domingo, 12 de abril de 2015


El club de los pollerudos

El escenario debe resultar apropiado para ir haciendo funcionar en él, diferentes rincones de un club, frecuentado predominantemente por hombres. Dichos rincones serán: El Vestuario, La Peluquería, El Buffet, El Campo de Golf, Los Quinchos.

La obra comienza con una primera escena, preludiada por música circense y en la cual sobre un escenario desnudo y luego de aparecer sorpresivamente come efecto de una gran pirueta, un bufón disfrazado de Joker y diciendo su parlamento al estilo de los bufones de domingo en las plazas de los burgos de la edad media, le cuenta al público:

 Señoras y señores, estimadas damas y caballeros, jóvenes, medianos, y transeúntes de edades terceras!... ¡gracias por venir! (profunda reverencia).

Les vamos ha hacer escuchar, en un rápido recorrido por diversas cuevas masculinas del Pollerudos Sporting Club, las verdades más atroces, los secretos más deleznables, las situaciones más enternecedoras... y con buena pizca de ridículo, por la que transcurren sin prisa ni pausa, esos especímenes que la tradición porteña ha llamado pollerudos y que han llegado hasta producir interés científico en eminentes doctores de nuestra parisina Buenos Aires.

Y no vayan a creer que son seres excepcionales. Nada de eso. Conviven entre nosotros cotidianamente. Cohabitan sus lechos... señoras... lavan sus platos, le tocan el traste a sus mucamas, padecen de úlcera, se indigestan con asados mientras el vino los emborracha... y... se vuelven gordos, cada vez más gordos... y pelados. Algunos no, sólo se ven afectados por las canas. Las del pelo y las que intentan “tirarse al aire”. De las que les cuentan maravillas a sus congéneres, mientras se las disimulan a sus esposas. La verdad suele estar más cerca de lo que le cuentan a estas, que de lo que le relatan a los amigos. Aspirantes al título de “latin lover”, suelen conformarse con el polvo semanal de los sábados por la noche, o los domingos por la mañana. Algunos, para batir la marca, acuden a la nueva piedra filosofal...  (fanfarria de trompetas) ...el Viagra... De estos, algunos, entre asados, vinos y Viagra... han ido a rendirle cuentas de sus proezas, al padre celestial.

Pero a no impresionarse, son inofensivos. Es más, son absolutamente normales. Estrictamente masculinos, decididos a todo, con tal de ganarse las atenciones de esos seres difíciles, enigmáticos, sorprendentes, llamados mujeres. Los pollerudos no quieren más que eso, y por eso están dispuestos a cualquier sacrificio, incluso a quedarse sin ellas...

Pero no quiero seguir, sino voy a terminar narrándoles yo, lo que ellos tienen que contarles. Además, la verdad, me tengo que ir rajando. ¡La patrona me está esperando, y... si llego tarde... quien la aguanta!

 El gallego del buffet:

 Entra al escenario tímido, mirando hacia atrás, un poco perseguido y le habla al público:  

 Destenguida concorrenzia: ostedes szabrán disculparme, yo szé que vinieron al teatro a divertirse y no a eszcuchar pálidas, pero la verdad, es questoy pudrido, no ajguanto más a estos zeñores que vienen acá. Me tienen aturdido, me llenan la cabeza de pamplinas. ¡No losz aguanto más!. Y a alguien tengo que contarles, zi no, voy a reventar. Aszi que les cuento.

Ostedes los ven entrar al club y zon una maravilla. Trajeaditos, o de elegante zport (como dicen ahora), lostraditos... afeitaditos... unos zeñores... bah!... ¡Pamplinas, todas pamplinas!, boludos szin arreglo. ¡Bah! Por ahí me fui de boca, no szon malos, no. Sólo zson pollerudos. No hacen otra cozsa que quejarse de lasz mojeresz y no pueden vivir szin ellazs.

Que a uno le metieron losz cuernosz con el mejor amigo, que al otro lo dejaron coljado, que a aquél le pidieron el divorscio y se le llevaron media fortuna... en fin, un deszastre estos coszos. Lo peor de todo es que vienen y me toman a mi de cofedente. Primero me justaba, me cajaba de la risza, pero que te la cuenten una, dosz, tresz... haszta el infinito, me llenó.

Más que... ¿la verdad?. No losz entiendo. No szé porque no lasz hacen andar derechitas. Yo a la gallega con un par e coszcorronesz, la tenju derechita. Cocsina, frieja, me atiende a los jandules, y no jode... No jode... esto me hizo acordar...

