La jaula
El grueso de la
acción transcurre en Buenos Aires, en los alrededores de 1967.
Obra en 3 actos.
Personajes: Ofelia
JF
Romero
Polo
María
Julián
Ministro
Periodista 1
Periodista 2
Juliana
Locutor de noticiero de TV
Abel
Sargento 1ºBermudez
Capitán Gandolfo
Cabo 1º Hernandez
Conductor de noticiero de TV
Virginia
José
Loco 1
Loco 2
Loca
Sombra femenina 1
Sombra femenina 2
El escenario será organizado en tres zonas. Lo describiré desde
la mirada del espectador.
En el ángulo posterior izquierdo a pende
una gran pantalla para
proyectar DVD. En el posterior derecho b en una tarima elevada, grande, circular, se desarrollarán
las escenas que impliquen a la "cárcel
del pueblo", la casa de Ofelia, la casa de los padres de Gabriel, el refugio guerrillero en el que será
ejecutado Gabriel. En un rectángulo al
frente y a la izquierda
c, transcurrirán las escenas que impliquen al comando
guerrillero, a la familia de la
secuestrada, y al destacamento de las
fuerzas combinadas. Cada área en el
orden que las describí las nombraré como
a, b, c.
Habrá escenas en
que se utilizará
el escenario íntegro, acondicionado convenientemente, por
decorados y juegos de luces y sombras.
Pueden ser representados varios personajes por un
mismo actor o actriz. De ocurrir
así, considero conveniente que
cada uno personifique a los
que resultan simétrica y
equivalentemente opuestos.
Acto I
Escenario a oscuras,
se va iluminando despaciosamente b. Una
mujer delgada, menuda, de edad
indefinible, con un maquillaje
blanco-muerte, ojos escasos,
mirada mortecina, cabello entrecano. Sobre el centro de la tarima cuelga una hermosa
pajarera con un sólo y gran
pájaro que ante las maniobras de la mujer
aletea asustado.
Despaciosa y ritualizadamente, ella retira el
alpiste, lo limpia soplándolo, agrega más con una bolsita, abre la
puertita, mete su mano, saca el recipiente del agua, lo
vuelca, agrega líquido de una
jarra, abre la puerta nuevamente,
introduce el recipiente, cierra la puerta, saca la chapa que hace
de piso
y con una espátula
la limpia para luego meterla
nuevamente. En fragmentos de esta maniobra tiene la impresión de haber
errado un paso, lo que es grave, pues toda la labor tiene que
seguir un orden preciso e incorregible.
Invadida por la sensación de haberse equivocado tiene que recomenzar nuevamente
todo. Esta acción se va repitiendo
en un silencio
sepulcral hasta que
se torne insoportable para la
actriz y el público. En ese punto la luz, que con intensidad
media, había estado exclusivamente sobre los dos personajes -la mujer y el pájaro-, se
apaga.
Se enciende abruptamente la pantalla de video en
la que se proyectan con
fuerte sonido y vertiginosamente,
fragmentos de noticiosos (en
blanco y negro) en los que la policía apalea a una manifestación. En otra, un cortejo fúnebre lleva el ataúd de un
manifestante muerto. En una tercera es
mostrada una fiesta en un club “exclusivo”
con concurrencia sonriente, elegante, acelerada y sobreactuada. Música de fondo "Another
Brick In
The Wall (Part.II) de
Pink Floyd The
Wall, in crescendo.
La proyección y la música
cesan bruscamente. Escenario a oscuras
durante unos 30 segundos.
Se enciende la luz en
b. Tirado de cara al suelo está, con
cara y postura de terror, Abel, representado por la actriz que luego representará a Juliana. En esta escena estará caracterizada
como adolescente de
sexo masculino. El sargento primero Bermúdez le apunta a la cabeza mientras el Capitán Gandolfo y el Cabo
1° Hernandez, buscan afanosamente algo o alguien, golpean con los nudillos las paredes buscando
sonido a hueco, dan vuelta el recinto:
almohadones, libros, diarios,
muebles. Todos vestidos sin uniforme, de civil.
El
capitán, se vuelve con cara
de hartazgo y odio hacia el cabo.
Habla con voz y modulación militar que
se mantendrá en todas
sus participaciones.
CG: -Córtela
Hernandez, se acabó. Acá
no está.
El cabo
asiente con la cabeza y deja
de buscar. Mientras, el capitán
se dirige al sargento con voz firme:
-Bermudez, boletéalo. Que sirva de escarmiento.
Sin inmutarse, como
un autómata, el sargento dispara. Abel hace
una convulsión por el impacto en la cabeza, expira y se afloja, murió. El cabo contrae la cara en gesto de
sorpresa y dolor.
El capitán hace ademán de retirada, y secamente dice:
CG: -Hernandez, cárguelo y nos vamos.
Se retiran
llevándose cargado sobre los
hombros de Hernandez al cadáver,
con los brazos colgando por detrás de la espalda de éste. Las luces se apagan lenta y
progresivamente.
Lentamente, un cono
de luz mortecina, como de garito, ilumina
la escena en c. Mesa de
comedor ("look" de los 60).
Están sentados el jefe (Jf),
Romero y Polo. De fondo se escucha con una potencia que no tape los parlamentos, pero que resulte
claramente audible para los
espectadores, el ulular de
sirenas policiales y de
ambulancias. Están sentados
alrededor de la
mesa en pose circunspecta, preocupada,
Romero y Jf. Polo en
actitud de atender servilmente los aspectos domésticos de la
reunión y la seguridad de la misma, lleva a ojos vista una
pistola en una sobaquera . No interviene
en los diálogos, a la vez
que atiende solícitamente su
función. Sirve café, trae facturas, seca
café volcado, mira por la
ventana, lava los pocillos en un
simil kitchinette, etc., con un sinfín de movimientos disonantes
por lo rutinarios, con el monólogo
desarrollado por Jf. Se evidencia
que le resulta una escena, repetida muchas veces en el día. Mientras
Jf despliega su
discurso, Romero lo mira
a los ojos,
como hipnotizado.
Jf (habla
ansiosa y exaltadamente): -Lo tenían
inmovilizado, atado con las manos y los tobillos en la espalda y la
soga pasada alrededor del cuello,
acostado de cara al piso. Yo veía
todo desde el "embute". A pesar de que dieron vuelta la casa no
me habían encontrado. En eso, el oficial al mando, le dice al sargento
que lo tenía
a Gabriel apuntándole
a la cabeza, -boleteálo- y el sargento, sin decir
agua va, disparó. Te imaginás, a esa distancia y con una 45, le reventó el
mate. No lo podía creer, sentí que me
estallaba el bocho, vi todo negro, sentí
como un silbido y que caía en un pozo
interminable, mientras se me retorcía
el estómago y me empapaba un sudor
frío. Cuando recuperé el
conocimiento, ya no había nadie. Al cadáver, se lo
habían llevado. En el suelo, donde supongo que rebotó
la bala quedó una gran mancha de
sangre con pedacitos de sesos pegados al piso
astillado. Evidentemente le
atravesó "la cabeza de lado a lado
(párrafo dicho rápidamente, sin
respirar, el siguiente, solemne) Bueno, se hace evidente que se acabó la
joda, lo que se viene es a muerte. Esto
fue una advertencia, se ve que les dio
en las pelotas que levantáramos al embajador.
