”y otros “Garúa”?. Jode, jode, pero no moja.

 
Mientras, “Palma Peluda –Garúa·, ha ido saliendo de la ducha. Pepe   corre presto a meterse en ella antes que algún otro, se la birle. “Mano...” se le cruza y lo saluda efusiva y solemnemente, lo que resulta ridículo en virtud del apuro de Pepe, de su evidente animadversión y de que ambos están casi desnudos. Pepe, lo más cortésmente que la situación permite se lo saca de encima y se zambulle bajo la ducha. “Mano” entra en diálogo con el público, mientras prolija, despaciosamente, y con exagerados cuidados porque no se le vean las partes pudendas, se seca, y comienza a ponerse la ropa sentado en un banco largo de vestuario.

 Mano -¡Que bolu....! Seguro que los verseó. ¡Lo mata la envidia!. Como no calza esta pinta que Dios me dio..., ni mi parla (cejas levantadas, cara de canchero, manos y dedos concordantes con desprecio, gesto de vendedor de diarios –mano de costado sobre el costado de la boca, cabeza ligeramente ladeada y mirando a la primera fila desde arriba, como sobrando a Pepe) Es un perdedor... siempre pierde. Claro, la  juega de bueno. Él nunca aprieta, no vaya a ser que las mujeres piensen mal de él. (Con cara de no poder creer) ¡Que boludo...!. Muchas  creen que es trolo. (Con la convicción del que “se las sabe todas”) Pero no, no lo es. Le conozco hasta el color de los calzones. Tantos años viniendo acá... Le juno cada historia... Todas parecidas. ¿Les bato una?.

Acá viene Moria. ¡Más corrida que el Pellegrini! Divorciada, sin interés en volver a encanastarse. Le bate a quien la quiera oír, que los únicos que le interesan son los  “cama afuera”.

Así las cosas, a este gil de cuarta se le ocurrió hacerle el verso. La invitó a salir. Ella que no deja escapar ninguna, agarró. Habrán visto, es feucho, pero con ese curro de que “el hombre es como el oso, mientras más feo más hermoso”, de vez en cuando roba. Lo que vino después, me lo contó él mismo.

La llevó al cine, le garpó la entrada, la invitó a cenar a un restaurante bacán. Charlaron  horas, hasta que notó que ella se ponía incómoda. Entonces... la llevó... (Pone cara, hombros y manos de asombro) a la casa... de ella. La “nainfa” lo invitó a subir. El dolubo dijo que no. No quería que Moria, supusiera que la había invitado por algún otro interés que conversar. Bueno, conversar, lo que se dice conversar, no fue. (Gesto de cabeza levantada y haciendo guitarreada con los dedos de la mano sobre la boca en señal de pura cháchara) Se pasó horas hablando solo, contándole historias de sus nobles ideales y su juventud heroica. Cuando se negó a subir le pareció verle un gesto (gesto con  boca de cara de culo) de disgusto. Pero no cazó por donde venía, así que le dio la mano (ni un sobe el muy bolú) y rajó a dormir solari.

Solo, pero aterrado. En una pesadilla, una mina parecida a la  Moria Casan, de enorme tamaño, lo tomaba en su mano derecha (la mano era tan grande que todo él cabía en ella), y por una boca enorme se lo engullía. Ahí se despertó, cagado de angustia y todo sudado. 

Pero no aflojó, esperó prolijamente al otro fin de semana y la volvió a invitar. Ella supuso que se habría avivado. Le dijo que sí. Historia parecida. (Gesto con cabeza, brazo, mano y dedos, de repetición de la serie) Cine, cena, auto, casa, invitación a subir. Esta vez le aceptó. No quería que pensara que le despreciaba la casa. Así que subieron. Ella prendió  una luz tenue en el living, puso la música de Nueve semanas y media, le convidó un trago y se fue a “poner más cómoda”. Él se inquietó, sin saber por qué. Un ligero temblor lo invadió (hace gesto de encogimiento) y un poco de angustia parecida a la del sueño, se le metió en el pecho. Ella volvió envuelta en una bata de cama (hace un mohín femenino de seducción al público), se sentó enfrente de él, cruzó las piernas,  la bata quedó abierta, él vio que no tenía  bombacha. No supo porque, pero le agarró por hablar sin parar. Nuevamente, de su juventud, e  ideales en desuso.

Después que ella tras varios bostezos, se quedó dormida, paró. Se paró, y cuidando el silencio, en puntas de pie (hace gesto tipo Pantera Rosa), fue hacia la puerta, la abrió suavemente, salió, y con el mismo cuidado la cerró y se fue a la calle. (Con desprecio)¡Bah, eso creyó! Cuando llegó a la cancel del edificio, la encontró  con llave. Las dos de la mañana. Se quedó bajo la escalera hasta las siete. A esa hora unos pendejos volvían de una joda. Les dio lástima.... lo dejaron salir después de muchas explicaciones, en las que, caballerescamente silencioso, cuidó el “buen nombre y honor” de Moria (gesto con las manos de que es un gran bolas).

La cosa fue el fin de semana siguiente. A la salida del club la encontró  y la invitó a salir.  Moria lo miró con odio y asco, le sacudió un bife, pegó los tacos, dio media vuelta y se fue. Mientras, el muy boludo, se quedó sin entender nada. (Se muerde los labios y menea la cabeza en señal de incomprensión y desprecio).

 Mientras “Palma Peluda” hablaba, entró un tercer personaje que lo saludó confianzudamente. Hombre de “la tercera edad”, conserva sin embargo cierta prestancia, que se hace evidente, se esfuerza en no perder. Prolijamente vestido con traje, chaleco, camisa, y corbata. Caros, pero bizarramente combinados en lo que hace a colores y dibujos, se sentó en la otra punta de banco y despaciosa, prolijamente, comenzó a desvestirse, mientras Garúa, avanza hasta terminar su monólogo. Cuando se va, el nuevo personaje, que ha ido escuchando, está con camisa, corbata, chaleco, calzoncillos box, medias con ligas  y zapatos (sin pantalones), un poco despeinado. Habla desde esa imagen.

Goyo (Saca pecho, se balancea para un lado y para el otro en cuartos de giro. Los brazos le penden acompañando los giros. En uno lleva una toalla rosa. Pone ojos de pícaro Es un rostro de hombre mayor, pero con ínfulas de joven. Lo que ha dado en llamarse un pendeviejo) -.¿Les contó lo de Pepe?. Y seguro que  Pepe les contó lo de Garúa. ¡Flor de nabos! Claro, les faltan años. ¡No como a papá! (Asustado) ¡No les digo que me sobran!, pero ya tengo unos cuantos. Y mientras más tengo, mejor me va. (Mira para todos lados y se pone de costado para hablarle al público. Les va a compartir un secreto).Una señora que tiene una agencia para conseguirles hombres apetecibles a mujeres casadas disconformes, me buscó  para  su catálogo. (Con cara de triunfador, de “guacho men”) Y ahí estoy yo... No  es por guita, no. Soy cirujano plástico, así que se imaginan, con lo que gano haciéndoles estéticas a famosos no es mosca lo que me falta. Lo que pasa es que me gustan las mujeres. No dejo pasar una. Y no se vayan a creer que son gordas viejas las que buscan los servicios de esta... señora. Nada de eso, todas pendejas. Aburridas de  maridos también pendejos (Se hincha como un sapo) no tienen la experiencia de uno. No saben hacerlas gozar. En general son de guita. Claro, si no, no tendrían con que pagarle a la señora... ah... sí porque las que pagan son ellas. Yo, no toco un mango. Le doy una mano a la vieja, nada más que por placer. Encima, me consigue unos departamentos bárbaros, donde por algunos pesos, disponemos de un turno Que pago yo. Me da no sé que hacerlas pagar a ellas. Ya le pagan a la Celestina para que me consiga a mí.(Pone cara de importante y el cuerpo y las piernas se inclinan como si fuera a iniciar una marcha)¡ Así que allí voy, con voluntad de servicio! ¡Y me acuesto con cada una! (Mira al cielo como agradeciéndole a Dios, mientras se muerde y relame los labios) La última... ¡papito... que belleza!... la citaba en la Biela porque me encantaba ver como se daba vuelta la gente cuando la llevaba en mi brazo. (Cambia el gesto y le aparece cara de preocupación) Claro, los años no vienen solos y a veces la pongo tanto, que termino teniendo alguna dificultad. (Gesto con los dedos de que no se le para) ¡Pero ahora apareció el bendito Viagra! (Con cara de triunfo) ¡Ahora sí que estoy como quiero, no me pierdo ninguna!.  (Con cara seria, de alguien que cuenta algo certificadamente serio) La de la Biela... está muy enamorada de mí. (Con cara de enamorado) ¡Y que linda que es!

(Gestos de que va a relatar una historia seria y complicada) ¡Pobrecita!... Primero me contó que tenía de marido a un estanciero del sur, tan metejoneado con ella, que a pesar de que se habían  divorciado, la seguía teniendo en su casa con el hijito, viviendo como una bacana. Cosa que se notaba en las pilchas que llevaba. Pero un día, con lágrimas en los ojos me contó la verdad que no me había contado porque le daba vergüenza.... (Pone cara de lástima por las tribulaciones de su amada) No era estanciero, era mecánico de tractores. (Recupera cara de importancia y dice con seguridad). Eso sí, de altísimo nivel. Por eso viajaba frecuentemente dejándola sola. Cuando volvía, le agarraban grandes ataques de celos y la cagaba a gritos delante del mocoso. (Con cara de decir lo obvio, lo sobrentendido) Tenía que independizarse, irse a vivir sola con el chico. Pero... ¿Cómo hacer? No tenía un trabajo  que se lo permitiera. Así que se le ocurrió una excelente idea, que como tengo buen corazón le estimulé. (Pone cara de bueno) Tiene un amigo que es dueño de un importante negocio  en barrio norte. Con la recesión de los 90 entró en dificultades y  le propuso a mi ángel asociarse. Unos pocos pesos y ella tendría su ansiada libertad. Como soy de buen corazón le di una mano. Puse unos mangos y mi firma como aval  para una serie de compromisos con los proveedores. Todo andaba cada vez mejor. El negocio no. Tiempos cada vez peores 2001, etc. (Con cara de preocupación) Así que agregué  refuerzos. Todo iba viento en popa, hasta que le conté al Cholo. Amigo de ley si los hay. Me dijo ¡estás loco!. ¡Te está currando!. ¿Como te comiste ese garrón?. Que marido, ni que marido, es un fiolo, y vos...  (Con cara de vergüenza) el candidato... ¿Cuánto pusiste, cuánto? La verdad, no me animé a decirle, le mentí. Igual se escandalizó. ¡¿Cuáan...to!?! Te está vaciando. No me animé a decirle cuanto. Tampoco creo que me animaré a decirle a ustedes, a menos que adivinen. ¿Adivinan? (Juega a que el público adivine). Confiesa –70 lucas, sí... 70. Sí... un buen departamento. ¡Ayy...! (Con cara de dolor precordial. Se lleva la mano al pecho). Tuve dos problemas. ¿Adivinan cuales?. (Vuelve al juego con el público) Finalmente relata. –Soy de corazón blando. (Hace con los dedos el gesto) Cuatro by pass, Viagra y paranoia casi me mandan del otro lado.