En el terruño joder se le dizse a foliar... no que así ostedes no entienden. Coger, eszo, coger... aszí le llaman osztedes. Bueh, esz el ónico problema que tenju con la gallega, no coje. O que le duele la cabeza, o que anda con el mal de ojo, o que la madre le dijo que sztaba jorda... Sziempre hay un por qué y nunnca una buena foliada, de esas que teníamos antesz que nazcan los chavales. ¡Como exztraño... eszas eran épocasz. Podíamos estar foliando deszde que nosz acosztábamos haszta lasz csenco de la mañana. Pero deszde que nazció el Manoelito, eszo sze acabó. Que nosz puede eszcochar, ¿O eszcorchar? que no szeas bruto, que sziempre querész lo meszmo. Desde que vino el Manoelito... me da vergüenza contárszelos, pero no me queda otra que la mauelita.

 Bueh... pero ála, que no esz de eszto que venía a hablarlesz, szino de losz pollerudosz que andán por acá. ¡Pero que digo, que me tengo que ir corriendo, que zse me ha hecho tarde y la Manuela me espera con la comida...y... que szi llego tarde me mata.

Aszí que... alá, metánse osztedes en el Pollerudos Sporting club, y eszcuchen con szus propiasz orejazs, vean con szus propiosz ojosz de ver, lasz hisztoriasz de esztos infelizses. 



 (Vestuario de caballeros)

I El Cagador Cagado. II Bueno, a los bifes. III El cardiópata

Sobre el fondo, se lo ve a Garúa en una ducha infinita. Canta un fragmento de Il Pagliacci.

Entra Pepe con una toalla de taparrabo y un jabón en la mano, ve la escena, se sorprende y molesta. Se da un golpe de palma en la frente. Da media vuelta y se dirige al público.

 Pepe -¡Si será sucio...!. ¡Nos cagó a todos, ni uno se salvó!. Se acapara la única que anda caliente y se queda una hora. (Medio en bolas, toallita tipo caperuza, tirita). Se le cae el jabón hacia atrás, da media vuelta y se agacha para agarrarlo, recuerda que está el público. Lo mira desconfiando, se endereza y toma la posición de salto rana, columna derecha y rodillas flexionadas. Lo agarra, se incorpora rápidamente, gira y con mirada de alivio le sigue hablando a los espectadores.

P –Así le va con las mujeres. A pesar de que... carga facha el roñoso. Empilcha, tiene auto... Cuando invita a salir a alguna, enseguida agarran. Ingenuo de mí, le presenté a Susana. Se la enganchó. Varios años separada, sola...

Pero como es mi amiga... me contó. La llevó al cine y... sorpresa. Le pidió (hace seña de puño sobre palma) para la entrada. ¡Sí será....! (Gesto de disgusto)

Ella es feminista... así que pagó. Fueron a cenar y lo mismo. Allí la Susy se entró a mufar. Pero vino de por medio, se la llevó al departamento... (con gesto de asombro) de ella. Le dijo que el de él estaba desarreglado... que vivía solo... ¡Mentira... no quiere gastar... ni luz, ni gas, y mucho menos Whisky!.

Fue medio desganada. Es feminista, pero no “come vidrio”.

Le resultó un bruto. La apuró con que no quería perder el tiempo. Enseguida quiso “ir a los bifes”. Ni un minuto de romance. Y si no hay romance... (Pone cara de extasiado).