(Mientras Jf. habla, Romero se revuelve incómodo y nervioso en su lugar mientras pita ansiosamente su cigarrillo. Polo, a pesar de su
mecanización, hace rictus de "touché" en
los puntos más siniestros del discurso de Jf) Se apagan las luces secamente.
Se enciende la pantalla en a. Con "look" televisión en blanco y negro década 60/70, un conductor de noticiero
usando voz y gesto serio, informa:
-...Alertados
por los vecinos
que habían escuchado
ruidos extraños y un
disparo, las fuerzas
combinadas se hicieron presentes en el lugar, encontrando
el departamento absolutamente revuelto como
si los asesinos hubieran buscado
algo antes de retirarse
del mismo. Esa evidencia, y el hecho de
que según rastros, un
delincuente terrorista subversivo
fue rematado amarrado de la misma manera con la que habitualmente lo
hacen los delincuentes
terroristas subversivos, hizo pensar a
fuentes confiables, que se estaría ante el desenlace de un pleito
interno de la organización de
delincuentes terroristas subversivos. La
que sería la razón de la desaparición del cuerpo del
occiso, cuya sustracción
estaría destinada a borrar
huellas que pudieran servir para esclarecer los hechos.(Se
apaga la pantalla)
Se encienden
las luces en b
donde se
asiste a una
escena desgarradora. Virginia, madre de Gabriel, deshecha en llanto está sentada
en un sillón viejo, reclinada en brazos de
José, su marido que la acaricia
tiernamente mientras le habla
conteniendo el llanto:
José: -Convencéte. Desgraciadamente es así. Vino a
contármelo uno de sus compañeros, el más
alto, ¿te acordás? Me esperó en la parada
del colectivo que tomo en Morón cuando bajo del tren. Estaba asustado, como apurado, miraba para todos lados. Me dijo que
el responsable presenció todo
sin poder hacer nada. Que
por la
posición del cuerpo y como pendía cuando se lo llevaron, es
seguro que murió en el acto...
Virginia: (desesperada)
-no, no... No puede ser... pobrecito... ¿por… qué...? -¿por qué?...
J:
(En otra
sintonía. Explicativo) -No hay por
qué, son
unos criminales...es historia antigua...
V:
(A ella no le importa la explicación,
ella lo que quiere, es reparar
lo irreparable) -Hay
que hacer algo...esto no
puede quedar así, tenemos que encontrarlo...
J: (Sigue
concreto, práctico. No como ella, que quiere creer en sus propios deseos) -ya
recorrí comisarías y hospitales, fui
al ministerio del interior y en
todos lados dicen que no saben nada...
V:
(Incrédula ante lo ilógico) -Como no van a saber, si
fueron ellos...
J:
(Rendido ante lo inmodificable) –Bueno, pero
eso, te dicen lo que te dicen...
V: (Subiendo
de tono) -¡¿Y te vas a quedar con lo que
dicen!?
J:
(Tratando de calmarla) -¿Y qué otra cosa
puedo hacer?... en el ministerio
me dijeron además, que no
haga escándalos. Que hay grupos que están fuera de control y nos
pueden dañar...
V: (A
esta altura enfurecida) -¡Como si no nos
hubieran dañado! ¿No te das cuenta que han hecho desaparecer a nuestro hijo?
J: (poniéndose
más duro) -Pará Virginia, pará. Por más
que grites no lo vas a resucitar...
V: (Revolviéndose
como una tigresa herida) -¡¿Y qué, ni
derecho a gritar me vas
a dejar...!? Justo vos me lo decís, que por tu
culpa Gaby, se metió en eso...
J: -¡¿En eso que!? Estás loca Virginia, ¿qué te
pasa? En eso qué... (Duda
un momento) ¿A qué te referís?
(Dolido) ¿A que siempre
me quejé de las injusticias? ¿A que estuve en la resistencia después del 55?
V: -(Agresiva)
¡Hubieras ido vos, en vez de dejarlo ir a
él!
J: (Sorprendido)
-¡Dejarlo ir...! ¿Adonde?
V: -Vos bien sabés... a meterse en lo que se
metió. Si esas eran tus ideas, ¿por qué no te jugaste vos? ¿Por qué tuvo que
ser el chico? Mirá lo que pasó...
J: -Pero... y... quien... ¿Quién te dijo que yo
lo mandé? Cuantas veces
se lo discutí. Le dije que iban
al muere, que no era lo
mismo, pero no me hizo caso...
V:
(Serenándose y con firmeza) -Bueno... está bien,
está bien paremos. Pero... voy
a gritar donde
y todo lo
que sea necesario. ¿No te das
cuenta que es lo único que nos queda?
¿¡Como sabés que está muerto,
porque te lo dijo un chico como él, muerto de miedo!? ¿Acaso vistes el cadáver?
Sabé que no voy a parar hasta que esto
se aclare. Vos si querés quedáte, pero a mi me lo van a devolver...
(Mientras las luces
se apagan despaciosamente, al mismo compás se escucha -no se las ve- a un coro
de mujeres que se aleja gritando sufridamente,
no demasiado alto, pero obstinadamente
-aparición con vida,
aparición con vida,
con vida los llevaron, con vida los queremos…
(Breve intervalo)
II Acto
Se encienden luces a
todo brillo en c. La acción
transcurre en un coqueto living. Suena
un teléfono. María con
desesperación va a agarrarlo pero le gana de mano Julián (personaje vestido de época, elegantemente) toma
el tubo con el odio
reflejado en la cara. Con
características telefónicas se
escucha en off, imperativa la voz de Jf. De la misma manera que en el
episodio 2, ululan sirenas policiales y de ambulancias, como saliendo
del auricular del teléfono. En consecuencia, se interrumpen cuando se
corta la llamada telefónica. Escena de
alta intensidad dramática)
Jf: -¡Se acaban los tiempos! ¡O pagan o no la
ven más!
Julián: -¡Hijos de puta, no saben con quien se
metieron! No van a ver un peso...
Jf:-Miserable, entonces no vas a ver más a tu hija...
(Mientras, el
rostro de María, señora
de unos
cuarenta y tantos años, elegantemente vestida
de calle, se ha ido descomponiendo
y le disputa el teléfono al
marido hasta que se lo arranca)
M: -(desesperada)
-¡Por favor! esperen, no le hagan daño,
yo lo voy a convencer...
Jf: -(advierte que se encuentra con una interlocutora en
otra posición , cambia también
de tono y
explicativamente, casi
suplicante dice) Se acaban los tiempos señora,
hace mucho que estamos
en esto, ya se torna muy peligroso para
nosotros, haga algo o vamos a
tener que terminar...
M: -¡No! ¡No!... ¡No…!
(Se escucha el clack del corte telefónico
proveniente del otro lado)
M: -¡Estás loco!...la van a matar...es tu
hija...
Jan: (Despreciativamente desconfiado) -Mi hija, mi hija... ¡flor de
loca!... eso le pasa por andar con esos
piojosos estudiantes de filosofía.
Mirá María, una Berdiales
Jerez...(en pose y tono de arenga
patriótica) si el abuelo se levantara de
su tumba... echó al indio de la
Patagonia... para que esta mocosa se revuelque con los que
nos quieren quitar las tierras, para
dárselas a esos negros de mierda...
M: -Estás loco Julián...es tu hija...
Jan: (Más
desconfiado aún. Con una desconfianza odiante que lo salva de la angustia)
-Mi hija, mi hija, que se yo si es mi hija. Ya te lo
dije muchas veces, buena loca eras vos...
