El
club de los pollerudos
El escenario debe resultar apropiado para ir haciendo
funcionar en él, diferentes rincones de un club, frecuentado predominantemente
por hombres. Dichos rincones serán: El Vestuario, La Peluquería, El Buffet, El
Campo de Golf, Los Quinchos.
La obra comienza con una primera escena, preludiada por música
circense y en la cual sobre un escenario desnudo y luego de aparecer
sorpresivamente come efecto de una gran pirueta, un bufón disfrazado de Joker y
diciendo su parlamento al estilo de los bufones de domingo en las plazas de los
burgos de la edad media, le cuenta al público:
Les vamos ha hacer escuchar, en un rápido recorrido
por diversas cuevas masculinas del Pollerudos
Sporting Club, las verdades más atroces, los secretos más deleznables, las
situaciones más enternecedoras... y con buena pizca de ridículo, por la que
transcurren sin prisa ni pausa, esos especímenes que la tradición porteña ha
llamado pollerudos y que han llegado hasta producir interés científico en
eminentes doctores de nuestra parisina Buenos Aires.
Y no vayan a creer que son seres excepcionales. Nada
de eso. Conviven entre nosotros cotidianamente. Cohabitan sus lechos... señoras...
lavan sus platos, le tocan el traste a sus mucamas, padecen de úlcera, se
indigestan con asados mientras el vino los emborracha... y... se vuelven
gordos, cada vez más gordos... y pelados. Algunos no, sólo se ven afectados por
las canas. Las del pelo y las que intentan “tirarse al aire”. De las que les
cuentan maravillas a sus congéneres, mientras se las disimulan a sus esposas.
La verdad suele estar más cerca de lo que le cuentan a estas, que de lo que le
relatan a los amigos. Aspirantes al título de “latin lover”, suelen conformarse
con el polvo semanal de los sábados por la noche, o los domingos por la mañana.
Algunos, para batir la marca, acuden a la nueva piedra filosofal... (fanfarria de trompetas) ...el
Viagra... De estos, algunos, entre asados, vinos y Viagra... han ido a rendirle
cuentas de sus proezas, al padre celestial.
Pero a no impresionarse, son inofensivos. Es más,
son absolutamente normales. Estrictamente masculinos, decididos a todo, con tal
de ganarse las atenciones de esos seres difíciles, enigmáticos, sorprendentes,
llamados mujeres. Los pollerudos no quieren más que eso, y por eso están
dispuestos a cualquier sacrificio, incluso a quedarse sin ellas...
Pero no quiero seguir, sino voy a terminar
narrándoles yo, lo que ellos tienen que contarles. Además, la verdad, me tengo
que ir rajando. ¡La patrona me está esperando, y... si llego tarde... quien la
aguanta!
Ostedes los ven entrar al club y zon una maravilla.
Trajeaditos, o de elegante zport (como dicen ahora), lostraditos...
afeitaditos... unos zeñores... bah!... ¡Pamplinas, todas pamplinas!, boludos
szin arreglo. ¡Bah! Por ahí me fui de boca, no szon malos, no. Sólo zson pollerudos.
No hacen otra cozsa que quejarse de lasz mojeresz y no pueden vivir szin
ellazs.
Que a uno le metieron losz cuernosz con el mejor
amigo, que al otro lo dejaron coljado, que a aquél le pidieron el divorscio y
se le llevaron media fortuna... en fin, un deszastre estos coszos. Lo peor de todo
es que vienen y me toman a mi de cofedente. Primero me justaba, me cajaba de la
risza, pero que te la cuenten una, dosz, tresz... haszta el infinito, me llenó.
Más que... ¿la verdad?. No losz entiendo. No szé
porque no lasz hacen andar derechitas. Yo a la gallega con un par e
coszcorronesz, la tenju derechita. Cocsina, frieja, me atiende a los jandules,
y no jode... No jode... esto me hizo acordar...
En el terruño joder se le dizse a foliar... no que
así ostedes no entienden. Coger, eszo, coger... aszí le llaman osztedes. Bueh,
esz el ónico problema que tenju con la gallega, no coje. O que le duele la
cabeza, o que anda con el mal de ojo, o que la madre le dijo que sztaba
jorda... Sziempre hay un por qué y nunnca una buena foliada, de esas que
teníamos antesz que nazcan los chavales. ¡Como exztraño... eszas eran épocasz.