¡Lógico!.(Levantando los hombros y moviendo la cabeza en señal de asentimiento) Ella se resistió, (se mimetiza a una mujer defendiéndose, queriendo poner distancia, agarrándose las ropas como si se las quisieran sacar, espantando con su mano una mano fantaseada sobre una teta imaginaria) que así no, que así no le gustaba (Lo dice simulando voz de dama ofendida). La bestia insistió, y ella lo empezó a acusar de “acoso sexual”, de que la trataba como a un objeto. (Se sigue mimetizando con la mujer hablando casi en puntitas de pie con cara de ofendida mientras insiste en sacarse de una teta imaginaria, la mano supuesta del agresor) ¡Peor, estaba loco, se excitó con la resistencia, y quiso apurar!. (Ahora se mimetiza al hombre, pone cara de libidinoso y hace como si la agarrara del cuello y quisiera atraerla a su boca para besarla) Ella lo empujó, entraron a forcejear hasta que la trató de frígida. Esa, (con gesto seguro de: es lógico) Susana no se la perdonó. Medio desnuda como estaba, agarró un cepillo de piso y le entró a dar por todos lados (Hace la mímesis). Él trataba de cubrirse con los brazos, desesperado. Mientras, ella lo empujaba hacia la puerta del departamento. “Palma Peluda” (así lo llaman los muchachos) impotente, manoteaba tratando de agarrar el saco, la corbata, y otras prendas que se había sacado (sigue con la mímesis). No hubo caso. Susana furiosa, pegaba, pegaba y empujaba. Así que a las 2 de la madrugada se lo vio correr medio loco, sin medias, ni saco, con un zapato menos y la corbata colgándole del bolsillo, por Arenales y Salguero acomodándose el bulto de la bragueta.  Terminó como siempre. En el baño, “manuela” en exclusividad. ¿Se dán cuenta de por qué, algunos lo llaman “Palma Peluda”y otros “Garúa”?. Jode, jode, pero no moja.

 
Mientras, “Palma Peluda –Garúa·, ha ido saliendo de la ducha. Pepe   corre presto a meterse en ella antes que algún otro, se la birle. “Mano...” se le cruza y lo saluda efusiva y solemnemente, lo que resulta ridículo en virtud del apuro de Pepe, de su evidente animadversión y de que ambos están casi desnudos. Pepe, lo más cortésmente que la situación permite se lo saca de encima y se zambulle bajo la ducha. “Mano” entra en diálogo con el público, mientras prolija, despaciosamente, y con exagerados cuidados porque no se le vean las partes pudendas, se seca, y comienza a ponerse la ropa sentado en un banco largo de vestuario.

 Mano -¡Que bolu....! Seguro que los verseó. ¡Lo mata la envidia!. Como no calza esta pinta que Dios me dio..., ni mi parla (cejas levantadas, cara de canchero, manos y dedos concordantes con desprecio, gesto de vendedor de diarios –mano de costado sobre el costado de la boca, cabeza ligeramente ladeada y mirando a la primera fila desde arriba, como sobrando a Pepe) Es un perdedor... siempre pierde. Claro, la  juega de bueno. Él nunca aprieta, no vaya a ser que las mujeres piensen mal de él. (Con cara de no poder creer) ¡Que boludo...!. Muchas  creen que es trolo. (Con la convicción del que “se las sabe todas”) Pero no, no lo es. Le conozco hasta el color de los calzones. Tantos años viniendo acá... Le juno cada historia... Todas parecidas. ¿Les bato una?.

Acá viene Moria. ¡Más corrida que el Pellegrini! Divorciada, sin interés en volver a encanastarse. Le bate a quien la quiera oír, que los únicos que le interesan son los  “cama afuera”.

Así las cosas, a este gil de cuarta se le ocurrió hacerle el verso. La invitó a salir. Ella que no deja escapar ninguna, agarró. Habrán visto, es feucho, pero con ese curro de que “el hombre es como el oso, mientras más feo más hermoso”, de vez en cuando roba. Lo que vino después, me lo contó él mismo.

La llevó al cine, le garpó la entrada, la invitó a cenar a un restaurante bacán. Charlaron  horas, hasta que notó que ella se ponía incómoda. Entonces... la llevó... (Pone cara, hombros y manos de asombro) a la casa... de ella. La “nainfa” lo invitó a subir. El dolubo dijo que no. No quería que Moria, supusiera que la había invitado por algún otro interés que conversar. Bueno, conversar, lo que se dice conversar, no fue. (Gesto de cabeza levantada y haciendo guitarreada con los dedos de la mano sobre la boca en señal de pura cháchara) Se pasó horas hablando solo, contándole historias de sus nobles ideales y su juventud heroica. Cuando se negó a subir le pareció verle un gesto (gesto con  boca de cara de culo) de disgusto. Pero no cazó por donde venía, así que le dio la mano (ni un sobe el muy bolú) y rajó a dormir solari.

Solo, pero aterrado. En una pesadilla, una mina parecida a la  Moria Casan, de enorme tamaño, lo tomaba en su mano derecha (la mano era tan grande que todo él cabía en ella), y por una boca enorme se lo engullía. Ahí se despertó, cagado de angustia y todo sudado. 