M: - (Espantadamente sorprendida)
-¿Qué estás insinuando?
¿Qué te pasa? ¿No hay nada más importante para vos qué tu
dinero? ¿¡Qué estás queriendo decir?!
Jan: (Enroscadamente resentido)
-Mi dinero...mi dinero... justamente...por él
te casaste conmigo. Ni aún
hoy sé, si dejaste
de acostarte con ese maestrito imbécil
con el que andabas. ¿Qué se yo, si ella es mi hija,
o la hija de ese ganso? Ahora te querés hacer la desprendida. Es fácil ser
desprendida con el dinero de otro...Pero
sabélo bien, (vuelve al tono de
arenga) para mi
no es una cuestión de dinero,
es una cuestión
de principios, un Berdiales Jerez no se rinde ante una colección de estudiantitos y de negros motosos.
(Se apaga
la luz mientras se escucha un
grito desgarrador de María)
M: -¡Juliaaaann...!
En la pantalla,
aparece un noticioso de televisión, estilo período 60/70, antes de la
televisión color. Un enjambre de periodistas rodea al ministro del interior de turno. Lo
interrogan ansiosamente.
Periodista
1:
-¿Señor ministro, que novedades hay en el
caso de la chica Berdiales?
Ministro: (con voz
afectada y acentuación
aristocrática) -Berdiales
Jerez, querrá decir. Tenemos pistas
seguras y en cualquier momento se va a aclarar el
caso...
Periodista 2: -Pero
señor ministro, los tiempos
corren y la pueden matar...
Mtro: (En
tono de arenga educativa) -Mire señor,
una vida es muy importante, pero acá hay algo superior, está en juego el
destino de la Patria. Si se cede,
los delincuentes subversivos exigirán cada
vez más y entonces ya no será una vida,
será la Patria misma la que estará en peligro...
(La pantalla
se apaga mientras las voces arremolinadas de los
periodistas exigiendo explicaciones, se van distanciando
hasta apagarse también)
Después de unos 30 segundos, se ilumina
mortecinamente b. Ofelia sigue con su
labor ritualizada. Mientras
está metiendo el recipiente
del agua, se escucha a su voz, que
ella acompaña con gestos. Sus pensamientos se escuchan desde su voz en
off:
Ofelia: -Oh! me parece que rocé el borde. ¿O no? Me
parece que sí, por si acaso, tengo que empezar otra vez. Los
bordes, son lo más peligroso... (Deja el
recipiente en la
jaula y retoma
el de alpiste reiniciando toda
la maniobra. Se silencia la voz
y durante un minuto más o menos continúan obsesiva y
tediosamente los rituales mientras suena la marcha fúnebre de Beethoven que
muy suavemente había comenzado un
crescendo al inicio de la escena) Las luces se apagan, la marcha sigue sonando
un cierto tiempo, sin ir más allá de un
volumen medio.
Se enciende
nuevamente la luz en b. La acción
transcurre en una de las llamadas (en esa época) cárceles del pueblo. Dentro de su
perímetro está recostada
de costado, sobre
almohadones, Juliana. Tiene
atadas las manos y los tobillos por detrás
con una misma cuerda que
pasa además alrededor
de su cuello imposibilitándole cualquier
movimiento, ya que de hacerlo tensaría la
misma alrededor de la garganta. Está
atada igual a Gabriel en la 1ª
escena. (A pesar de la situación y dentro de los límites de la misma, Juliana tiene gestos frescos, gráciles, como si supusiera que la situación en que se
halla es salvable. Es alguien acostumbrada a ser hija de un hombre
con poder económico, y por lo tanto,
con la idea de ser intocable. Romero, encapuchado,
le está dando de comer en la
boca. Sobre un almohadón una pistola indica el
alerta. Con las
características antes indicadas,
se escucha lejano, el rumor de sirenas.
Juliana:
(manifestando dolor, pide seductoramente) -Dale,
soltáme las manos...ya hace muchos días
que me tienen así, se me están llagando las muñecas, me duele la espalda. Soltarme
una vez
por día para desentumecerme,
es muy poco. Total,
¿qué puedo hacer? ¿Adónde querés
que vaya? Además,
ustedes son varios... están armados, soy
mujer... ¿Qué puedo hacer? No viste
que cuando me aflojan
apenas si puedo caminar...dáale, aunque sea soltáme las manos.
Romero: (secamente,
pero no sin algo de vacilación) -Calláte
y comé.
Jna. (Entre incrédula y seductora) -¿Por qué sos tan malo? ¿Qué te
hice? ¿No ves que se me lastiman las muñecas? ¿Cómo querés que coma así? (a
la vez toma un bocado y mastica) Me cae
mal...
Romero insiste con la cuchara. Ella voltea el rostro
en un mohín de disgusto. Pierde el equilibrio y cae. Romero,
presto, deja el plato, la cuchara y la levanta, reacomodándola cuidadosamente.
A pesar que ella se resiste sin violencia
y diciendo seductora y casi infantilmente:
Jna -No, no, no (Sacudiendo
la cabeza en signo de negación)
Romero desconcertado, la toma firmemente de los
hombros y en un gesto seco, duro, a la
vez que cuidadoso, la intíma.
Rro. -¡Quedáte quieta, querés! Tenés que comer.
¿Qué vas a ganar no comiendo?
Jna. (Con un mohín que indica susto y dolor, pero sin
dejar de
resultar caprichoso y seductor) -Que
me desates...
(Romero hace un movimiento de
hombros como diciendo: "esta mina
es imposible" Deja el plato y la cuchara -único
cubierto- le afloja las cuerdas y
se las desenlaza del cuello a la vez que
la ayuda a incorporarse, sentándola pero sin soltarle las ligaduras de
los tobillos, aunque sí, soltándole las de las muñecas. Luego recomienza a
alimentarla. Ella, fresca, agradecida, sorpresivamente, lo
besa. Para hacerlo, se impulsa apoyando sus manos por detrás,
en el suelo. Él, sorprendido le
presupuso al gesto una amenaza
y salta hacia atrás. En el salto la empuja con el
codo del brazo que sostenía el
plato. Ella se golpea y grita, más que
por dolor por susto, rompiendo a llorar.
Jna: (Llorando)
-¡Que bruto, que bruto!...
(Romero desesperado,
dolido en el alma, suelta el
plato, la cuchara, y presuroso la
toma entre sus brazos, la reincorpora,
le levanta la cara, le pregunta con ternura)
Rro: -¿Te
hiciste daño?
Jna: (enojada a
la vez que
sorprendida por el
repentino ablandamiento de su carcelero, le dice con tono tierno,
mimoso) -Sos un bruto...
Rro: (Disculpándose, a la vez que retándola) -¡¿Sos loca, como haces eso?! ¿¡Te querés
ligar un balazo?!
Jna: -¡¿Un
balazo...!? ¿¡Por un beso?
Rro: -Que
beso, ni que beso. ¿Y si te querías escapar?
Jna: (Enojada) -Es... capar... pero vos estás obsesionado...
¿Cómo? ¿Me querés decir cómo?
Rro: (Ablandándose nuevamente)
-Disculpáme. Lo que pasa es que
esto se extiende demasiado y estamos todos cada vez más tensos.
Jna: (entre
ingenua y lógica) -¿Y porque no me
sueltan?
Rro: (La mira
sorprendido, como quien
se encuentra con
un marciano) -Como te vamos a
soltar. Ya te conté el otro día que tu
viejo no quiere pagar el rescate.