Y lo peor... la abandoné...  ya no le podía tener la confianza de antes. Aunque les diré... no creo que me haya querido cagar...  más bien pienso que se enredó en malos negocios... una pena... si me hubiera pedido asesoramiento...

 Bueno,... pero eso ya pasó. Y aquí estoy,... nuevamente al servicio  de esposas insatisfechas... Es más, (Con cara de “¡piola!” otra vez gestos de compartir un secreto valioso) no se lo digan a nadie... pero hay una criatura, que se ha enamorado perdidamente de este “ciruja plástico”, y a mí, a mí... me está pasando algo. No... no... no me quiero enganchar otra vez. Lo que pasa es... que esta... esta...  seguro que va en serio... ¡Tendrían que verle la cara de enamorada! En este último párrafo se estaba sacando los zapatos, se enreda, da un par de traspiés y cae ridículamente.

 
 

sábado, 11 de abril de 2015

La Jaula


                            La jaula


El grueso de la acción transcurre en Buenos Aires, en los alrededores de 1967.


Obra en 3 actos.


Personajes: Ofelia

                   JF

                   Romero

                   Polo

                   María

                   Julián

                   Ministro

                   Periodista 1

                   Periodista 2

                   Juliana

                   Locutor de noticiero de TV

                   Abel

                   Sargento 1ºBermudez

                   Capitán Gandolfo

                    Cabo 1º Hernandez

                    Conductor de noticiero de TV

                    Virginia

                    José

                    Loco 1

                    Loco 2

                    Loca

                    Sombra femenina 1

                    Sombra femenina 2

El escenario será  organizado en tres zonas. Lo describiré desde la mirada  del espectador.

En  el ángulo posterior izquierdo a pende  una gran pantalla  para proyectar  DVD. En el posterior derecho b en una tarima  elevada, grande, circular, se desarrollarán las escenas que impliquen a la "cárcel del pueblo", la casa de Ofelia, la casa de los padres  de Gabriel, el refugio guerrillero en el que será ejecutado Gabriel. En un  rectángulo  al  frente y a  la  izquierda  c, transcurrirán  las escenas que impliquen al comando guerrillero,  a la familia de la secuestrada,   y al destacamento de las fuerzas combinadas.  Cada área  en  el orden que las describí las nombraré como  a,  b,  c. Habrá    escenas  en  que  se  utilizará  el  escenario   íntegro, acondicionado convenientemente, por  decorados y juegos de luces y sombras.

Pueden  ser representados varios personajes por un mismo actor  o actriz. De  ocurrir  así,  considero  conveniente  que  cada   uno personifique  a  los que resultan  simétrica  y  equivalentemente opuestos.

          

                                                        Acto I


Escenario a oscuras, se va iluminando despaciosamente b. Una mujer delgada,  menuda, de edad indefinible, con un maquillaje  blanco-muerte,  ojos escasos, mirada mortecina,   cabello  entrecano. Sobre  el centro de la tarima cuelga una hermosa pajarera con  un sólo  y  gran pájaro que ante las maniobras de  la  mujer  aletea asustado.

Despaciosa  y ritualizadamente, ella retira el alpiste,  lo  limpia soplándolo, agrega  más con una bolsita, abre  la  puertita, mete  su  mano, saca el recipiente del agua,  lo  vuelca,  agrega líquido  de  una jarra, abre la puerta nuevamente,  introduce  el recipiente,  cierra la puerta, saca la chapa que hace de  piso  y con  una  espátula  la limpia para  luego  meterla  nuevamente. En fragmentos de esta maniobra tiene la impresión de haber errado un paso,  lo  que es grave, pues toda la labor tiene  que  seguir  un orden preciso e incorregible. Invadida por la sensación de haberse equivocado tiene que recomenzar nuevamente todo. Esta acción se va repitiendo   en  un  silencio  sepulcral  hasta  que   se   torne insoportable para la actriz y el público. En ese punto la luz, que con  intensidad  media, había estado exclusivamente sobre los  dos personajes -la mujer y el pájaro-, se apaga.


Se  enciende abruptamente la pantalla de video en la que  se proyectan  con  fuerte sonido y vertiginosamente,  fragmentos  de noticiosos (en blanco y negro) en los que la policía apalea a una manifestación. En  otra, un cortejo fúnebre lleva el ataúd  de  un manifestante  muerto. En una tercera es mostrada una fiesta en  un club “exclusivo” con concurrencia    sonriente,    elegante, acelerada  y sobreactuada. Música de fondo "Another Brick  In  The Wall  (Part.II)  de  Pink  Floyd  The  Wall,  in  crescendo.   La proyección  y la música cesan  bruscamente. Escenario  a  oscuras durante unos 30 segundos.


Se enciende la luz en b. Tirado de cara al suelo está, con cara  y postura de terror, Abel, representado por la actriz que  luego representará   a  Juliana. En esta escena estará caracterizada como  adolescente  de  sexo masculino.  El  sargento primero Bermúdez le apunta a  la  cabeza mientras el Capitán Gandolfo y el Cabo 1° Hernandez, buscan  afanosamente algo o alguien,  golpean con los nudillos las paredes buscando sonido a hueco, dan vuelta  el  recinto:  almohadones, libros, diarios,  muebles. Todos vestidos sin uniforme,  de civil.

El  capitán,  se vuelve con cara de hartazgo y  odio  hacia  el cabo. Habla con  voz y modulación militar que se mantendrá  en  todas  sus participaciones.

CG: -Córtela  Hernandez,  se  acabó. Acá  no está.

El  cabo  asiente  con la cabeza y  deja  de  buscar. Mientras,  el capitán  se  dirige  al sargento con voz firme:

-Bermudez, boletéalo. Que sirva de escarmiento.

Sin inmutarse, como un autómata, el sargento dispara. Abel hace una convulsión por el impacto en la cabeza, expira y se afloja, murió. El cabo contrae la cara en gesto de sorpresa y dolor.

El  capitán  hace ademán de retirada, y secamente dice:

CG: -Hernandez, cárguelo y nos vamos.

Se  retiran  llevándose cargado sobre los  hombros  de Hernandez al cadáver, con los brazos colgando por detrás de la espalda  de éste. Las luces se apagan lenta y progresivamente.


Lentamente, un cono de luz mortecina, como de garito, ilumina  la escena en c. Mesa de comedor   ("look" de los 60). Están  sentados el jefe (Jf),  Romero y Polo. De fondo se escucha con una potencia que  no tape los parlamentos, pero que resulte claramente  audible para  los  espectadores,  el ulular de sirenas  policiales  y  de ambulancias.  Están  sentados  alrededor  de  la  mesa  en   pose circunspecta,  preocupada,  Romero  y Jf.  Polo  en   actitud  de atender  servilmente los aspectos domésticos de la reunión  y  la seguridad de la misma, lleva a ojos vista una pistola en una sobaquera  . No  interviene  en  los diálogos, a la  vez  que  atiende solícitamente su función. Sirve café, trae facturas,  seca  café volcado,  mira  por  la ventana, lava los pocillos  en  un  simil kitchinette, etc., con un sinfín de movimientos disonantes por  lo rutinarios, con el monólogo desarrollado por Jf. Se evidencia que le  resulta   una escena,  repetida muchas veces en el  día. Mientras  Jf despliega   su  discurso,  Romero  lo  mira  a  los  ojos,   como hipnotizado.

Jf (habla ansiosa y exaltadamente): -Lo tenían inmovilizado,  atado con  las manos y los tobillos en la espalda y la soga pasada   alrededor del cuello, acostado de cara al piso. Yo veía todo desde el "embute". A pesar de que dieron vuelta la  casa no  me habían encontrado. En eso, el oficial al mando, le dice  al sargento  que  lo  tenía  a  Gabriel  apuntándole  a  la  cabeza, -boleteálo- y el sargento, sin decir agua va, disparó. Te imaginás, a esa distancia y con una 45, le reventó el mate. No lo podía creer, sentí que  me estallaba el bocho, vi  todo negro, sentí como  un silbido y que caía en un pozo interminable, mientras  se me  retorcía  el  estómago y me empapaba un  sudor  frío.  Cuando recuperé  el  conocimiento, ya no había nadie. Al cadáver,  se  lo habían  llevado. En  el suelo, donde supongo que  rebotó  la  bala quedó una gran mancha de sangre con pedacitos de sesos pegados al piso  astillado.  Evidentemente le atravesó "la cabeza de  lado  a lado  (párrafo  dicho rápidamente,  sin  respirar, el  siguiente, solemne) Bueno, se hace evidente que se acabó la joda, lo que  se viene es a muerte. Esto fue una advertencia, se ve que les dio  en las pelotas que levantáramos al embajador.

(Mientras Jf. habla, Romero se revuelve incómodo y nervioso en su lugar  mientras pita ansiosamente su cigarrillo. Polo, a pesar  de su  mecanización, hace  rictus  de "touché"  en  los  puntos  más siniestros del discurso de Jf) Se apagan las luces secamente.