Pero no aflojó, esperó prolijamente al otro fin de semana y la volvió a invitar. Ella supuso que se habría avivado. Le dijo que sí. Historia parecida. (Gesto con cabeza, brazo, mano y dedos, de repetición de la serie) Cine, cena, auto, casa, invitación a subir. Esta vez le aceptó. No quería que pensara que le despreciaba la casa. Así que subieron. Ella prendió  una luz tenue en el living, puso la música de Nueve semanas y media, le convidó un trago y se fue a “poner más cómoda”. Él se inquietó, sin saber por qué. Un ligero temblor lo invadió (hace gesto de encogimiento) y un poco de angustia parecida a la del sueño, se le metió en el pecho. Ella volvió envuelta en una bata de cama (hace un mohín femenino de seducción al público), se sentó enfrente de él, cruzó las piernas,  la bata quedó abierta, él vio que no tenía  bombacha. No supo porque, pero le agarró por hablar sin parar. Nuevamente, de su juventud, e  ideales en desuso.

Después que ella tras varios bostezos, se quedó dormida, paró. Se paró, y cuidando el silencio, en puntas de pie (hace gesto tipo Pantera Rosa), fue hacia la puerta, la abrió suavemente, salió, y con el mismo cuidado la cerró y se fue a la calle. (Con desprecio)¡Bah, eso creyó! Cuando llegó a la cancel del edificio, la encontró  con llave. Las dos de la mañana. Se quedó bajo la escalera hasta las siete. A esa hora unos pendejos volvían de una joda. Les dio lástima.... lo dejaron salir después de muchas explicaciones, en las que, caballerescamente silencioso, cuidó el “buen nombre y honor” de Moria (gesto con las manos de que es un gran bolas).

La cosa fue el fin de semana siguiente. A la salida del club la encontró  y la invitó a salir.  Moria lo miró con odio y asco, le sacudió un bife, pegó los tacos, dio media vuelta y se fue. Mientras, el muy boludo, se quedó sin entender nada. (Se muerde los labios y menea la cabeza en señal de incomprensión y desprecio).

 Mientras “Palma Peluda” hablaba, entró un tercer personaje que lo saludó confianzudamente. Hombre de “la tercera edad”, conserva sin embargo cierta prestancia, que se hace evidente, se esfuerza en no perder. Prolijamente vestido con traje, chaleco, camisa, y corbata. Caros, pero bizarramente combinados en lo que hace a colores y dibujos, se sentó en la otra punta de banco y despaciosa, prolijamente, comenzó a desvestirse, mientras Garúa, avanza hasta terminar su monólogo. Cuando se va, el nuevo personaje, que ha ido escuchando, está con camisa, corbata, chaleco, calzoncillos box, medias con ligas  y zapatos (sin pantalones), un poco despeinado. Habla desde esa imagen.

Goyo (Saca pecho, se balancea para un lado y para el otro en cuartos de giro. Los brazos le penden acompañando los giros. En uno lleva una toalla rosa. Pone ojos de pícaro Es un rostro de hombre mayor, pero con ínfulas de joven. Lo que ha dado en llamarse un pendeviejo) -.¿Les contó lo de Pepe?. Y seguro que  Pepe les contó lo de Garúa. ¡Flor de nabos! Claro, les faltan años. ¡No como a papá! (Asustado) ¡No les digo que me sobran!, pero ya tengo unos cuantos. Y mientras más tengo, mejor me va. (Mira para todos lados y se pone de costado para hablarle al público. Les va a compartir un secreto).Una señora que tiene una agencia para conseguirles hombres apetecibles a mujeres casadas disconformes, me buscó  para  su catálogo. (Con cara de triunfador, de “guacho men”) Y ahí estoy yo... No  es por guita, no. Soy cirujano plástico, así que se imaginan, con lo que gano haciéndoles estéticas a famosos no es mosca lo que me falta. Lo que pasa es que me gustan las mujeres. No dejo pasar una. Y no se vayan a creer que son gordas viejas las que buscan los servicios de esta... señora. Nada de eso, todas pendejas. Aburridas de  maridos también pendejos (Se hincha como un sapo) no tienen la experiencia de uno. No saben hacerlas gozar. En general son de guita. Claro, si no, no tendrían con que pagarle a la señora... ah... sí porque las que pagan son ellas. Yo, no toco un mango. Le doy una mano a la vieja, nada más que por placer. Encima, me consigue unos departamentos bárbaros, donde por algunos pesos, disponemos de un turno Que pago yo. Me da no sé que hacerlas pagar a ellas. Ya le pagan a la Celestina para que me consiga a mí.(Pone cara de importante y el cuerpo y las piernas se inclinan como si fuera a iniciar una marcha)¡ Así que allí voy, con voluntad de servicio! ¡Y me acuesto con cada una! (Mira al cielo como agradeciéndole a Dios, mientras se muerde y relame los labios) La última... ¡papito... que belleza!... la citaba en la Biela porque me encantaba ver como se daba vuelta la gente cuando la llevaba en mi brazo. (Cambia el gesto y le aparece cara de preocupación) Claro, los años no vienen solos y a veces la pongo tanto, que termino teniendo alguna dificultad. (Gesto con los dedos de que no se le para) ¡Pero ahora apareció el bendito Viagra! (Con cara de triunfo) ¡Ahora sí que estoy como quiero, no me pierdo ninguna!.  (Con cara seria, de alguien que cuenta algo certificadamente serio) La de la Biela... está muy enamorada de mí. (Con cara de enamorado) ¡Y que linda que es!