Jna: (Segura, a la
vez que asustada por eso mismo) -Yo ya te
dije que no le van a sacar un peso. Es
un miserable, y además no me quiere, ni
nunca me quiso. Antes de soltar un mango por mí, va a
preferir que hagan lo que quieran conmigo. Para él siempre fui una
carga y una oveja negra por izquierdista. A él lo único que le
importa es su dinero y mi vieja. Yo soy un estorbo para
él...
Rro: (La
mira incrédulo) -Vos estás loca, sos la
hija. ¿Cómo no va a pagar?
Jna:
(Bruscamente entristecida, apagada) -Si
de él dependo, si no cuento con la
clemencia de ustedes, soy mujer muerta...
Rro: (como un
resorte) -No, eso no, yo no lo
permitiría (se sorprende de
lo que dijo y quiere arreglarlo) -Sabés
que pasa, la policía te está
buscando por todos lados, y
si te encuentran, podemos ser boleta vos y todos
nosotros...
Jna: -Yo... ¿Por qué? ¿Que hice?
Rro: -¡Ah...sí!
No te das cuenta que si nos encuentran
sos la última posibilidad de que
salgamos vivos y libres...
Jna: -¿Cómo, por qué?
Rro: -Si te llevamos entre nosotros, no van a
tirar por temor a matarte a vos…
Jna: -¿Y si disparan igual?
Rro: -Y... una bala, te puede dar. Y te pueden
matar, tanto como a nosotros...
Jna: -¿Entonces?
Rro: -Que si disparan igual...
Jna: -También muero yo. Pero, pero... ¿Por qué? ¿Qué
culpa tengo yo?
(La tensión y la
angustia han ido creciendo en ambos)
Rro: -(desconcertado) ¿Cuulpa...? No,
no es eso...Lo que pasa es que si nos encuentran, sos nuestro único
escudo...
Jna: (Horrorizada)
-¿Me usarías de escudo para salvar tu
vida?
Rro: (Sorprendido
de sí mismo por lo que ella le hace
notar que dijo, busca
recomponerse. Casi ofendido) -No es mi
vida, se trata de la revolución...
(Romero, que hasta
ese momento la tuvo en sus brazos tratando
de calmarla, la deja suavemente, incorporada, semi sentada apoyada en
sus propias manos. Trata de rearmarse con un discurso ideológico, de arenga, más dirigido a si
mismo que a ella. Habla lentamente,
en pose de "bajada de línea", señalándola con
el dedo
índice, mientras camina por el lugar)
: -Hoy, como ayer, los hijos de esta tierra
siguen muriendo bajo el yugo explotador
de las clases dominantes. Pero esta vez, surgió la fuerza que va a terminar
para siempre con semejante iniquidad. La
Revolución, exige sacrificios, y a eso
estamos dispuestos. Tu bisabuelo, masacró a la indiada en el sur para apropiarse
de sus tierras y luego tu abuelo participó tirándole a los
obreros de Vasena y en la masacre de los
obreros rurales de la Patagonia...
Jna. (Con
una sorpresa que pone en evidencia la
incongruencia del argumento lo
interrumpe) :-Y yo que tengo que
ver...eso fue hace como cien años... Y
yo no estaba… (Busca un argumento que la salve del contagio de los abuelos
que puede resultarle fatal y
lo encuentra aunque escaso, casi
tan delirante como la acusación) Además,
en las asambleas de la
Facultad voté en repudio, junto a la
gente de ustedes...
Rro.(continúa el tono de arenga pero con una
convicción que se deshilacha) -Como si eso
les fuera a devolver la vida a los300.000
indios, a los obreros o a los niños
deshidratados...
Jna. :- Aaaahhh… ¡¿mi muerte sí…¡? ¿Y entonces, por
qué y para qué, proponían las mociones?... (Se va enfureciendo) ¡Vos estás loco,
ustedes están locos!
Me quieren hacer pagar como si
los hubiera matado yo...
(Romero cada vez
más sorprendido y
confundido) -No... ¿Qué me entendiste? No
digo que vos... que... que… que seas la culpable, lo que digo... lo que digo... lo que digo... es que
son crímenes que no pueden quedar
impunes...
Jna.
(Capta la sorpresa y la confusión de Romero y vuelve a la
carga con rigor lógico) -¿Y para que no queden impunes me vas a
usar de escudo si viene la policía...? ¿Suponés que no quedarán impunes, porque
maten a una descendiente de aquellos criminales y de los explotadores actuales?
Rro.-No... No...
No es eso...
Jna.(Ya absolutamente segura, domina la situación)
-Es lo que me dijiste.
(Se acelera la
discusión)
Rro. (a la
defensiva) -No... Me entendiste mal...
Jna. (Decididamente
a la ofensiva) -¡¿Cómo, que te entendí
mal?! ¿No me dijiste que me usarían de escudo?
Rro. -Bue... No fue exactamente eso... te dije
que serías nuestro único escudo...
Jna.-¡Y! ¿No es lo mismo?
Rro.-Bueno, no, no me expresé bien...Lo que pasa es
que si
nos encuentran, no podemos entregarnos...Si nos entregamos nos van a torturar sin asco,
y después nos van a matar.
Preferimos morir combatiendo y en esa situación sos nuestro último recurso...
Jna.
(Impactada porque se da cuenta que es cierta la
posibilidad de que lo torturen a él, mantiene la lógica pero va entrando en
el desánimo) -"No me expresé bien", "no
exactamente"...te expresés
como te expresés, a mi nadie me
salva de
una morir siendo inocente...
Rro.
(Que la
miraba cada vez más atrapado por
la lógica, pero también por
los ojos y la figura de Juliana,
salta como un resorte y decidido afirma) -¡Yo, no lo voy a permitir!
Jna. -(Sorprendida nuevamente, pero totalmente
desanimada y con lágrimas que
caen despaciosa y resignadamente de sus
ojos) -Y como vas a hacer para no permitirlo. Acabo de darme cuenta que yo estoy muerta, y vos, perdido...
Rro.
(Ablandado definitivamente ante la imagen de derrota de Juliana, la toma nuevamente entre sus brazos, le
acaricia suavemente la cabeza,
los cabellos, a la vez que ilusamente le dice) -No, no, no, ...vamos
a encontrar una salida,
alguna puerta se
va a abrir...nos vamos a salvar,
ya vas a ver ... (Ella, entregada,
se arrebuja en el cuerpo de él invirtiéndose la escena aterrorizante. Es el cuerpo
de él, el que se torna escudo de
ella a la vez que la
acaricia) Mientras, se van apagando las luces. De la oscuridad se escucha un
voceo lejano que permite advertir que dos hombres discuten fuertemente.
Pasados unos
minutos, que resaltan el corte y
el voceo in crescendo, se encienden las
luces en c, donde están Jf, Romero y Polo. Mientras Jf. y Romero discuten, Polo
permanece inmóvil con mirada perdida,
ajena a la discusión y a la vez de indudable
adhesión al jefe. Está aburrido,
como escuchando un debate
sin sentido, que está demás. Es
pálido amarillento, con cara
de nada y
ropas concordantes. Están sumergidos
en una discusión que el
voceo previo en la oscuridad, le permitió
al público advertir que venía de antes.