Podíamos estar foliando deszde que nosz acosztábamos haszta lasz csenco de la
mañana. Pero deszde que nazció el Manoelito, eszo sze acabó. Que nosz puede
eszcochar, ¿O eszcorchar? que no szeas bruto, que sziempre querész lo meszmo. Desde que vino
el Manoelito... me da vergüenza contárszelos, pero no me queda otra que la
mauelita.
Bueh... pero
ála, que no esz de eszto que venía a hablarlesz, szino de losz pollerudosz que
andán por acá. ¡Pero que digo, que me tengo que ir corriendo, que zse me ha
hecho tarde y la Manuela me espera con la comida...y... que szi llego tarde me
mata.
Aszí que... alá, metánse osztedes en el Pollerudos Sporting club, y eszcuchen
con szus propiasz orejazs, vean con szus propiosz ojosz de ver, lasz
hisztoriasz de esztos infelizses.
Pepe -¡Si será
sucio...!. ¡Nos cagó a todos, ni uno se salvó!. Se acapara la única que anda
caliente y se queda una hora. (Medio en bolas, toallita tipo caperuza,
tirita). Se le cae el jabón hacia
atrás, da media vuelta y se agacha para agarrarlo, recuerda que está el público.
Lo mira desconfiando, se endereza y toma la posición de salto rana, columna
derecha y rodillas flexionadas. Lo agarra, se incorpora rápidamente, gira y con
mirada de alivio le sigue hablando a los espectadores.
Mientras, “Palma Peluda –Garúa·, ha ido saliendo de la
ducha. Pepe corre presto a meterse en
ella antes que algún otro, se la birle. “Mano...” se le cruza y lo saluda
efusiva y solemnemente, lo que resulta ridículo en virtud del apuro de Pepe, de
su evidente animadversión y de que ambos están casi desnudos. Pepe, lo más cortésmente
que la situación permite se lo saca de encima y se zambulle bajo la ducha.
“Mano” entra en diálogo con el público, mientras prolija, despaciosamente, y
con exagerados cuidados porque no se le vean las partes pudendas, se seca, y
comienza a ponerse la ropa sentado en un banco largo de vestuario.
Mano -¡Que
bolu....! Seguro que los verseó. ¡Lo mata la envidia!. Como no calza esta pinta
que Dios me dio..., ni mi parla (cejas levantadas, cara de canchero, manos
y dedos concordantes con desprecio, gesto de vendedor de diarios –mano de
costado sobre el costado de la boca, cabeza ligeramente ladeada y mirando a la
primera fila desde arriba, como sobrando a Pepe) Es un perdedor... siempre pierde. Claro, la juega de bueno. Él nunca aprieta, no vaya a
ser que las mujeres piensen mal de él. (Con cara de no poder creer) ¡Que boludo...!. Muchas creen que es trolo. (Con la convicción
del que “se las sabe todas”) Pero no, no
lo es. Le conozco hasta el color de los calzones. Tantos años viniendo acá...
Le juno cada historia... Todas parecidas. ¿Les bato una?.
Mientras “Palma Peluda” hablaba, entró un tercer
personaje que lo saludó confianzudamente. Hombre de “la tercera edad”, conserva
sin embargo cierta prestancia, que se hace evidente, se esfuerza en no perder.
Prolijamente vestido con traje, chaleco, camisa, y corbata. Caros, pero
bizarramente combinados en lo que hace a colores y dibujos, se sentó en la otra
punta de banco y despaciosa, prolijamente, comenzó a desvestirse, mientras
Garúa, avanza hasta terminar su monólogo. Cuando se va, el nuevo personaje, que
ha ido escuchando, está con camisa, corbata, chaleco, calzoncillos box, medias con ligas y zapatos (sin pantalones), un poco
despeinado. Habla desde esa imagen.
(Vestuario de caballeros)
I El Cagador Cagado. II Bueno, a los bifes. III El cardiópata
Sobre el fondo, se lo ve a Garúa en una ducha infinita.
Canta un fragmento de Il Pagliacci.
Entra Pepe con una toalla de taparrabo y un jabón en la mano, ve la
escena, se sorprende y molesta. Se da un golpe de palma en la frente. Da media
vuelta y se dirige al público.
P –Así le va con
las mujeres. A pesar de que... carga facha el roñoso. Empilcha, tiene auto...
Cuando invita a salir a alguna, enseguida agarran. Ingenuo de mí, le presenté a
Susana. Se la enganchó. Varios años separada, sola...