(Gestos de que va a relatar una historia seria y complicada) ¡Pobrecita!... Primero me contó que tenía de marido a un estanciero del sur, tan metejoneado con ella, que a pesar de que se habían  divorciado, la seguía teniendo en su casa con el hijito, viviendo como una bacana. Cosa que se notaba en las pilchas que llevaba. Pero un día, con lágrimas en los ojos me contó la verdad que no me había contado porque le daba vergüenza.... (Pone cara de lástima por las tribulaciones de su amada) No era estanciero, era mecánico de tractores. (Recupera cara de importancia y dice con seguridad). Eso sí, de altísimo nivel. Por eso viajaba frecuentemente dejándola sola. Cuando volvía, le agarraban grandes ataques de celos y la cagaba a gritos delante del mocoso. (Con cara de decir lo obvio, lo sobrentendido) Tenía que independizarse, irse a vivir sola con el chico. Pero... ¿Cómo hacer? No tenía un trabajo  que se lo permitiera. Así que se le ocurrió una excelente idea, que como tengo buen corazón le estimulé. (Pone cara de bueno) Tiene un amigo que es dueño de un importante negocio  en barrio norte. Con la recesión de los 90 entró en dificultades y  le propuso a mi ángel asociarse. Unos pocos pesos y ella tendría su ansiada libertad. Como soy de buen corazón le di una mano. Puse unos mangos y mi firma como aval  para una serie de compromisos con los proveedores. Todo andaba cada vez mejor. El negocio no. Tiempos cada vez peores 2001, etc. (Con cara de preocupación) Así que agregué  refuerzos. Todo iba viento en popa, hasta que le conté al Cholo. Amigo de ley si los hay. Me dijo ¡estás loco!. ¡Te está currando!. ¿Como te comiste ese garrón?. Que marido, ni que marido, es un fiolo, y vos...  (Con cara de vergüenza) el candidato... ¿Cuánto pusiste, cuánto? La verdad, no me animé a decirle, le mentí. Igual se escandalizó. ¡¿Cuáan...to!?! Te está vaciando. No me animé a decirle cuanto. Tampoco creo que me animaré a decirle a ustedes, a menos que adivinen. ¿Adivinan? (Juega a que el público adivine). Confiesa –70 lucas, sí... 70. Sí... un buen departamento. ¡Ayy...! (Con cara de dolor precordial. Se lleva la mano al pecho). Tuve dos problemas. ¿Adivinan cuales?. (Vuelve al juego con el público) Finalmente relata. –Soy de corazón blando. (Hace con los dedos el gesto) Cuatro by pass, Viagra y paranoia casi me mandan del otro lado.

Y lo peor... la abandoné...  ya no le podía tener la confianza de antes. Aunque les diré... no creo que me haya querido cagar...  más bien pienso que se enredó en malos negocios... una pena... si me hubiera pedido asesoramiento...

 Bueno,... pero eso ya pasó. Y aquí estoy,... nuevamente al servicio  de esposas insatisfechas... Es más, (Con cara de “¡piola!” otra vez gestos de compartir un secreto valioso) no se lo digan a nadie... pero hay una criatura, que se ha enamorado perdidamente de este “ciruja plástico”, y a mí, a mí... me está pasando algo. No... no... no me quiero enganchar otra vez. Lo que pasa es... que esta... esta...  seguro que va en serio... ¡Tendrían que verle la cara de enamorada! En este último párrafo se estaba sacando los zapatos, se enreda, da un par de traspiés y cae ridículamente.

 
 

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