Se  enciende la pantalla en a. Con "look" televisión en blanco y  negro década 60/70, un conductor de noticiero usando voz y gesto serio, informa:

-...Alertados  por  los  vecinos  que  habían  escuchado   ruidos extraños  y  un  disparo,  las  fuerzas  combinadas  se  hicieron presentes en el lugar, encontrando el departamento  absolutamente revuelto  como  si los asesinos hubieran buscado  algo  antes  de retirarse  del  mismo.  Esa evidencia, y el hecho  de  que  según rastros,  un  delincuente  terrorista  subversivo  fue   rematado amarrado  de la misma manera con  la que habitualmente  lo  hacen los  delincuentes terroristas subversivos, hizo pensar a  fuentes confiables, que se estaría ante el desenlace de un pleito interno de  la organización de delincuentes terroristas  subversivos. La que sería  la  razón de la desaparición del cuerpo  del  occiso, cuya sustracción  estaría  destinada  a borrar  huellas  que  pudieran servir para esclarecer los hechos.(Se apaga la pantalla)


Se  encienden  las  luces  en b donde  se  asiste  a  una  escena desgarradora. Virginia, madre de Gabriel,  deshecha en llanto está  sentada  en  un  sillón viejo, reclinada en brazos  de  José,  su marido que la acaricia tiernamente mientras le habla  conteniendo el llanto:


José: -Convencéte. Desgraciadamente es así. Vino a contármelo uno de  sus compañeros, el más alto, ¿te acordás? Me esperó en la parada  del colectivo que tomo en Morón cuando bajo del tren. Estaba asustado, como  apurado, miraba para todos lados. Me dijo que el  responsable presenció  todo  sin  poder hacer nada. Que por  la  posición  del cuerpo  y como pendía cuando se lo llevaron, es seguro que  murió en el acto...

Virginia: (desesperada) -no, no... No puede  ser... pobrecito... ¿por… qué...? -¿por qué?...

J: (En  otra  sintonía. Explicativo) -No  hay  por qué,  son  unos criminales...es historia antigua...

V: (A  ella no le importa la explicación, ella lo que  quiere,  es reparar  lo  irreparable)  -Hay que hacer  algo...esto  no  puede quedar así, tenemos que encontrarlo...

J: (Sigue concreto, práctico. No como ella, que quiere creer en sus  propios deseos)  -ya recorrí comisarías y hospitales, fui  al  ministerio del interior y en todos lados dicen que no saben nada...

V: (Incrédula  ante lo ilógico) -Como no van a saber,  si  fueron ellos...

J: (Rendido ante lo inmodificable) –Bueno, pero eso, te dicen lo que  te dicen...

V: (Subiendo de tono) -¡¿Y te vas a quedar con lo que dicen!?

J: (Tratando de calmarla) -¿Y qué otra cosa puedo  hacer?... en  el ministerio  me  dijeron además, que no haga  escándalos. Que  hay grupos que están fuera de control y nos pueden dañar...

V: (A esta altura enfurecida) -¡Como si no nos hubieran dañado! ¿No te das cuenta que han hecho desaparecer a nuestro hijo?

J: (poniéndose más duro) -Pará Virginia, pará. Por más que  grites no lo vas a resucitar...

V: (Revolviéndose como una tigresa herida) -¡¿Y qué, ni derecho  a gritar  me  vas a dejar...!? Justo vos me lo decís,  que  por  tu culpa Gaby, se metió en eso...

J: -¡¿En eso que!? Estás loca Virginia, ¿qué te pasa?  En eso  qué... (Duda  un  momento) ¿A qué te referís? (Dolido) ¿A que  siempre  me quejé de las injusticias? ¿A que estuve en la resistencia  después del 55?

V: -(Agresiva) ¡Hubieras ido vos, en vez de dejarlo ir a él!

J: (Sorprendido) -¡Dejarlo ir...! ¿Adonde?

V: -Vos bien sabés... a meterse en lo que se metió. Si esas eran tus ideas,  ¿por  qué no te jugaste vos? ¿Por qué tuvo  que  ser  el chico? Mirá  lo que pasó...

J: -Pero... y... quien... ¿Quién te dijo que yo lo  mandé?  Cuantas veces  se  lo discutí. Le dije que iban al muere, que  no  era  lo mismo, pero no me hizo caso...

V: (Serenándose  y con firmeza) -Bueno... está   bien,  está   bien paremos.   Pero...  voy  a  gritar  donde  y  todo  lo  que   sea necesario. ¿No te das cuenta que es lo único que nos queda?  ¿¡Como sabés que está  muerto, porque te lo dijo un chico como él, muerto de miedo!? ¿Acaso vistes el cadáver? Sabé que no voy a parar hasta que  esto se aclare. Vos si querés quedáte, pero a mi me lo van  a devolver...

(Mientras las luces se apagan despaciosamente, al mismo compás se escucha -no se las ve- a un coro de mujeres que se aleja gritando sufridamente,  no demasiado alto, pero obstinadamente  -aparición con  vida,  aparición  con  vida,  con  vida  los llevaron, con vida los queremos…

(Breve intervalo)


                                                                  II Acto


Se encienden luces a todo brillo en c. La acción transcurre en  un coqueto  living. Suena  un teléfono. María con desesperación  va  a agarrarlo pero le gana de mano Julián (personaje vestido de época,  elegantemente)  toma  el tubo con el odio  reflejado  en  la cara. Con   características   telefónicas  se  escucha   en   off, imperativa la voz de Jf. De la misma manera que en el episodio 2, ululan  sirenas  policiales y de ambulancias, como saliendo del auricular  del teléfono.  En consecuencia, se interrumpen cuando se corta  la llamada telefónica. Escena de alta intensidad dramática)

Jf: -¡Se acaban los tiempos! ¡O pagan o no la ven más!

Julián: -¡Hijos de puta, no saben con quien se metieron! No van a ver un peso...

Jf:-Miserable, entonces  no vas a ver más a tu hija...

(Mientras,  el  rostro de María, señora de  unos  cuarenta  y tantos años, elegantemente  vestida  de calle, se ha ido descomponiendo  y  le disputa el teléfono al marido hasta que se lo arranca)

M: -(desesperada) -¡Por favor! esperen, no le hagan daño, yo lo voy  a convencer...

Jf: -(advierte  que se encuentra con una interlocutora  en  otra posición ,  cambia  también  de  tono  y   explicativamente,  casi suplicante  dice)  Se acaban los tiempos señora, hace  mucho  que estamos  en esto, ya se torna muy peligroso para  nosotros,  haga algo o vamos a tener que terminar...

M: -¡No! ¡No!... ¡No…!

(Se  escucha el clack del corte telefónico proveniente  del  otro lado)

M: -¡Estás loco!...la van a matar...es tu hija...

Jan: (Despreciativamente  desconfiado) -Mi hija, mi hija... ¡flor  de loca!... eso  le pasa por andar con esos piojosos  estudiantes  de filosofía.  Mirá  María, una Berdiales Jerez...(en pose y tono  de arenga patriótica) si el abuelo se levantara de su tumba...  echó al indio de la Patagonia... para que esta mocosa se revuelque con los  que  nos quieren quitar las tierras, para  dárselas  a  esos negros de mierda...

M: -Estás loco Julián...es tu hija...

Jan: (Más desconfiado aún. Con una desconfianza odiante que lo salva de  la angustia)  -Mi  hija, mi hija, que se yo si es mi hija. Ya  te  lo dije muchas veces, buena loca eras vos...

M: - (Espantadamente  sorprendida)  -¿Qué estás  insinuando?  ¿Qué  te pasa?  ¿No hay nada más importante para vos qué tu dinero? ¿¡Qué  estás queriendo decir?!

Jan: (Enroscadamente   resentido)   -Mi   dinero...mi    dinero... justamente...por  él  te  casaste conmigo. Ni  aún  hoy  sé,  si dejaste  de  acostarte  con ese maestrito  imbécil  con  el  que andabas. ¿Qué se yo, si ella es mi hija, o la hija de ese ganso? Ahora te querés hacer la desprendida. Es fácil ser desprendida  con el dinero de otro...Pero sabélo bien, (vuelve al tono de  arenga) para  mi  no  es  una cuestión de  dinero,  es  una  cuestión  de principios, un Berdiales Jerez no se rinde ante una colección  de estudiantitos y de negros motosos.

(Se  apaga  la luz mientras se escucha un  grito  desgarrador  de María)

M: -¡Juliaaaann...!


En la pantalla, aparece un noticioso de televisión, estilo período 60/70, antes de la televisión color. Un enjambre de periodistas rodea  al ministro del interior de turno. Lo interrogan ansiosamente.

Periodista 1: -¿Señor ministro, que novedades hay en el caso de la chica Berdiales?

Ministro: (con   voz  afectada  y  acentuación  aristocrática)   -Berdiales  Jerez,  querrá   decir. Tenemos  pistas  seguras  y   en cualquier momento se va a aclarar el caso...

Periodista  2: -Pero  señor ministro, los tiempos  corren  y  la pueden matar...

Mtro: (En tono de arenga educativa) -Mire señor, una vida es  muy importante, pero acá  hay algo superior, está  en juego el  destino de  la Patria. Si se cede, los delincuentes  subversivos  exigirán cada  vez  más  y entonces ya no será  una vida,  será   la  Patria misma la que estará  en peligro...

(La  pantalla  se apaga mientras las voces arremolinadas  de  los periodistas  exigiendo  explicaciones, se van  distanciando  hasta apagarse también)


Después  de unos 30 segundos, se ilumina mortecinamente  b. Ofelia sigue  con  su  labor  ritualizada.  Mientras  está   metiendo  el recipiente  del agua, se escucha a su voz, que  ella acompaña con gestos. Sus pensamientos se escuchan desde su voz en off:

Ofelia: -Oh! me parece que rocé el borde. ¿O no? Me parece que  sí, por  si acaso, tengo que empezar otra vez. Los bordes, son lo más peligroso...  (Deja  el  recipiente  en  la  jaula  y  retoma  el  de   alpiste reiniciando  toda  la maniobra. Se silencia la voz  y  durante  un minuto más o menos continúan obsesiva y tediosamente los rituales mientras suena la marcha fúnebre de Beethoven que muy  suavemente había comenzado un crescendo al inicio de la escena) Las luces se apagan, la marcha sigue sonando un cierto tiempo, sin ir más allá  de un volumen medio.