(Fondo de sirenas)
Jf. (Enojado, cerrado, fanático) -.../que
me importa que en las asambleas votara con nosotros. Es hija
de oligarcas y se acabó. De
pichones se las dan de revolucionarios y
cuando crecen resultan los peores. Hay que matarlos en el nido...
Rro. (La desesperación
se le refleja en el rostro) -¿¡Que estás diciendo?!. ¿¡Matarla...?!
Jf. (Impertérrito. Con sequedad) -Mirá Romero, si no
pagan el rescate no nos queda
otra posibilidad. (Para pedirle a Polo un vaso de agua y una aspirina, cambia la gestualidad y la
voz, que se torna ridículamente amable, sobreactuada excesivamente)
JF. -Polo, ¿me alcanzás una aspirina por
favor? (Polo sale
una fracción de segundos de escena y vuelve a entrar con el vaso y el
comprimido. JF toma
la pastilla. Terminado ese movimiento
y sin volver a sentarse escucha
lo que le dice Romero)
Rro. (Atónito
y angustiado ante lo que Jf le dijo, exclama) -¿Pero,...estás loco? ¿Que
estas diciendo? ¿Qué vas a ganar
con matarla...?
Jf. (Recompuesto de los movimientos anteriores responde con
impavidez) -¿Yo? Nada. El grupo sí. Es la única manera de que
aprendan a creer en nuestra palabra. Si no, cada vez que hagamos una opereta van a pensar que's joda.
Rro. -¿Y para que nos tomen en serio pensás matar a una piba...?
Jf. -Yo no, la orga.
Rro. -La orga, la orga. ¿¡Y vos qué, sos la orga?!
Jf. (Sorprendido,
confuso) -¿Yo?...Yo... (Se recompone)
¡Yo no existo al margen de la lucha!
Rro (Con la desesperación de la impotencia y
el odio
producido por la caída de un ídolo admirado, le grita) -¡¿Pero...para vos no existe
otra cosa que la revolución!? ¿Te
quedaste seco, sin sentimientos? ¿Qué es una revolución sin
sentimientos? Para vos: ¿No hay nada más que la orga?
JF. (Exaltado) -¡Y qué...! ¿Vos te quedás afuera? ¿Ya no tenés
nada que ver con ella? ¡Boludo! Te estás contagiando del individualismo
infame de esa pequeñoburguesa. Volvé a tu puesto… ¡Y dispuesto
a cumplir órdenes! ¡Ah! y
andá sin capucha, ya no hace falta que la uses cuando estés con
ella...
(La escena se congela
tenebrosamente en esas últimas palabras del jefe. Luego de unos segundos, con
los personajes congelados en su último
movimiento, abruptamente se apagan las luces.)
La escena vuelve a b, el cono de luz se enciende
despaciosamente. Sólo está la jaula con el pájaro y Ofelia con sus
rituales, sus equivocaciones, su vuelta a empezar y su discurso en off. La
escena muda, dura un tiempo suficiente como para exasperar a
público y actores.
Mientras, suena, a partir de donde se había
interrumpido en la escena
anterior, la marcha fúnebre de
Beethoven. La luz se va
apagando lentamente y la marcha continúa
una fracción de tiempo.
Jna. -¿Sin capucha? ¿Te dieron permiso?
(alegremente) ¡Qué suerte! Que
lindos ojos tenés. Mirá
lo que me perdía de ver por
esa bobada de la capucha y de jugar a los cow-boys...
Rro. (Con cara de preocupación y voz tenebrosa) -Esto no
es un juego Juliana,
esto es la guerra. (Hace una pausa, preocupado
y dolorido le dice) Te van a
matar. Por eso me ordenaron sacarme la capucha, para que no pueda dar marcha
atrás...
Jna. (Qué no
lo puede creer) -¿Lo estás
diciendo en serio? (Comienza a descomponérsele el
rostro. La desesperación empieza a
reflejarse en el mismo) No entiendo nada.
Están locos. Vos no lo vas a permitir, ¿no?
Vos me amás. ¿O lo del otro día fue mentira? Soy muy joven, no me vas a dejar morir, ¿verdad? ¡No
me vas a dejar morir, no por Dios, no!
No... No... No... (rompe a llorar
desconsolada y desgarradoramente. Romero no
soporta la escena,
corre a abrazarla, consolarla, y
llenándole de besos la cara le dice)
Rro.-Calmáte, calmáte... (Con determinación) Los voy a
convencer, ya verás, no llores...
(La luz
se apaga abruptamente al mismo tiempo que
en a se enciende la pantalla y en c Jf y Polo
miran el noticiero proyectado en ella, mientras, Romero
entra)
En la pantalla el
ministro nuevamente, esta vez apretujado por un arremolinamiento de
periodistas ansiosos, que
con cara exaltada le preguntan,
le exigen:
Periodista 1: -Señor ministro, se acabaron los plazos
y no
hay noticias de la chica Berdiales...
Ministro:
(Ceremonioso, con afectación "de papa en
la boca") -Berdiales
Jerez, querrá decir...
Periodista
1
(Indiferente y molesto por la observación) -Sí, sí, claro, ¿qué piensa hacer el gobierno?
Ministro: -¿El gobierno,
que tiene que
ver el gobierno? (enojándose) El gobierno
ha hecho y sigue haciendo
todo lo posible por ubicarla y
con ella a la guarida de delincuentes
terroristas subversivos...
Periodista 2: (con desesperación) -Pero se vencen los
plazos señor, la van a matar...
Ministro:-De ocurrir así, su sangre será una mancha más, sobre el prontuario de esos delincuentes...
Periodista
3:(Con
desesperación) -Pero eso no la va a
resucitar...
Jf. -¿¡Hijo de puta, y a Gabriel quien lo
resucita!? ¿Y a Vallese y a Mena,
y a Pampillón y a los de León Suarez
y...y...y…? (En un
alarido) ¡Hijos d...e...pu...uta...a! (El
escenario queda a oscuras brevemente, mientras resuena el
alarido)
M. -Me
hablaron otra vez. Si no cedemos, hoy la matan. Julián por Dios… por lo que más quieras...cedé... la van a matar,
no veremos más a nuestra pequeña
hijita...
Jan: (Impasible,
duro) -Como si antes la viéramos muy
seguido...
M. (desconcertada por la respuesta) -Pero Julián, es una
chica joven...
Jan .(Con
evidente resentimiento) -Una arrastrada
como vos, todas las noches tarde...y eso
cuando no se quedaba a dormir por ahí...
M. (Ante lo ilógico de las respuestas duda
unos segundos entre responder o
no, pero ante la encerrona,
con desesperación e impotencia busca argumentos que lo saquen
de la obstinación) -Por Dios, olvidáte de mí, de tus celos, de lo que
suponés sobre mi pasado. Es
tu hija, te lo juro por lo que
más quieras, por la
memoria de mi madre...
Jan. -Bonito juramento... por el huevo de la
serpiente...
M. (Absolutamente
desesperada trata de responder a la lógica que él propone) -Pero Julián, por favor...escucháme, ella no
tiene nada que ver con nada. Tiene diecinueve años...todas
las chicas de su edad lo hacen...
Jan.(bizarro)
-Así está
el mundo..., por algo esos zaparrastrosos la eligieron
a ella. O te
olvidás cuando venía
eufórica a chucearnos con sus
asambleas de la facultad...Ahí la deben
haber conocido...Es más, estoy seguro que esto es un arreglo entre esos
loquitos y ella. Pero conmigo no cuenten .¡A mí no me
van a sacar un peso, esos sinvergüenzas!