Pero como es mi
amiga... me contó. La llevó al cine y... sorpresa. Le pidió (hace
seña de puño sobre palma) para la
entrada. ¡Sí será....! (Gesto de disgusto)
Ella es feminista...
así que pagó. Fueron a cenar y lo mismo. Allí la Susy se entró a mufar. Pero
vino de por medio, se la llevó al departamento... (con
gesto de asombro) de ella. Le dijo que el
de él estaba desarreglado... que vivía solo... ¡Mentira... no quiere gastar...
ni luz, ni gas, y mucho menos Whisky!.
Fue medio desganada.
Es feminista, pero no “come vidrio”.
Le resultó un bruto.
La apuró con que no quería perder el tiempo. Enseguida quiso “ir a los bifes”.
Ni un minuto de romance. Y si no hay romance... (Pone cara de extasiado).
¡Lógico!.(Levantando
los hombros y moviendo la cabeza en señal de asentimiento) Ella se resistió, (se mimetiza a una mujer defendiéndose,
queriendo poner distancia, agarrándose las ropas como si se las quisieran
sacar, espantando con su mano una mano fantaseada sobre una teta imaginaria) que así no, que así no le gustaba (Lo
dice simulando voz de dama ofendida). La
bestia insistió, y ella lo empezó a acusar de “acoso sexual”, de que la trataba
como a un objeto. (Se sigue mimetizando con la mujer hablando casi en puntitas
de pie con cara de ofendida mientras insiste en sacarse de una teta imaginaria,
la mano supuesta del agresor) ¡Peor,
estaba loco, se excitó con la resistencia, y quiso apurar!. (Ahora se
mimetiza al hombre, pone cara de libidinoso y hace como si la agarrara del
cuello y quisiera atraerla a su boca para besarla) Ella lo empujó, entraron a forcejear hasta que la trató de frígida.
Esa, (con gesto seguro de: es lógico) Susana
no se la perdonó. Medio desnuda como estaba, agarró un cepillo de piso y le
entró a dar por todos lados (Hace la mímesis). Él trataba de cubrirse con los brazos, desesperado. Mientras, ella lo
empujaba hacia la puerta del departamento. “Palma Peluda” (así lo llaman los
muchachos) impotente, manoteaba tratando de agarrar el saco, la corbata, y
otras prendas que se había sacado (sigue con la mímesis). No hubo caso. Susana furiosa, pegaba,
pegaba y empujaba. Así que a las 2 de la madrugada se lo vio correr medio loco,
sin medias, ni saco, con un zapato menos y la corbata colgándole del bolsillo,
por Arenales y Salguero acomodándose el bulto de la bragueta. Terminó como siempre. En el baño, “manuela”
en exclusividad. ¿Se dán cuenta de por qué, algunos lo llaman “Palma Peluda”y
otros “Garúa”?. Jode, jode, pero no moja.
Acá viene Moria. ¡Más
corrida que el Pellegrini! Divorciada, sin interés en volver a encanastarse. Le
bate a quien la quiera oír, que los únicos que le interesan son los “cama afuera”.
Así las cosas, a este
gil de cuarta se le ocurrió hacerle el verso. La invitó a salir. Ella que no
deja escapar ninguna, agarró. Habrán visto, es feucho, pero con ese curro de
que “el hombre es como el oso, mientras más feo más hermoso”, de vez en cuando
roba. Lo que vino después, me lo contó él mismo.
La llevó al cine, le
garpó la entrada, la invitó a cenar a un restaurante bacán. Charlaron horas, hasta que notó que ella se ponía
incómoda. Entonces... la llevó... (Pone cara, hombros y
manos de asombro) a la casa... de ella.
La “nainfa” lo invitó a subir. El dolubo dijo que no. No quería que Moria,
supusiera que la había invitado por algún otro interés que conversar. Bueno,
conversar, lo que se dice conversar, no fue. (Gesto de cabeza levantada y
haciendo guitarreada con los dedos de la mano sobre la boca en señal de pura
cháchara) Se pasó horas hablando solo,
contándole historias de sus nobles ideales y su juventud heroica. Cuando se
negó a subir le pareció verle un gesto (gesto con boca de cara de culo) de disgusto. Pero no cazó por donde venía, así que le dio la mano (ni
un sobe el muy bolú) y rajó a dormir solari.
Solo, pero aterrado.