Se enciende nuevamente la luz en b. La acción transcurre en una de las  llamadas (en  esa época) cárceles del  pueblo. Dentro  de  su perímetro   está    recostada  de  costado,   sobre   almohadones, Juliana. Tiene atadas las manos y los tobillos por detrás  con una misma   cuerda   que   pasa  además  alrededor   de   su   cuello imposibilitándole cualquier movimiento, ya que de hacerlo tensaría la  misma  alrededor de la garganta. Está atada igual a Gabriel en la 1ª escena. (A pesar de la  situación  y dentro de los límites de la misma, Juliana tiene gestos  frescos, gráciles,  como si supusiera que la situación en que se halla  es salvable. Es  alguien acostumbrada a ser hija de un hombre con poder económico, y  por  lo tanto,  con la idea de ser intocable. Romero,  encapuchado,  le está   dando de comer en la boca. Sobre un almohadón  una  pistola indica  el  alerta. Con  las características  antes  indicadas,  se escucha lejano, el rumor de sirenas.


Juliana: (manifestando dolor, pide seductoramente) -Dale, soltáme las  manos...ya hace muchos días que me tienen así, se  me  están llagando  las muñecas, me duele la espalda. Soltarme una  vez  por día para desentumecerme,  es  muy  poco. Total,  ¿qué  puedo  hacer? ¿Adónde  querés  que  vaya?  Además,  ustedes  son  varios... están armados,  soy  mujer... ¿Qué puedo hacer? No viste  que  cuando  me aflojan  apenas si puedo caminar...dáale, aunque sea soltáme  las manos.

Romero: (secamente, pero no sin algo de vacilación)  -Calláte  y comé.

Jna. (Entre  incrédula y seductora) -¿Por qué sos tan malo? ¿Qué  te hice? ¿No ves que se me lastiman las muñecas? ¿Cómo querés que coma así? (a la vez toma un bocado y mastica) Me cae mal...

Romero  insiste con la cuchara. Ella voltea el rostro en un  mohín de  disgusto. Pierde  el equilibrio y  cae. Romero, presto, deja el plato, la cuchara y la levanta, reacomodándola cuidadosamente. A pesar que  ella se resiste sin  violencia  y  diciendo seductora y  casi infantilmente:

Jna  -No,  no,  no  (Sacudiendo  la  cabeza en signo de negación)

Romero  desconcertado, la toma firmemente de los hombros y en  un gesto seco, duro, a la vez que cuidadoso, la intíma.

Rro. -¡Quedáte quieta, querés! Tenés que comer. ¿Qué vas a  ganar  no comiendo?

Jna. (Con  un mohín que indica susto y dolor, pero sin dejar  de  resultar caprichoso y seductor) -Que me desates... 

(Romero  hace un movimiento de hombros como diciendo: "esta  mina es  imposible"  Deja el plato y la cuchara  -único  cubierto-  le afloja las cuerdas y se las desenlaza del cuello a la vez que  la ayuda a incorporarse, sentándola pero sin soltarle las  ligaduras de  los tobillos, aunque sí, soltándole las de las muñecas.  Luego recomienza  a  alimentarla.  Ella, fresca,  agradecida, sorpresivamente,  lo  besa. Para hacerlo, se impulsa apoyando sus manos  por detrás,  en  el suelo. Él, sorprendido le presupuso al  gesto  una amenaza  y salta hacia atrás. En el salto la empuja con  el  codo del  brazo que sostenía el plato. Ella se golpea y grita, más  que por dolor por susto, rompiendo a llorar.

Jna: (Llorando) -¡Que bruto, que bruto!...

(Romero  desesperado,  dolido en el alma, suelta el  plato,  la cuchara, y presuroso la toma entre sus brazos, la reincorpora,  le levanta la cara, le pregunta con ternura)

Rro: -¿Te hiciste daño?

Jna: (enojada   a  la  vez  que   sorprendida  por  el   repentino ablandamiento  de  su carcelero, le dice con tono tierno, mimoso)  -Sos  un bruto...

Rro:  (Disculpándose, a la vez que retándola) -¡¿Sos loca, como haces eso?! ¿¡Te querés ligar un balazo?!

Jna: -¡¿Un balazo...!? ¿¡Por un beso?

Rro: -Que beso, ni que beso. ¿Y si te querías escapar?

Jna: (Enojada)  -Es... capar... pero vos estás obsesionado... ¿Cómo?  ¿Me querés decir cómo?

Rro: (Ablandándose  nuevamente)  -Disculpáme. Lo que pasa  es  que esto se extiende demasiado y estamos todos cada vez más tensos.

Jna: (entre ingenua y lógica) -¿Y porque no me sueltan?

Rro: (La  mira  sorprendido,  como  quien  se  encuentra  con   un marciano) -Como te vamos a soltar. Ya te conté el otro día que  tu viejo no quiere pagar el rescate.

Jna: (Segura,  a  la vez que asustada por eso mismo) -Yo  ya  te dije  que no le van a sacar un peso. Es un miserable, y además  no me quiere, ni nunca me quiso. Antes de soltar un mango por mí,  va a  preferir que hagan lo que quieran conmigo. Para él siempre  fui una  carga y una oveja negra por izquierdista. A él lo único que le importa  es  su dinero y mi vieja. Yo soy un estorbo para él...

Rro: (La mira incrédulo) -Vos estás loca, sos la hija. ¿Cómo no va a pagar?

Jna: (Bruscamente entristecida, apagada) -Si de él dependo, si  no cuento con la clemencia de ustedes, soy mujer muerta...

Rro: (como  un  resorte)  -No, eso no, yo  no  lo  permitiría  (se sorprende de lo que dijo y quiere arreglarlo) -Sabés que pasa, la policía  te  está  buscando por todos lados, y  si  te  encuentran, podemos ser boleta vos y todos nosotros...

Jna: -Yo... ¿Por qué? ¿Que hice?

Rro:  -¡Ah...sí! No  te das cuenta que si nos  encuentran  sos  la última posibilidad de que salgamos vivos y libres...

Jna: -¿Cómo, por qué?

Rro: -Si te llevamos entre nosotros, no van a tirar por temor a matarte a vos…

Jna: -¿Y si disparan igual?

Rro: -Y... una bala, te puede dar. Y te pueden matar, tanto como a nosotros...

Jna: -¿Entonces?


Rro: -Que si disparan igual...

Jna: -También muero yo. Pero, pero... ¿Por qué? ¿Qué culpa tengo yo?

(La tensión y la angustia han ido creciendo en ambos)

Rro: -(desconcertado) ¿Cuulpa...? No, no es eso...Lo que  pasa  es que si nos encuentran, sos nuestro único escudo...

Jna: (Horrorizada) -¿Me usarías de escudo para salvar tu vida?

Rro: (Sorprendido de sí mismo por lo que ella le hace  notar  que dijo, busca recomponerse. Casi ofendido) -No es mi vida, se  trata de la revolución...

(Romero, que hasta ese momento la tuvo en sus brazos tratando  de calmarla, la deja suavemente, incorporada, semi sentada apoyada en sus propias manos. Trata de rearmarse con un discurso  ideológico, de arenga, más dirigido a si mismo que a ella. Habla  lentamente, en  pose de  "bajada de línea", señalándola con el  dedo  índice, mientras camina por el lugar)

: -Hoy, como ayer, los hijos de esta tierra siguen muriendo bajo  el yugo explotador de las clases dominantes. Pero esta vez, surgió la fuerza que va a terminar para siempre con semejante  iniquidad. La Revolución, exige  sacrificios,  y a eso  estamos  dispuestos.  Tu bisabuelo,    masacró a la indiada en el sur para  apropiarse  de sus  tierras  y luego tu abuelo participó tirándole a los obreros de Vasena y en la  masacre  de  los obreros rurales de la Patagonia...

Jna.  (Con  una sorpresa que pone en evidencia la  incongruencia  del argumento lo interrumpe) :-Y yo que tengo que ver...eso fue  hace como cien años... Y yo no estaba… (Busca un argumento que la salve del contagio de los  abuelos  que puede resultarle fatal y  lo  encuentra  aunque escaso,  casi  tan delirante como la acusación)  Además,  en  las asambleas  de  la Facultad voté en repudio, junto a la  gente  de ustedes...

Rro.(continúa  el tono de arenga pero con una convicción  que  se deshilacha)  -Como  si  eso les fuera a devolver la  vida  a  los300.000  indios, a los obreros o a los niños deshidratados...

Jna. :- Aaaahhh… ¡¿mi muerte sí…¡? ¿Y entonces, por qué y para qué, proponían las mociones?... (Se  va enfureciendo)  ¡Vos  estás loco,  ustedes  están  locos!  Me quieren hacer pagar  como si los hubiera matado yo...

(Romero  cada  vez  más sorprendido y  confundido)  -No... ¿Qué  me entendiste? No digo que vos... que... que… que seas la culpable, lo que  digo... lo que digo... lo que digo... es que son crímenes  que no pueden quedar impunes...

Jna. (Capta  la sorpresa y la confusión de Romero y vuelve  a  la carga  con rigor lógico) -¿Y para que no queden impunes me  vas  a usar de escudo si viene la policía...? ¿Suponés que no quedarán impunes, porque maten a una descendiente de aquellos criminales y de los explotadores actuales?

Rro.-No... No... No es eso...

Jna.(Ya  absolutamente segura, domina la situación) -Es lo que  me dijiste.

(Se acelera la discusión)

Rro. (a la defensiva) -No... Me entendiste mal...

Jna. (Decididamente a la ofensiva) -¡¿Cómo, que te entendí mal?! ¿No me dijiste que me usarían de escudo?

Rro. -Bue... No fue exactamente eso... te dije que  serías  nuestro único escudo...

Jna.-¡Y! ¿No es lo mismo?

Rro.-Bueno,  no, no me expresé bien...Lo que pasa es que  si  nos encuentran, no podemos entregarnos...Si nos entregamos nos van  a torturar sin  asco,  y después nos van a  matar. Preferimos morir combatiendo y en esa situación sos nuestro último recurso...

Jna. (Impactada porque se da cuenta que es cierta la  posibilidad de que lo torturen a él, mantiene la lógica pero va  entrando en  el  desánimo) -"No me expresé  bien",  "no  exactamente"...te expresés  como  te expresés, a mi nadie me salva  de  una  morir siendo inocente...

Rro. (Que  la  miraba cada vez más atrapado por  la  lógica, pero también  por  los  ojos y la figura de  Juliana,  salta  como  un resorte y decidido afirma) -¡Yo, no lo voy a permitir!

Jna.  -(Sorprendida nuevamente, pero totalmente desanimada y  con lágrimas  que  caen despaciosa y resignadamente de sus  ojos)  -Y como vas a hacer para no permitirlo. Acabo de darme cuenta  que yo estoy muerta, y vos, perdido...