M. -¿Pero?
¿Qué estamos discutiendo? Estás completamente loco. La van a matar... ¿No entendés? Se acaban los
plazos, la van a matar...
Jan. (Su
rostro se transforma como ante una súbita iluminación que lo descarga
y lo afirma tranquilamente
en su
posición) Pero claro...como no se me había ocurrido antes. Ee…estoy seguro, esto
es un arreglo entre ella y los secuestradores para sacarme plata. ¡La muy
putita, digna hija de su madre! ¡Pero no
van a ver un peso los miserables...!
M. -Estás loco, Julián. Estás loco. Por tu culpa van
a matar
a nuestra hija, aunque tu locura no te
permita reconocerla...y después… después,
ya será tarde... (se echa a llorar
desesperada)
Jan. (Imperturbable
y con una sonrisa de quien se siente más listo que los
otros, se restriega la
barbilla y dice -Claaro...el ministro tiene
razón (en posición y con voz de arenga) ¡No hay conciliación posible! De nuestra firmeza y decisión depende
el futuro de la Patria...!
M. (deshecha
en llanto) -Basta Julián, basta, no te
puedo escuchar más. (En un alarido,
mientras, la luz se apaga abruptamente) ¡La van a maaaataaar...!
(Romero está discutiendo
con Jf ante la
mirada atónita de Polo.
Las sirenas se escuchan mucho más cercanas)
Rro (Tratando de
convencer) -Démosle un tiempo
más, van a aflojar...
Jf. (Expeditivo)
-No depende de nosotros, la orden es
terminar con este asunto. ¿O te olvidás qué ya andás sin capucha?
Rro. (Furioso)
-La orden, la orden. Parecés un milico.
Jf. -Soy un
milico. ¡Boludo! ¡¿No te das
cuenta que estamos
en guerra!? ¿Con lo de Gabriel no te alcanzó? ¿Querés más? ¿Qué querés, que te boleteen a vos?
Rro. (Aflojándose
nuevamente para tratar de convencer) -Pero
¿y la piba que te hizo?
Jf. (Con gesto y voz de fastidio) -Y da..ale
con la individual. (Pausa) ¿Qué
tiene que ver? (subrayando y pausando
en cada sílaba) ¿Que tiene que ver? (Solemne, con pose y
voz de arenga) ¿No te
das cuenta que se trata de la Revolución? ¿Que
es una vida más, o menos, al lado
de lo que va a ser el mundo sin explotadores ni
explotados? ¡Somos la
última escena de la
muerte! Después, el mundo será otro.
¡Ya!, podría ser otro...
Rro: (Con la
desesperación de quien se siente desprovisto de
argumentos racionales, hundido
en la impotencia discursiva,
temblando, implora) -¿Y vas a
hacer la Revolución porque mates
a un piba?
Jf. (Con odio) -No seas imbécil. No es por ella, es por el
ejemplo. (Se para de golpe y como entendiendo algo
súbitamente, con un medio
giro pasa a mirarlo fijamente a los ojos, y le dice) ¿No será
que te enamoraste de ella, no?
Rro. (Se
eriza y reacciona como una fiera herida) -¿¡Y
si así fuera, que!?
Jf. (Furioso) -¡Idiota!
Te dijimos que no
tenías que tener ningún acercamiento a la prisionera más que el
imprescindible. ¡Esa puta de mierda
te calentó!
(Dirigiéndose a Polo) ¿Ven
que hay que matarla? Es un peligro. Mirá lo que hizo con este pelotudo. Le tiró
al carajo mil años de ideología, de
experiencia, de huevos. Lo transformó en una cuña dentro de la
orga...
Rro. (Fuera
de sí, se le va encima para trompearlo) -Cuidado
con lo que decís, o te rompo la cara... (Polo se interpone y los separa mientras Jf, que apenas atinó a defenderse, con voz militar le grita a Romero)
Jf. -¡Insubordinación y ataque a un superior en
plena acción! Serás juzgado por un tribunal revolucionario...
Rro. (Tomándolo
nuevamente del cuello) -Y yo voy a
denunciar ante él que
te permitiste dudar
de mi moral
atribuyéndome vacilaciones que no me caben.
(Polo los separa nuevamente y
mantiene presionado a Romero,
que entonces afloja, aunque
sigue discutiendo sin ir más allá
de palabras y gestos)
Jf. (Con convicción)
-¿Ah...si? ¿Con qué no te caben?...
Ya van varias veces que venís a
tratar de convencerme de que desobedezca
la orden recibida de ejecutar a la chica.
Rro. (Reafirmado
en lo suyo)
-Estamos en
una organización democrática y
tengo derecho a expresar mis ideas...
Jf. (Con la firmeza militar, propia de la lógica de la
guerra) -¡Estamos en una guerra
y en una guerra no hay otra democracia que la
de las balas, lo que vota es el poder de fuego, no hay
otra dimensión que la correlación de
fuerzas y otro argumento que los
cálculos tácticos y estratégicos!
Rro. (En
un nuevo esfuerzo de producir
sensatez) -¿Y en esos cálculos metés la vida de la piba...?
Jf. (Nuevamente
exasperado) -¡Y dale!... ¿No era que
cumplías órdenes?
Rro.(Con insistente
firmeza) -Lo que no excluye mi
derecho a debatir...
Jf. (Seguro y secamente) -Cortémosla. No queda otra. Tenemos
la taquería encima. El
padre no paga. La situación tomó
estado público por acción de ellos mismos. La piba ya te conoce a
vos y tiene demasiados datos sobre Polo. Si no es tonta,
y parece
no serlo, es probable que haya
memorizado una cantidad de indicios
por los que
si la soltamos
pueda llegar al
lugar y reconocerlo. Así que no
nos queda otra que liquidarla. Teniendo
en cuenta tu situación, te libero de esa tarea y la dejo en manos de
Polo. (Desde el comienzo de esta última intervención de Jf hasta
el final, Romero
se ha ido desarmando hasta quedar totalmente abatido. Polo que transcurrió todo el tiempo con el mismo aire de distraído
y de cara de nada de toda la obra,
salta como un resorte, con rostro angustiado, cuando
escucha de labios del jefe la misión que le ha sido encomendada)
Rro. (Desde
su abatimiento ante lo ineluctable
y rehaciéndose lentamente) -¿Y cómo la pensaste?
Jf. (Secamente) -No te compete, ya que no vas a operar. Bien sabés que no hay que saber más de lo
necesario.
Rro. (Dubitativo,
tartamudeante) -Es...q..q..que... ¡Prefiero
estar!
Jf. (Sorprendido)
-¿Pero...y a vos, quien te entiende? ¿Qué
te pasa ahora?
Rro. (Abatido
pero seguro) -Que no quiero que
sufra, para eso tengo que estar. A mí, me tiene confianza. ¿Supongo que pensabas
administrarle la inyección, o me equivoco?
Jf. -No. Creo
que es lo más conveniente, tanto para ella como
por nosotros. Que se la aplique Polo, que para algo le
sirvan sus estudios de
medicina. En cuanto a vos...vos...
tranquilizála, convencéla.
Rro. -(Amargado
pero dispuesto al sacrificio) -Sí, claro.
Para eso planteo ir. Ya que tiene que morir
por lo menos que no sufra.
Jf. (Desconfiado)
-¡Ninguna mala pasada eh! No te
olvides que estaremos vigilando. Cualquier intento va a resultar
peor, tanto para vos como para la
chica...