En una pesadilla, una mina parecida a la
Moria Casan, de enorme tamaño, lo tomaba en su mano derecha (la mano era
tan grande que todo él cabía en ella), y por una boca enorme se lo engullía.
Ahí se despertó, cagado de angustia y todo sudado.
Pero no aflojó,
esperó prolijamente al otro fin de semana y la volvió a invitar. Ella supuso
que se habría avivado. Le dijo que sí. Historia parecida. (Gesto
con cabeza, brazo, mano y dedos, de repetición de la serie) Cine, cena, auto, casa, invitación a subir.
Esta vez le aceptó. No quería que pensara que le despreciaba la casa. Así que
subieron. Ella prendió una luz tenue en
el living, puso la música de Nueve
semanas y media, le convidó un trago y se fue a “poner más cómoda”. Él se
inquietó, sin saber por qué. Un ligero temblor lo invadió (hace gesto de
encogimiento) y un poco de angustia
parecida a la del sueño, se le metió en el pecho. Ella volvió envuelta en una
bata de cama (hace un mohín femenino de seducción al público), se sentó enfrente de él, cruzó las
piernas, la bata quedó abierta, él vio
que no tenía bombacha. No supo porque,
pero le agarró por hablar sin parar. Nuevamente, de su juventud, e ideales en desuso.
Después que ella tras
varios bostezos, se quedó dormida, paró. Se paró, y cuidando el silencio, en
puntas de pie (hace gesto tipo Pantera Rosa), fue hacia la puerta, la abrió suavemente, salió, y con el mismo
cuidado la cerró y se fue a la calle. (Con desprecio)¡Bah, eso creyó! Cuando llegó a la cancel del edificio, la
encontró con llave. Las dos de la
mañana. Se quedó bajo la escalera hasta las siete. A esa hora unos pendejos
volvían de una joda. Les dio lástima.... lo dejaron salir después de muchas
explicaciones, en las que, caballerescamente silencioso, cuidó el “buen nombre
y honor” de Moria (gesto con las manos de que es un gran bolas).
La cosa fue el fin de
semana siguiente. A la salida del club la encontró y la invitó a salir. Moria lo miró con odio y asco, le sacudió un
bife, pegó los tacos, dio media vuelta y se fue. Mientras, el muy boludo, se
quedó sin entender nada. (Se muerde los labios y menea la cabeza en
señal de incomprensión y desprecio).
Goyo (Saca pecho, se balancea para un lado y para el otro
en cuartos de giro. Los brazos le penden acompañando los giros. En uno lleva
una toalla rosa. Pone ojos de pícaro Es un rostro de hombre mayor, pero con
ínfulas de joven. Lo que ha dado en llamarse un pendeviejo) -.¿Les contó lo de Pepe?. Y seguro que Pepe les contó lo de Garúa. ¡Flor de nabos!
Claro, les faltan años. ¡No como a papá! (Asustado) ¡No les digo que me sobran!, pero ya tengo unos cuantos. Y mientras más
tengo, mejor me va. (Mira para todos lados y se pone de costado para
hablarle al público. Les va a compartir un secreto).Una señora que tiene una agencia para conseguirles hombres apetecibles
a mujeres casadas disconformes, me buscó
para su catálogo. (Con cara
de triunfador, de “guacho men”) Y ahí estoy yo... No es por
guita, no. Soy cirujano plástico, así que se imaginan, con lo que gano haciéndoles
estéticas a famosos no es mosca lo que me falta. Lo que pasa es que me gustan
las mujeres. No dejo pasar una. Y no se vayan a creer que son gordas viejas las
que buscan los servicios de esta... señora. Nada de eso, todas pendejas.
Aburridas de maridos también pendejos (Se
hincha como un sapo) no tienen la
experiencia de uno. No saben hacerlas gozar. En general son de guita. Claro, si
no, no tendrían con que pagarle a la señora... ah... sí porque las que pagan
son ellas. Yo, no toco un mango. Le doy una mano a la vieja, nada más que por
placer. Encima, me consigue unos departamentos bárbaros, donde por algunos
pesos, disponemos de un turno Que pago yo. Me da no sé que hacerlas pagar a
ellas. Ya le pagan a la Celestina para que me consiga a mí.(Pone cara de
importante y el cuerpo y las piernas se inclinan como si fuera a iniciar una
marcha)¡ Así que allí voy, con voluntad
de servicio! ¡Y me acuesto con cada una! (Mira al cielo como agradeciéndole
a Dios, mientras se muerde y relame los labios) La última... ¡papito... que belleza!... la citaba en la Biela porque
me encantaba ver como se daba vuelta la gente cuando la llevaba en mi brazo.