Rro. (Ablandado definitivamente ante la imagen de derrota de Juliana, la  toma nuevamente entre sus brazos, le acaricia  suavemente  la cabeza,  los cabellos, a la vez que ilusamente le dice) -No,  no, no,  ...vamos  a  encontrar una salida, alguna  puerta  se  va  a abrir...nos vamos a salvar, ya vas a ver ... (Ella, entregada,  se arrebuja en el cuerpo de él invirtiéndose la escena aterrorizante. Es  el cuerpo  de  él, el que se torna escudo de ella a la  vez  que  la acaricia) Mientras, se van apagando las luces. De la oscuridad se escucha un voceo lejano que permite advertir que dos hombres discuten fuertemente.


Pasados  unos  minutos,  que resaltan el corte y el voceo in crescendo,  se encienden las luces en c, donde están Jf, Romero y Polo. Mientras Jf. y Romero discuten, Polo permanece inmóvil  con mirada perdida, ajena a la discusión y a la  vez  de indudable  adhesión  al jefe. Está  aburrido,  como  escuchando  un debate  sin sentido, que está  demás. Es pálido  amarillento,  con cara  de  nada  y  ropas  concordantes. Están  sumergidos  en  una discusión  que  el voceo  previo en la oscuridad, le permitió al  público advertir que venía de antes. (Fondo de sirenas)

Jf.  (Enojado, cerrado, fanático) -.../que  me  importa que  en las asambleas votara con nosotros. Es hija de oligarcas  y se  acabó. De  pichones  se las dan de  revolucionarios  y  cuando crecen resultan los peores. Hay que matarlos en el nido...

Rro. (La  desesperación  se le refleja en el  rostro)  -¿¡Que  estás diciendo?!. ¿¡Matarla...?!

Jf.  (Impertérrito. Con  sequedad) -Mirá  Romero, si  no  pagan  el rescate no nos queda otra posibilidad. (Para pedirle a Polo un vaso de agua  y una aspirina, cambia la gestualidad y la voz, que se torna ridículamente amable, sobreactuada excesivamente)

JF.  -Polo,  ¿me alcanzás una aspirina por favor? (Polo  sale  una fracción de segundos de escena y vuelve a entrar con el vaso y el comprimido. JF  toma  la pastilla. Terminado ese movimiento  y  sin volver a sentarse escucha lo que le dice Romero)

Rro.  (Atónito  y  angustiado ante lo que Jf  le  dijo,  exclama) -¿Pero,...estás  loco?  ¿Que estas diciendo? ¿Qué vas  a  ganar  con matarla...?

Jf. (Recompuesto  de los movimientos anteriores   responde con  impavidez) -¿Yo?  Nada. El grupo sí. Es la única manera de que aprendan a creer en nuestra palabra. Si no, cada vez que  hagamos una opereta van a pensar que's  joda.

Rro. -¿Y para que nos tomen en serio  pensás matar a una piba...?

Jf. -Yo no, la orga.

Rro. -La orga, la orga. ¿¡Y vos qué, sos la orga?!

Jf. (Sorprendido, confuso) -¿Yo?...Yo... (Se recompone) ¡Yo no existo al margen de la lucha!

Rro  (Con la desesperación de la impotencia y el  odio  producido por la caída de un ídolo admirado, le grita) -¡¿Pero...para vos  no existe  otra  cosa  que la revolución!?  ¿Te  quedaste  seco,  sin sentimientos? ¿Qué es una revolución sin sentimientos? Para vos: ¿No hay nada más que la orga?

JF.  (Exaltado) -¡Y qué...! ¿Vos te quedás afuera? ¿Ya no  tenés  nada que ver con ella? ¡Boludo! Te estás contagiando del individualismo infame  de  esa pequeñoburguesa. Volvé a tu puesto… ¡Y  dispuesto  a cumplir  órdenes!  ¡Ah!  y andá  sin capucha,  ya no hace falta que la uses cuando estés con ella...

(La escena se congela tenebrosamente en esas últimas palabras del jefe. Luego de unos segundos, con los personajes congelados en  su último movimiento, abruptamente se apagan las luces.)


La escena vuelve a b, el cono de luz se enciende despaciosamente. Sólo  está  la jaula con el pájaro y Ofelia con sus rituales,  sus equivocaciones,  su vuelta a empezar y su discurso en off. La escena muda,  dura  un tiempo suficiente como para exasperar a público y actores.

Mientras,  suena, a partir de donde se había interrumpido  en  la escena  anterior,  la marcha fúnebre de Beethoven. La  luz  se  va apagando  lentamente y la marcha continúa una fracción de tiempo.

La luz en b, se enciende despaciosamente, de nuevo. Juliana sigue atada,  pero  sentada, mirándolo a Romero  que  ya  no  está  encapuchado. La   mirada  de  éste,  a  la  vez  que   ansiosa   y enamoradamente  busca  la  cara y el cuerpo de  ella,  rehúye a su mirada. (Fondo de sirenas)

Jna. -¿Sin capucha? ¿Te dieron permiso? (alegremente)  ¡Qué  suerte! Que  lindos  ojos  tenés. Mirá  lo que me perdía de  ver  por  esa bobada de la capucha y de jugar a los cow-boys...

Rro. (Con  cara de preocupación y voz tenebrosa) -Esto no  es  un juego  Juliana, esto es la guerra. (Hace una pausa,  preocupado  y dolorido le dice) Te van a matar. Por eso me ordenaron sacarme la capucha, para que no pueda dar marcha atrás...

Jna. (Qué  no  lo  puede creer)  -¿Lo  estás  diciendo  en  serio? (Comienza a descomponérsele el rostro. La desesperación empieza  a reflejarse en el mismo) No entiendo nada. Están locos. Vos no lo vas  a permitir, ¿no? Vos me amás. ¿O lo del otro día fue mentira? Soy  muy joven, no me vas a dejar morir, ¿verdad? ¡No me vas a dejar morir, no  por Dios, no! No... No... No... (rompe a llorar  desconsolada  y desgarradoramente.  Romero  no  soporta  la  escena,   corre   a abrazarla, consolarla, y llenándole de besos la cara le dice)

Rro.-Calmáte, calmáte... (Con determinación) Los voy a  convencer, ya verás, no llores...

(La  luz  se  apaga  abruptamente al mismo tiempo  que  en  a  se enciende  la  pantalla  y  en c Jf  y  Polo  miran  el  noticiero proyectado en ella, mientras, Romero entra)


En la pantalla el ministro nuevamente, esta vez apretujado por  un arremolinamiento  de  periodistas  ansiosos,  que  con   cara exaltada le preguntan, le exigen:

Periodista  1: -Señor ministro, se acabaron los plazos y  no  hay noticias de la chica Berdiales...

Ministro: (Ceremonioso,  con  afectación "de papa  en  la  boca") -Berdiales Jerez, querrá  decir...

Periodista 1 (Indiferente y molesto por la observación) -Sí,  sí, claro, ¿qué piensa hacer el gobierno?

Ministro:   -¿El  gobierno,  que  tiene  que  ver  el   gobierno? (enojándose)  El  gobierno  ha hecho y  sigue  haciendo  todo  lo posible por ubicarla y con ella a la guarida de  delincuentes terroristas subversivos...

Periodista  2: (con  desesperación) -Pero se  vencen  los  plazos señor, la van a matar...

Ministro:-De ocurrir así, su sangre será  una mancha más, sobre  el prontuario de esos delincuentes...

Periodista 3:(Con desesperación) -Pero eso no la va a resucitar...

 Mientras  en  la pantalla las imágenes se mantienen y la  voz  se apaga,  la acción se traslada  a c donde Jf habla,  mientras  Polo. sólo  atina a asentir con la cabeza.  Romero  mira sin atender, como pensando en otra cosa (sus escenas con Juliana)  Se  escuchan  las  sirenas, más cercanas  que  en  las  escenas anteriores.

Jf. -¿¡Hijo de puta, y a Gabriel quien lo resucita!?  ¿Y a Vallese y  a Mena,  y a Pampillón y a los de León Suarez  y...y...y…? (En  un alarido)  ¡Hijos  d...e...pu...uta...a!  (El  escenario  queda   a oscuras brevemente, mientras resuena el alarido)

La  luz  se  enciende en c, que nuevamente es  el  living  de  los Berdiales. En  uno  de sus sillones está  sentada  María  con  cara tensa y angustiada. Como llegando de la calle entra Julián.  María se  incorpora nerviosamente, retorciéndose las manos, le sale  al paso y le dice:

M.  -Me hablaron otra vez. Si no cedemos, hoy la matan. Julián  por Dios… por  lo que más quieras...cedé... la van a matar, no  veremos más a nuestra pequeña hijita...

Jan: (Impasible, duro) -Como si antes la viéramos muy seguido...

M.  (desconcertada  por la respuesta) -Pero Julián,  es  una chica joven...

Jan .(Con evidente resentimiento) -Una arrastrada como vos,  todas las noches tarde...y eso cuando no se quedaba a dormir por ahí...

M.  (Ante lo ilógico de las respuestas duda unos  segundos  entre responder  o  no,  pero ante la  encerrona,  con  desesperación  e impotencia busca argumentos que lo saquen de la obstinación) -Por Dios,  olvidáte de mí, de tus celos, de lo que suponés  sobre  mi pasado. Es  tu  hija, te lo juro por lo que más  quieras,  por  la memoria de mi madre...

Jan. -Bonito juramento... por el huevo de la serpiente...

M. (Absolutamente desesperada trata de responder a la lógica que él propone) -Pero Julián, por favor...escucháme, ella no tiene  nada que  ver con nada. Tiene diecinueve años...todas las chicas de  su edad lo hacen...

Jan.(bizarro) -Así está  el mundo..., por algo esos zaparrastrosos la  eligieron  a  ella. O  te  olvidás  cuando  venía  eufórica  a chucearnos con sus asambleas de la facultad...Ahí la deben  haber conocido...Es más, estoy seguro que esto es un arreglo entre esos loquitos  y  ella. Pero conmigo no cuenten .¡A mí no  me  van  a sacar un peso, esos sinvergüenzas!

M.  -¿Pero? ¿Qué estamos discutiendo? Estás completamente loco.  La van a matar... ¿No entendés? Se acaban los plazos, la van a matar...