Rro. (Rendido) Ya
lo sé. Sé bien, demasiado bien, que tengo que hacer.
-Mientras Polo sigue
con su mirada perdida en el vacío,
los brazos de Romero caen
totalmente derrotados. Es la imagen misma, de un derrotado por el destino.
Romero se
cuadra débilmente y de la misma manera
hace la venia, junto con Polo
-que la hace marcial, aunque de su rostro no se ha borrado la sorpresa, el desconcierto y la tensión por
la misión recibida. Dan media
vuelta y se
van. Se apagan
las luces lentamente, mientras
ellos caminan hacia b que sigue a
oscuras y Jf los mira afectado por la escena. Se apagan las luces-
II Acto
Se encienden las
luces en b
Ofelia (Al sacar la mano de la jaula, la voz en off) -Otra vez
el borde... No se termina más... ¿Y si lo dejo volar? Todo
se acabó, no lo puedo cuidar más. ¿Y a quién cuido entonces? (Recomienza
todo el ritual que se despliega durante un
rato. Su voz en off, repite lo mismo, mientras dure esta escena) Se
apagan las luces, mientras se va alejando la
marcha fúnebre que sigue sonando hasta poco después.
(Se apaga la pantalla y se encienden las luces en
b donde están: la jaula con el pájaro, la
"cárcel del pueblo" y Juliana sentada, pero con las manos atadas a la espalda y las
piernas atadas en los
tobillos sin pasar la cuerda por el cuello. Las sirenas muy cercanas.
Entra primero Romero, que se ilumina al verla,
para ensombrecerse inmediatamente)
Rro. -Te voy
a desatar las muñecas... (La toma tiernamente entre sus brazos y la va desatando mientras
ella lo mira entre contenta y
expectante. Acción lenta,
cuidadosa. Terminada la misma, ella desentumece sus muñecas y sus brazos, él
vuelve a la posición de pie, después de
darle un beso en la frente)
Jna -Al fin libre, desatáme las piernas...dale...
Rro (Con
firmeza y dulzura) – Juliana, no puedo.
Jna
-Dale,
que te cuesta, no me voy a escapar.
Rro -Ya se
que no te vas a escapar, pero no puedo. (Se coloca en cuclillas y dulcemente, como quien narra
un cuento infantil a un chico para que
se duerma, le dice. Toda esta parte de la escena es muy tierna) Escucháme: te vamos a trasladar...
Jna
(Sorprendida
pero confiada) -¿Trasladar? ¿Adonde?
Rro -A un lugar donde estés mejor, más segura.
Jna -¿Y vos vas a venir?
Rro -Sí... sí... claro...
Jna
-¿Me van a liberar?
Los convenciste...
Rro -Sí, los convencí. Claro que te vamos a
liberar...
Jna -Entonces... desatáme, si total me van a
soltar...
Rro -Sí. Pero todavía no puedo.
(La atmósfera
se va tornando pesada, densa. Se
nota que los interlocutores no hablan de lo mismo. Que como quedó explicitado en la
escena anterior, no se abrió
ninguna puerta, no hay
salida. No obstante Romero sigue
hablando pausada y serenamente)
Rro -Antes,
tenemos el traslado. Polo te va a dar
una inyección que te haga dormir
y que te evite el cansancio del
camino...
Jna
-(Tiene una iluminación instantánea. El terror le inunda el
rostro y en un grito, que rompe la atmósfera casi
hipnótica del relato, dice) -¡Me van a matar...!
Rro -(Trastabilla y casi
cae por
la impresión. Rápidamente recompone el
rostro y de rodillas la toma entre
sus brazos) (Sorprendido, haciéndose
el enojado y en medio de un terrible sufrimiento) -¡Estás loca! ¡Como pensás que
yo lo permitiría! No seas
sonsa. (La palmea, recorre
con su mano la espalda de ella cariñosamente) Esto es el fin. Ya se acaba todo
(la va abrazando muy cariñosamente) y podremos amarnos para siempre...
Jna (Queriendo creer) ¿Estás seguro? ¿No me mentís...?
Rro (Haciendo un esfuerzo
supremo para mantener la impostura) -No...
Como podés pensar que te podría mentir... Por favor... (Las lágrimas caen por su rostro
que está de frente al público. Ella se
deja hacer, refugiándose entre los brazos de él que la besa y la acaricia
dulcemente. Mientras, entra Polo con
una jeringa y algodón. Polo la arremanga mientras Romero no deja de arrumarla,
Polo le frota el algodón en la flexura del codo y
le coloca la inyección. Al pinchazo, un ligero sobresalto de ella.
Mientras, Romero tiernamente la calma y la mima hasta que
ella pierde el conocimiento en
brazos de él. Polo,
que contrito ha
quedado contemplando la escena,
la retira de los brazos de Romero y la carga
sobre sus hombros. Los brazos de ella
cuelgan por su espalda
como los de Gabriel en la escena de los inicios. De esa manera se va hacia las sombras
posteriores del escenario. Romero los mira
irse, se toma el abdomen como en un retorcijón y cae
desmayado sobre el
lugar en el que Gabriel fue
ejecutado por el sargento Bermúdez. Se
apaga la luz abruptamente, en el
filo de la caída
de Romero)
Se enciende la luz en c. En el living está María
sollozando, el cabello se le ha
encanecido completamente. Julián que
se mantiene "duro", mientras camina de un lado a otro de la
habitación, como un león
enjaulado la mira solemne con desprecio
y como indiferente. La escena
dura aproximadamente tres minutos. Se apaga la luz.
Vuelve la luz a b "cárcel del pueblo". (Música:
el comienzo de The Show Must Go On de Pink Floyd The Wall) Romero que estaba caído,
desmayado, despierta despaciosamente y se va sentando. Gira la cabeza,
mira a su alrededor y al punto donde
cayó. No comprende nada, está absolutamente confuso. Se incorpora, se para
y recorre el ambiente como tratando de
encontrar lo que ya no está. Su rostro adquiere la expresión de desahuciado, de
perdido, de sin sentido y sale del lugar como "alma en
pena". Las luces se apagan.
Se enciende la
pantalla en a Un locutor: Flash
informativo.
Locutor: -Y según consta en el parte policial, el
occiso, de aproximadamente 26
años, fue abatido al intentar escapar,
cuando al encontrárselo en actitud sospechosa, se le dio la voz de alto.
En escasos minutos, más informaciones, para este..., boletín.
Se apagan
las luces y se encienden
nuevamente en b que está
habitada por la
jaula, su pájaro
y Ofelia ejecutando
su actividad ritualizada. Despaciosamente, entra Polo con aspecto de
vaciado, tegumentos pajizos, ojos sin
vida, caminar arrastrado. Se dirige a
ella y le dice inexpresivamente:
Polo: –Ofelia, te convocan nuevamente de la
Sinfónica Nacional, es tu oportunidad.
Tal vez la última. Si rechazás otra vez, no
creo que te convoquen más.
Of (se da vuelta, cansina y lentamente, mirándolo
indiferente, pero aferrada a él) -Sabés
que no puedo. No puedo
dejar de cuidarlo
(señala con la cabeza al pájaro) Es muy delicado. Como una jovencita. Cualquier descuido, puede
matarlo.