(Cambia el gesto y le aparece cara de preocupación) Claro, los años no vienen solos y a veces la pongo tanto, que termino
teniendo alguna dificultad. (Gesto con los dedos de que no se le para) ¡Pero ahora apareció el bendito Viagra! (Con
cara de triunfo) ¡Ahora sí que estoy como
quiero, no me pierdo ninguna!. (Con
cara seria, de alguien que cuenta algo certificadamente serio) La de la Biela... está muy enamorada de mí. (Con
cara de enamorado) ¡Y que linda que es!
(Gestos de que va a relatar una historia seria y
complicada) ¡Pobrecita!... Primero me
contó que tenía de marido a un estanciero del sur, tan metejoneado con ella,
que a pesar de que se habían divorciado,
la seguía teniendo en su casa con el hijito, viviendo como una bacana. Cosa que
se notaba en las pilchas que llevaba. Pero un día, con lágrimas en los ojos me
contó la verdad que no me había contado porque le daba vergüenza.... (Pone
cara de lástima por las tribulaciones de su amada) No era estanciero, era mecánico de tractores. (Recupera cara de
importancia y dice con seguridad). Eso
sí, de altísimo nivel. Por eso viajaba frecuentemente dejándola sola. Cuando
volvía, le agarraban grandes ataques de celos y la cagaba a gritos delante del
mocoso. (Con cara de decir lo obvio, lo sobrentendido) Tenía que independizarse, irse a vivir sola con el chico. Pero... ¿Cómo
hacer? No tenía un trabajo que se lo
permitiera. Así que se le ocurrió una excelente idea, que como tengo buen
corazón le estimulé. (Pone cara de bueno) Tiene un amigo que es dueño de un importante negocio en barrio norte. Con la recesión de los 90 entró
en dificultades y le propuso a mi ángel
asociarse. Unos pocos pesos y ella tendría su ansiada libertad. Como soy de
buen corazón le di una mano. Puse unos mangos y mi firma como aval para una serie de compromisos con los
proveedores. Todo andaba cada vez mejor. El negocio no. Tiempos cada vez peores
2001, etc. (Con cara de preocupación) Así
que agregué refuerzos. Todo iba viento
en popa, hasta que le conté al Cholo. Amigo de ley si los hay. Me dijo ¡estás
loco!. ¡Te está currando!. ¿Como te comiste ese garrón?. Que marido, ni que
marido, es un fiolo, y vos... (Con cara de vergüenza) el candidato... ¿Cuánto pusiste, cuánto? La
verdad, no me animé a decirle, le mentí. Igual se escandalizó. ¡¿Cuáan...to!?!
Te está vaciando. No me animé a decirle cuanto. Tampoco creo que me animaré a
decirle a ustedes, a menos que adivinen. ¿Adivinan? (Juega a que el público
adivine). Confiesa –70 lucas, sí... 70. Sí...
un buen departamento. ¡Ayy...! (Con cara de dolor precordial. Se lleva la
mano al pecho). Tuve dos problemas.
¿Adivinan cuales?. (Vuelve al juego con el público) Finalmente relata. –Soy de corazón blando. (Hace con los
dedos el gesto) Cuatro by pass, Viagra y
paranoia casi me mandan del otro lado.
Y lo peor... la
abandoné... ya no le podía tener la
confianza de antes. Aunque les diré... no creo que me haya querido
cagar... más bien pienso que se enredó
en malos negocios... una pena... si me hubiera pedido asesoramiento...
Bueno,... pero eso ya pasó. Y aquí estoy,...
nuevamente al servicio de esposas
insatisfechas... Es más, (Con cara de “¡piola!” otra vez gestos de
compartir un secreto valioso) no se lo
digan a nadie... pero hay una criatura, que se ha enamorado perdidamente de
este “ciruja plástico”, y a mí, a mí... me está pasando algo. No... no... no me
quiero enganchar otra vez. Lo que pasa es... que esta... esta... seguro que va en serio... ¡Tendrían que verle
la cara de enamorada! En este último párrafo se estaba sacando los zapatos,
se enreda, da un par de traspiés y cae ridículamente.
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