Jan. (Su rostro se transforma como ante una súbita iluminación que lo  descarga  y  lo afirma tranquilamente en  su  posición)  Pero claro...como no se me había ocurrido antes. Ee…estoy seguro, esto es un arreglo entre ella y los secuestradores para sacarme plata. ¡La muy putita, digna  hija de su madre! ¡Pero no van a ver  un  peso los miserables...!

M.  -Estás  loco, Julián. Estás loco. Por tu culpa van a  matar  a nuestra  hija,  aunque tu locura no  te  permita  reconocerla...y después… después, ya será  tarde... (se echa a llorar desesperada)

Jan. (Imperturbable y con una sonrisa de quien se siente más listo que  los  otros,  se restriega la barbilla  y  dice  -Claaro...el ministro  tiene  razón (en posición y con voz de arenga)  ¡No  hay conciliación  posible! De nuestra firmeza y decisión  depende  el futuro de la Patria...!

M. (deshecha en llanto) -Basta Julián, basta, no te puedo escuchar más.  (En un alarido, mientras, la luz se apaga abruptamente)  ¡La van a maaaataaar...!

Se enciende la luz en c

(Romero  está   discutiendo  con  Jf  ante  la  mirada  atónita  de Polo. Las sirenas se escuchan mucho más cercanas)

Rro (Tratando  de  convencer)  -Démosle  un  tiempo  más,  van   a aflojar...

Jf. (Expeditivo) -No depende de nosotros, la orden es terminar con este asunto. ¿O te olvidás qué ya andás sin capucha?

Rro. (Furioso) -La orden, la orden. Parecés un milico.

Jf.  -Soy  un  milico. ¡Boludo! ¡¿No te das  cuenta  que  estamos  en guerra!? ¿Con lo de Gabriel no te alcanzó? ¿Querés más? ¿Qué  querés, que te boleteen a vos?

Rro. (Aflojándose nuevamente para tratar de convencer) -Pero ¿y  la piba que te hizo?

Jf.  (Con gesto y voz de fastidio) -Y da..ale  con  la individual. (Pausa)  ¿Qué tiene que ver? (subrayando y pausando  en cada  sílaba)  ¿Que  tiene que ver? (Solemne, con pose  y  voz  de arenga)  ¿No te das cuenta que se trata de la Revolución? ¿Que  es una  vida más, o menos, al lado de lo que va a ser el  mundo  sin explotadores   ni  explotados? ¡Somos  la  última  escena  de   la muerte! Después, el mundo será  otro. ¡Ya!, podría ser otro...

Rro: (Con  la  desesperación de quien  se  siente desprovisto  de  argumentos racionales, hundido  en  la impotencia  discursiva,  temblando, implora) -¿Y vas  a  hacer  la Revolución porque mates a un piba?

Jf. (Con odio) -No seas imbécil. No es por ella, es por el ejemplo. (Se  para  de golpe y como entendiendo algo súbitamente,  con  un medio  giro pasa a mirarlo fijamente a los ojos, y le  dice)  ¿No será  que te enamoraste de ella, no?

Rro. (Se eriza y reacciona como una fiera herida) -¿¡Y si así fuera, que!?

Jf. (Furioso)  -¡Idiota! Te dijimos que no tenías que tener  ningún  acercamiento a la prisionera más que el imprescindible. ¡Esa  puta de  mierda  te  calentó! (Dirigiéndose a Polo) ¿Ven  que  hay  que matarla? Es un peligro. Mirá  lo que hizo con este pelotudo. Le tiró al  carajo mil años de ideología, de experiencia, de  huevos.  Lo transformó en una cuña dentro de la orga...

Rro. (Fuera de sí, se le va encima para trompearlo) -Cuidado con lo que decís,  o te rompo la cara... (Polo se interpone y los  separa mientras Jf, que apenas atinó a defenderse, con voz militar  le grita a Romero)

Jf. -¡Insubordinación y ataque a un superior en plena acción! Serás juzgado por un tribunal revolucionario...

Rro. (Tomándolo nuevamente del cuello) -Y yo voy a denunciar  ante él   que   te  permitiste  dudar  de  mi   moral   atribuyéndome vacilaciones que no me caben.

(Polo  los separa nuevamente y mantiene presionado a  Romero,  que entonces  afloja,  aunque  sigue discutiendo sin ir  más  allá   de palabras y gestos)

Jf. (Con  convicción)  -¿Ah...si? ¿Con qué no te  caben?...  Ya  van varias veces que venís a tratar de convencerme de que  desobedezca la orden recibida de ejecutar a la chica.

Rro.  (Reafirmado  en  lo  suyo)  -Estamos  en  una  organización democrática y tengo derecho a expresar mis ideas...

Jf. (Con  la firmeza militar, propia de la lógica de la guerra) -¡Estamos en  una guerra  y  en  una guerra no hay otra democracia que  la  de  las balas,  lo que vota es el poder de fuego, no hay otra  dimensión que la correlación de fuerzas y otro argumento que  los cálculos tácticos y estratégicos!

Rro.  (En  un  nuevo esfuerzo de producir sensatez)  -¿Y  en  esos cálculos metés la vida de la piba...?

Jf. (Nuevamente exasperado) -¡Y dale!... ¿No era que cumplías órdenes?

Rro.(Con  insistente  firmeza) -Lo que no excluye  mi  derecho  a debatir...

Jf.  (Seguro y secamente) -Cortémosla. No queda otra. Tenemos  la taquería  encima.  El  padre no paga. La  situación  tomó  estado público por acción de ellos mismos. La piba ya te conoce a vos  y tiene  demasiados datos sobre Polo. Si no es tonta, y  parece  no serlo,  es probable que haya memorizado una cantidad de  indicios por   los   que  si  la  soltamos  pueda  llegar   al   lugar   y reconocerlo. Así que no nos queda otra que liquidarla. Teniendo  en cuenta tu situación, te libero de esa tarea y la dejo en manos de Polo. (Desde el comienzo de esta última intervención de Jf  hasta el  final,  Romero se ha ido desarmando hasta  quedar  totalmente abatido. Polo que transcurrió todo el tiempo con el mismo aire  de distraído  y  de  cara de nada de toda la  obra,  salta  como  un resorte, con rostro angustiado, cuando escucha de labios del jefe la misión que le ha sido encomendada)

Rro.  (Desde  su abatimiento ante lo ineluctable  y  rehaciéndose lentamente) -¿Y cómo la pensaste?

Jf. (Secamente) -No te compete, ya que no vas a operar. Bien  sabés que no hay que saber más de lo necesario.

Rro.  (Dubitativo,  tartamudeante)  -Es...q..q..que...   ¡Prefiero estar!

Jf. (Sorprendido) -¿Pero...y a vos, quien te entiende? ¿Qué te  pasa ahora?

Rro. (Abatido pero seguro) -Que no  quiero que  sufra, para eso tengo que estar. A mí, me tiene  confianza. ¿Supongo que pensabas administrarle la inyección, o me equivoco?

Jf.  -No. Creo que es lo más conveniente, tanto para ella como  por nosotros.  Que  se la aplique Polo, que para algo le  sirvan  sus estudios  de  medicina. En cuanto  a  vos...vos...  tranquilizála, convencéla.

Rro. -(Amargado pero dispuesto al sacrificio) -Sí, claro. Para  eso planteo ir. Ya que tiene que morir por lo menos que no sufra.

Jf.  (Desconfiado)  -¡Ninguna mala pasada eh! No  te  olvides  que estaremos  vigilando. Cualquier intento va a resultar peor,  tanto para vos como para la chica...

Rro.  (Rendido) Ya lo sé. Sé bien, demasiado bien, que  tengo  que hacer.

-Mientras  Polo  sigue  con su mirada perdida en  el  vacío,  los brazos de Romero caen totalmente derrotados. Es la imagen misma, de un derrotado por el destino.

Romero se cuadra débilmente y de la misma manera  hace la venia, junto con Polo -que la hace marcial, aunque de su rostro no se ha borrado  la sorpresa, el desconcierto y la tensión por la  misión recibida. Dan  media  vuelta  y  se  van.  Se  apagan  las   luces lentamente, mientras ellos caminan hacia b que sigue a oscuras  y Jf los mira afectado por la escena. Se apagan las luces-


                                                         II Acto


Se encienden las luces en b

Está  Ofelia a solas con la jaula, el pájaro  y  sus  rituales. Se escucha  suavemente, a bajo volumen la continuación de la  Marcha fúnebre de Beethoven. En off la voz de Ofelia repite obsesivamente y con tonalidad depresiva, acompañando la interminable repetición de rituales:

Ofelia (Al  sacar la mano de la jaula, la voz en off) -Otra vez  el  borde... No  se termina más... ¿Y si lo dejo volar? Todo se acabó, no lo puedo cuidar más. ¿Y a quién cuido entonces? (Recomienza todo el ritual que se despliega durante un  rato. Su voz en off, repite lo mismo, mientras dure esta escena)  Se  apagan las luces, mientras se va alejando  la  marcha fúnebre que sigue sonando hasta poco después. 

(Se  apaga la pantalla y se encienden las luces en b donde  están: la jaula con el pájaro, la "cárcel del pueblo" y Juliana sentada, pero  con las manos atadas a la espalda y las piernas  atadas  en los  tobillos sin pasar la cuerda por el cuello. Las sirenas  muy cercanas.  Entra  primero Romero, que se ilumina al  verla,  para ensombrecerse inmediatamente)


Rro.  -Te voy a desatar las muñecas... (La toma tiernamente  entre sus brazos y la va desatando mientras ella lo mira entre contenta y  expectante. Acción  lenta, cuidadosa. Terminada la  misma,  ella desentumece sus muñecas y sus brazos, él vuelve a la posición  de pie, después de darle un beso en la frente)

Jna -Al fin libre, desatáme las piernas...dale...

Rro (Con firmeza y dulzura) – Juliana, no puedo.

Jna -Dale, que te cuesta, no me voy a escapar.

Rro  -Ya se que no te vas a escapar, pero no puedo. (Se coloca  en cuclillas y dulcemente, como quien narra un cuento infantil a  un chico para que se duerma, le dice. Toda esta parte de la escena es muy tierna) Escucháme: te vamos a trasladar...

Jna (Sorprendida pero confiada) -¿Trasladar? ¿Adonde?

Rro -A un lugar donde estés mejor, más segura.

Jna -¿Y vos vas a venir?

Rro -Sí... sí... claro...

Jna -¿Me van a liberar? Los convenciste...

Rro -Sí, los convencí. Claro que te vamos a liberar...

Jna -Entonces... desatáme, si total me van a soltar...

Rro -Sí. Pero todavía no puedo.

(La  atmósfera  se  va tornando pesada,  densa. Se  nota  que  los interlocutores  no hablan de lo mismo. Que como quedó  explicitado en  la  escena  anterior,  no se abrió  ninguna  puerta,  no  hay salida. No obstante Romero sigue hablando pausada y serenamente)

Rro  -Antes, tenemos el traslado. Polo te va a dar  una  inyección que te haga dormir y   que te evite el cansancio del camino...

Jna  -(Tiene una iluminación instantánea. El terror le  inunda el  rostro y en un grito, que rompe la atmósfera  casi  hipnótica del relato, dice) -¡Me van a matar...!

Rro  -(Trastabilla  y  casi cae  por  la  impresión.  Rápidamente recompone  el  rostro  y de rodillas la toma  entre  sus  brazos) (Sorprendido,  haciéndose  el enojado y en medio de  un  terrible sufrimiento)  -¡Estás loca! ¡Como pensás que yo lo  permitiría!  No seas  sonsa. (La  palmea, recorre con su mano la espalda  de  ella cariñosamente)  Esto es el fin. Ya se acaba todo (la va  abrazando muy cariñosamente) y podremos amarnos para siempre...

Jna (Queriendo creer) ¿Estás seguro? ¿No me mentís...?

Rro (Haciendo un esfuerzo supremo para mantener la impostura)  -No...  Como podés pensar que te podría mentir... Por  favor... (Las lágrimas caen por su rostro que está  de frente al público. Ella se deja hacer, refugiándose entre los brazos de él que la besa y  la acaricia  dulcemente. Mientras,  entra  Polo  con  una  jeringa  y algodón. Polo  la arremanga mientras Romero no deja de  arrumarla,  Polo  le frota el algodón en la flexura del codo y le  coloca  la inyección. Al  pinchazo, un ligero sobresalto de  ella.  Mientras, Romero  tiernamente la calma y la mima hasta que ella  pierde  el conocimiento  en  brazos  de él. Polo,  que  contrito  ha  quedado contemplando  la escena, la retira de los brazos de Romero  y  la carga  sobre  sus  hombros. Los brazos de  ella  cuelgan  por  su espalda  como los de Gabriel en la escena de los inicios. De  esa manera se va hacia las sombras posteriores del escenario.  Romero los  mira  irse, se toma el abdomen como en un retorcijón  y  cae desmayado  sobre  el  lugar en el que Gabriel fue ejecutado por el sargento Bermúdez. Se  apaga  la luz abruptamente, en el filo de  la  caída  de Romero)


Se  enciende la luz en c. En el living está  María  sollozando,  el cabello se le ha encanecido completamente. Julián que se mantiene "duro", mientras camina de un lado a otro de la habitación,  como un  león  enjaulado  la mira solemne con  desprecio  y   como indiferente. La escena dura aproximadamente tres minutos. Se apaga la luz.

Vuelve la luz a b "cárcel del pueblo". (Música: el comienzo de The Show Must Go On de Pink Floyd The Wall) Romero que estaba  caído, desmayado,  despierta  despaciosamente y se va  sentando. Gira  la cabeza,  mira a su alrededor y al punto donde  cayó. No  comprende nada, está  absolutamente confuso. Se incorpora, se para y  recorre el ambiente como tratando de encontrar lo que ya no está. Su rostro adquiere la expresión de desahuciado, de perdido, de  sin  sentido y sale del lugar como "alma en pena". Las luces se apagan.

Se enciende la pantalla en a Un locutor: Flash informativo.

Locutor: -Y  según consta en el parte policial,  el  occiso,  de aproximadamente 26 años, fue abatido al intentar escapar,  cuando al encontrárselo en actitud sospechosa, se le dio la voz de alto. En escasos minutos, más informaciones, para este..., boletín.

Se  apagan  las  luces y se encienden nuevamente en  b  que  está  habitada  por  la  jaula,   su  pájaro  y  Ofelia  ejecutando  su actividad ritualizada. Despaciosamente, entra Polo con aspecto  de vaciado,  tegumentos pajizos, ojos sin vida, caminar  arrastrado. Se dirige a ella y le dice inexpresivamente:

Polo: –Ofelia, te convocan nuevamente de la Sinfónica Nacional,  es tu oportunidad. Tal vez la última. Si rechazás otra vez, no  creo que te convoquen más. 

Of  (se da vuelta, cansina y lentamente,  mirándolo  indiferente, pero  aferrada  a  él)  -Sabés que no  puedo. No  puedo  dejar  de  cuidarlo  (señala  con la cabeza al pájaro) Es muy delicado. Como una  jovencita. Cualquier descuido, puede matarlo.

Polo (resignado, levanta los hombros, y cuidadosamente le acaricia la cabeza)

Of (irritada se lo saca de encima y le dice) -¡Me hiciste perder! ¿Por dónde iba? Tengo que empezar todo de nuevo...

Abruptamente se apagan las luces y suenan las sirenas hasta  unos instantes después.


Nuevo encendido de pantalla en a Locutor -Último momento. Según un nuevo  comunicado policial se conocerían más elementos  sobre  el delincuente  terrorista subversivo. Se trataría de un sujeto,  que según  los documentos que se hallaron en su poder, se  apellidaría Romero  y  tendría 26 años de edad. Según trascendió  de  fuentes confiables, el mismo fue ultimado al encontrárselo deambulando  sin rumbo  fijo  en las inmediaciones de la Facultad de  Filosofía  y Letras.  Según  se supone en las mismas fuentes,  habría  quedado aislado  de su banda y perdido de toda relación con sus jefes,  a consecuencia  de  lo  cual  pasó  a  la  desesperada  actitud  de resistencia, en la que encontró su fin.

                                                         FIN del II Acto


                                                         III Acto        

La  obscuridad dura un rato, hasta incomodar a los  espectadores. Luego se prenden luces tenues en los tres ámbitos. La pantalla blanca, sin proyección.


Mientras  monologa, el sargento Bermúdez (mal vestido, barba  sin afeitar,  ropas  raídas)  se va moviendo por  los  tres  espacios hablándole a sombras chinescas proyectadas en la pantalla  (puños cerrados  con  el  índice  extendido  acusatoriamente,   espaldas encorvadas, grandes orejas como alas) y a alucinaciones que serán vehiculizadas  por voces en off, cuya locución estará  a cargo  de una actriz.

(Bermúdez,  desesperado se tapa los oídos, no queriendo  escuchar, la voz que le dice en tono monocorde)

Voz -Puto, maricón. Puto, maricón. Puto, maricón. Puto, maricón...

 (Mientras  con poco volumen se siguen escuchando  las  voces diciendo lo mismo) SB.  -¡Basta, basta por Dios!, dejen de torturarme. ¡Basta,  basta,  que  hice...? (sube  el  volumen  de  las   voces nuevamente. Bermúdez gira desesperadamente por todo el  escenario) Cumplí   órdenes,   cumplí   órdenes,  (en   un   grito)   cumplí óoordéneeesss...  (Las  voces, sobradoramente)  -órdenes,  ja , órdenes,  jajajajaaa... Oordenes... (Risotada brutal y siniestra)

(Bermúdez sigue girando desesperado bajo el imperio de las  voces que a todo volumen se imponen y lo dejan sin palabras hasta  caer arrodillado  con la cara transida de terror y en un  sollozo  sin consuelo. Las luces se van apagando lentamente y de la oscuridad  en  off, surge in crescendo hasta un acmé, a partir del  cual va decreciendo, el murmullo de un amontonamiento  con   risas estereotipadas y gritos descontextuados. Es un manicomio. De  entre el rumor se distinguen  suplicas plañideras:

-Sáquenme de aquí... (Otra, amenazante)  -¿Tenés un  pucho?.... (Luego se vuelve sumisa) Un cigarrillo por favor... (Otra)  -¿Tenés mate?... (Otra)  -¿Tenés  hora?... ¿Que  hora es?  (Otra  desgrana  y repite  despaciosa  y obsesivamente  un  apellido)  -Pa.. .pu... cci... ne... Pa… Pa... Papucci... nne… Pa… pucci... nne… Papucci… nne… Como dije antes, todas intercaladas por risas inmotivadas y disonantes con  el  clima  de abandono, repetición  y  rutina. Las  voces  se escuchan  sin  ninguna  relación  entre  sí,  son   absolutamente individuales. Finalmente cesan y bruscamente en c se encienden luces del tipo de los tubos fluorescentes


En c escritorio por medio conversan el capitán Gandolfo y el cabo Hernández.


Hernández  desencajado,  ansioso, acelerado,  atropellándosele  las palabras, le cuenta a Gandolfo.

C.H.-Me dejaron verlo. Está  boleado, pero igual habla. Dice que hay voces  que  le  dicen  que es  puto  y  maricón.(Sorprendido,  no entiende  nada) Se da  cuenta mi capitán, justo a él  que  siempre fue  un  cojonudo bárbaro.(Baja el tono en  actitud  de  secreto) También dice que él no tuvo la culpa, que él cumplió órdenes...

C.G.  -¿Pero, qué le pasa a ese boludo? ¿Se olvidó que es un sargento del glorioso ejército libertador?

C.H. (Contento de poder responder algo con certeza, sonriente) -No... Que se va a olvidar, al contrario. Se le metió en la cabeza de que es el asistente del General San Martin.

C.G.  -¿Coomo?  (Con  gesto de que al  fin  comprende  todo)  Pero entonces, está  loco...

C.H. (Sorprendido) -Pero...claro... ¿No se había dado cuenta todavía?

C.G. (Sorprendido de la estupidez que dijo) -Sí...no...bue...

C.H. -Se hizo traer el uniforme de cuando pasó por granaderos y lo tiene  puesto  todo el día y como las botas ya no  las  tenía  se consiguió unas de mujer...

C.G.-¿¡Coomo!? ¿¡Y lo dejan!?

C.H.  (Con gesto de decir algo obvio) -Pero capitán, está   en  un manicomio...

C.G. (En tono de arenga militar) -Lo cual no autoriza a faltar  el respeto al uniforme de la Patria...

C.H. (Con cara de incomprensión por tener que argumentar lo obvio) -Pero capitán...está  loco...

C.G.- ¡Cabo!  Tiene 30 días de arresto por insubordinación. ¿¡Como  le va a decir loco a un superior!?

C.H.  (Cuadrándose y haciendo la venia) –Pero… mi capitán, no  lo dije por usted, lo dije por el sargento Bermúdez...

C.G.  -(Con  voz  atronadora  y estentórea)  ¡Que  también  es  un superior!

C.H.-(Con desesperada resignación) Pero está  loco...

C.G. (Mientras Hernández sigue cuadrado y haciendo la venia)  -Un superior (hace una pausa y subraya las palabras que siguen) nunca puede estar loco, nunca. ¿Me entiende?

C.H. (asustado y manteniendo la venia) -Si, mi capitán. (Su  voz, pero en off) -Sin embargo... (subrayado) está  loco.

C.G.(Imperativo) -Retírese.

C.H.-Sí, mi capitán. (Golpea los tacos, baja la venia, se da media vuelta y se  va con paso marcial, mientras tenuemente suena la  marcha  de San Lorenzo en la estrofa -Cabral soldado heroico... y las  luces se apagan el tiempo suficiente como para transformar a a b y c en  pasillos de un  manicomio)

 En  ellos,  tres hombres (uno de ellos el sargento Bermúdez),  más una  mujer,  disfrazada  de ser un hombre  disfrazado  de  mujer, marchan al unísono, robótica y marcialmente de un extremo al otro del  pasillo  en  formación de  escuadra  de  cuatro. El  sargento Bermúdez arrastra como vestimenta un precario uniforme de gala de granadero,  del cual conserva sólo el quepí, las charreteras  y  el correaje. En  lugar de las botas correspondientes,  efectivamente, está   calzado con botas de mujer, lo que le dificulta caminar  en razón de la altura de los tacos y su falta de costumbre. En vez de pantalones  lleva una semi destruida pollera escocesa. Otro  marcha en calzoncillos largos y camiseta, descalzo aunque con medias. El tercero con ropa y mocasines desvencijados, una pavita y un mate del cual toma   obsesivamente. Los demás,  fuman   como   escuerzos, acelerada  y  superficialmente  sin tragar el  humo,  excepto  el sargento Bermúdez que repite una letanía:

S.B.  -Soy  el mejor soldado del General, por eso  me  nombró  su asistente... nadie tira como yo... ninguno obedece como yo... un, 2, 3,  4.Un,  2, 3, 4.Un, 2, 3, 4. Reinicia el mismo  discurso  (Esta escena se extiende durante un buen rato  con el fondo musical  de la  marcha  de  San  Lorenzo en la  estrofa  de  "Cabral  soldado heroico..."   hasta   "...haciéndose   inmortal",   desde   donde recomienza  con la misma estrofa hasta que las luces que  se  han ido  reduciendo siguiendo el paso estereotipado del  conjunto  de alienados,  se  van apagando lentamente mientras se  escuchan  las últimas repeticiones de la estrofa que se fue imponiendo, a  la alocución estereotipada del sargento Bermúdez.


Las  luces vuelven a encenderse en c. Escritorio de por  medio  el cabo Hernandez se está  reportando al capitán Gandolfo.

CH.  (Relata con voz y gestos de desconcierto) Y si,  ahora  está  mejor. Por lo menos se nota que está  menos abombado. Parece que  ya no  escucha voces pero relata una historia increíble. Dice que  el General  San  Martin  le  encomendó  llevar  a  cabo  operaciones secretas  a  las  órdenes  de un capitán y  que  este  le  ordenó ejecutar a un criollo infiltrado por los godos en la ciudadela  y que  como venganza, los camaradas del ejecutado  se  confabularon con  el demonio que se ha metido en su cuerpo obligándolo  a  ser mujer  como condición para no matarlo. Sigue usando  botas  de mujer,  quepí  y charreteras de granaderos, pero en  vez  de pantalones lleva una pollera escocesa.

CG. (Preocupado y sin importarle el resto de lo dicho por el cabo) -¿Decís que mencionó que un capitán le ordenó una ejecución?

CH. -Si. Es una, de las pavadas que dice...

CG.  (Con voz de preocupación y de que se "avivó" de  algo)  -Con las  que  nos está  denunciando. (Secamente) Rompió  el  pacto  de sangre. Hay que liquidarlo.

CH. (Totalmente sorprendido y azorado) -¿Cóomo? ¿Liquidarlo…?

CG.  (Entiende  la  pregunta como referida a  la  técnica  de  la "ejecución") -¿Y qué otra? De un balazo.

CH.  (Insiste  en lo que a él le preocupa. Que  el  capitán  está pensando  en  matar  a uno de los suyos, por  enfermo)  -Pero  mi capitán, es un camarada...

CG. (Seco) -Fue.

CH. (Angustiado) -Es, mi capitán. (Trata de serenarse y argumentar) ¡Está  loco, pero es un camarada...!

CG. (Seca e inflexiblemente) -Un camarada no rompe el pacto ni aún loco,  así que habrá  que ejecutarlo... (Se da media vuelta  y  se va)

(La  figura  de  Hernandez, con la  estupefacción  y  el  espanto dibujados  en  el  rostro, queda  congelada  mientras  las  luces decrecen  hasta  apagarse  y desde la  oscuridad  se  escucha  un redoblar de tambores como los que antiguamente acompañaban a  las ejecuciones.)


Se  apagan  las  luces, se vuelven a prender y  se  reproduce  la escena  donde en formación de escuadrón los cuatro locos  marchan estereotipadamente. El  sargento Bermúdez luce el atuendo  descripto  anteriormente por el cabo Hernandez. No  dicen  palabras, sólo    ejecutan   sus   estereotipias   durante   uno   o dos minutos. Mientras,  el rumor de tambores que se había apagado,  se reinicia in crescendo hasta que desde las sombras posteriores del escenario suena un fuerte estruendo de disparo a la vez que en la misma  dirección  aparece un fogonazo. En el  mismo  instante  cae Bermúdez, los otros tres personajes dan un grito de horror y  sus figuras  se congelan en un gesto  equivalente. Despaciosamente  se apagan  las luces como para grabar  en la retina del  público  la escena congelada.


Se  prende  la pantalla en la cual un noticiero  de época, en blanco  y  negro. El conductor trasmite:

-Último   momento. Nuevamente  la  cobardía  de  los   delincuentes terroristas   subversivos,  ha  cobrado  una   indefensa   víctima argentina. Aprovechando  las  circunstancias  de  que  el  Sargento  Facundo Bermúdez  se hallaba internado en una clínica especializada,  para recibir  un tratamiento destinado a conjurar una dolencia que  lo afectaba,   contraída  en  circunstancias  relacionadas  con   el cumplimiento del deber, fue salvajemente asesinado.

Se hicieron presentes en el R1 al que pertenecía y donde se velan sus restos mortales, el Presidente de la Nación, el Vicepresidente, y diversas autoridades eclesiásticas, civiles y militares.

En  breves  declaraciones a la prensa el comandante en  jefe  del ejército, arma en la que revistaba el occiso, aseguró que  hechos como éste galvanizan aún más, si cabe, la decidida voluntad de la fuerza  de  terminar  de raíz con esta infección  que  invade  al cuerpo social del país para asegurar a los argentinos la paz y la prosperidad  que  la  Patria merece, cimentada en  un  futuro  de férrea unidad de todos sus ciudadanos sin distinción de banderías políticas ni de pertenencia a las filas civiles o militares.

(Se interrumpe la emisión.20 o 30 segundos de silencio y oscuridad)


El escenario se va iluminando poco a poco con luces de diferentes colores  que  atraviesan  una niebla ahumada  tipo  escenario  de recital  de  rock  mientras  se  escucha  un  crescendo  de   "La felicidad" cantada por Palito Ortega.

Se  enciende nuevamente la pantalla y en la misma se ve ahora  al estilo  televisión de los 90 el informativo de un acto de apertura  de una licitación para la venta de una empresa del estado. Participan del acto: Julián -el padre de Juliana- JF y el capitán  Gandolfo, todos de civil y elegantemente vestidos.

Mientras  los  otros  asienten y miran satisfechos,  JF  dice  un discurso de circunstancias:

-La seguridad urbana, cimentada en la unidad de las fuerzas vivas con sus fuerzas armadas, es el  cerrojo que abrocha  el desarrollo argentino, cimentado en la decisión irrevocable  de pertenecer  al  primer  mundo,  sobre  la  base  de  generar  las condiciones necesarias para repatriar capitales y atraer  nuevos, de  tal  manera que las inversiones de riesgo se asienten  en  el pais  y aseguren un futuro de trabajo, esfuerzo y  riquezas,  para todo el que habite este bendito suelo argentino...


(Mientras  en pantalla ocurre eso, cae desde la parrilla y en  el espacio  que  media entre la pantalla y lo que fue  sede  de  los comandos,  la  jaula  del  primer acto con  el  mismo  pájaro  que obviamente, como efecto del descuelgue, revolotea   asustado. Por el  escenario caminan cansina, pero obstinadamente,  dos  mujeres mayores.   La  iluminación  destaca   su   sombras   ampliándolas enormemente, idénticas en todo su atuendo y aspecto. La única diferencia, una – lleva un pañuelo blanco en la cabeza,  la otra no. Cada una sostiene una pancarta. Ambas son idénticas  y llevan escritas con letras grandes e idénticas, la misma consigna, CON VIDA LOS  LLEVARON CON  VIDA  LOS QUEREMOS. Se apaga la voz en la  pantalla  pero  se mantienen  obscenamente, las figuras corteses de  la  ceremonia. La jaula  iluminada  por un buscador hasta el fin.  Se  silencia  el escenario  -cesa  "La Felicidad". Durante un rato se  mantiene  el escenario  en silencio pero con la proyección de la ceremonia  en la  pantalla  seguida  de un vértigo de  fragmentos  de  a  pocos segundos,  de imágenes verdaderas de  actos oficiales de aquella época, en  las  que aparezcan personajes reales con las características de la  mezcla presentada  en  la  ficción. En el escenario  continúa  la  marcha silenciosa   y   sostenida  de  las   dos   sombras   atravesando repetidamente los diferentes sectores del tablado.

                                                         Cae el telón


SERGIO RODRIGUEZ                            9 de febrero de 1994