Polo
(resignado, levanta los hombros, y cuidadosamente le acaricia la cabeza)
Of
(irritada se lo saca de encima y le dice) -¡Me
hiciste perder! ¿Por dónde iba? Tengo que empezar todo de nuevo...
Abruptamente se
apagan las luces y suenan las sirenas hasta
unos instantes después.
Nuevo encendido de pantalla
en a Locutor -Último momento. Según
un nuevo comunicado policial se
conocerían más elementos sobre el delincuente terrorista subversivo. Se trataría de un
sujeto, que según los documentos que se hallaron en su poder,
se apellidaría Romero y
tendría 26 años de edad. Según trascendió de
fuentes confiables, el mismo fue ultimado al encontrárselo
deambulando sin rumbo fijo
en las inmediaciones de la Facultad de
Filosofía y Letras. Según
se supone en las mismas fuentes,
habría quedado aislado de su banda y perdido de toda relación con
sus jefes, a consecuencia de lo cual
pasó a la
desesperada actitud de resistencia, en la que encontró su fin.
FIN del II Acto
III Acto
La obscuridad dura un rato, hasta incomodar a
los espectadores. Luego se prenden luces
tenues en los tres ámbitos. La pantalla blanca, sin proyección.
Mientras monologa, el sargento Bermúdez (mal vestido,
barba sin afeitar, ropas
raídas) se va moviendo por los
tres espacios hablándole a
sombras chinescas proyectadas en la pantalla
(puños cerrados con el
índice extendido acusatoriamente, espaldas encorvadas, grandes orejas como
alas) y a alucinaciones que serán vehiculizadas
por voces en off, cuya locución estará
a cargo de una actriz.
(Bermúdez, desesperado se tapa los oídos, no
queriendo escuchar, la voz que le dice
en tono monocorde)
Voz -Puto, maricón. Puto, maricón. Puto, maricón.
Puto, maricón...
(Mientras
con poco volumen se siguen escuchando
las voces diciendo lo mismo) SB. -¡Basta,
basta por Dios!, dejen de torturarme. ¡Basta,
basta, que hice...? (sube el
volumen de las
voces nuevamente. Bermúdez gira desesperadamente por todo el escenario) Cumplí órdenes, cumplí
órdenes, (en un
grito) cumplí óoordéneeesss... (Las
voces, sobradoramente) -órdenes,
ja , órdenes, jajajajaaa...
Oordenes... (Risotada brutal y siniestra)
(Bermúdez sigue
girando desesperado bajo el imperio de las
voces que a todo volumen se imponen y lo dejan sin palabras hasta caer arrodillado con la cara transida de terror y en un sollozo
sin consuelo. Las luces se van apagando lentamente y de la
oscuridad en off, surge in crescendo hasta un acmé, a
partir del cual va decreciendo, el murmullo
de un amontonamiento con risas estereotipadas y gritos descontextuados.
Es un manicomio. De entre el rumor se
distinguen suplicas plañideras:
-Sáquenme de aquí... (Otra, amenazante) -¿Tenés
un pucho?.... (Luego se vuelve sumisa)
Un cigarrillo por favor... (Otra) -¿Tenés
mate?... (Otra) -¿Tenés hora?... ¿Que hora es?
(Otra desgrana y repite
despaciosa y obsesivamente un
apellido) -Pa.. .pu... cci... ne... Pa… Pa... Papucci... nne… Pa… pucci... nne…
Papucci… nne… Como dije antes, todas intercaladas por risas inmotivadas y
disonantes con el clima
de abandono, repetición y rutina. Las
voces se escuchan sin
ninguna relación entre sí, son
absolutamente individuales. Finalmente cesan y bruscamente en c se encienden luces del tipo de los
tubos fluorescentes
En c escritorio por medio conversan el capitán
Gandolfo y el cabo Hernández.
Hernández desencajado,
ansioso, acelerado,
atropellándosele las palabras, le
cuenta a Gandolfo.
C.H.-Me dejaron verlo. Está boleado, pero igual habla. Dice que hay
voces que le
dicen que es puto
y maricón.(Sorprendido, no entiende
nada) Se da cuenta mi capitán, justo a él que
siempre fue un cojonudo bárbaro.(Baja el tono en actitud
de secreto) También dice que él no tuvo la culpa, que él cumplió órdenes...
C.G. -¿Pero,
qué le pasa a ese boludo? ¿Se olvidó que es un sargento del glorioso ejército
libertador?
C.H. (Contento de
poder responder algo con certeza, sonriente) -No... Que se va a olvidar, al contrario. Se le metió en la cabeza de
que es el asistente del General San Martin.
C.G. -¿Coomo? (Con
gesto de que al fin comprende
todo) Pero entonces, está loco...
C.H. (Sorprendido) -Pero...claro... ¿No se había dado cuenta
todavía?
C.G. (Sorprendido de
la estupidez que dijo) -Sí...no...bue...
C.H. -Se hizo traer el uniforme de cuando pasó por
granaderos y lo tiene puesto todo el día y como las botas ya no las
tenía se consiguió unas de
mujer...
C.G.-¿¡Coomo!? ¿¡Y lo dejan!?
C.H. (Con gesto de decir algo obvio) -Pero capitán, está en un
manicomio...
C.G. (En tono de
arenga militar) -Lo cual no autoriza a
faltar el respeto al uniforme de la
Patria...
C.H. (Con cara de
incomprensión por tener que argumentar lo obvio) -Pero capitán...está loco...
C.G.- ¡Cabo!
Tiene 30 días de arresto por insubordinación. ¿¡Como le va a decir loco a un superior!?
C.H. (Cuadrándose y haciendo la venia) –Pero… mi capitán, no lo dije por usted, lo dije por el sargento Bermúdez...
C.G. -(Con
voz atronadora y estentórea)
¡Que también
es un superior!
C.H.-(Con desesperada
resignación) Pero está loco...
C.G. (Mientras Hernández
sigue cuadrado y haciendo la venia) -Un superior (hace una pausa y subraya
las palabras que siguen) nunca puede
estar loco, nunca. ¿Me entiende?
C.H. (asustado y
manteniendo la venia) -Si, mi capitán.
(Su voz, pero en off) -Sin embargo... (subrayado) está loco.
C.G.(Imperativo) -Retírese.
C.H.-Sí, mi capitán. (Golpea los tacos, baja
la venia, se da media vuelta y se va con
paso marcial, mientras tenuemente suena la
marcha de San Lorenzo en la
estrofa -Cabral soldado heroico... y las
luces se apagan el tiempo suficiente como para transformar a a b y c en pasillos de un manicomio)
S.B. -Soy el mejor soldado del General, por eso me
nombró su asistente... nadie tira
como yo... ninguno obedece como yo... un, 2, 3,
4.Un, 2, 3, 4.Un, 2, 3, 4. Reinicia
el mismo discurso (Esta escena se extiende durante un buen
rato con el fondo musical de la
marcha de San
Lorenzo en la estrofa de
"Cabral soldado
heroico..." hasta "...haciéndose inmortal", desde
donde recomienza con la misma
estrofa hasta que las luces que se han ido
reduciendo siguiendo el paso estereotipado del conjunto
de alienados, se van apagando lentamente mientras se escuchan
las últimas repeticiones de la estrofa que se fue imponiendo, a la alocución estereotipada del sargento Bermúdez.
Las luces vuelven a encenderse en c. Escritorio de por medio
el cabo Hernandez se está
reportando al capitán Gandolfo.
CH. (Relata con voz y gestos de desconcierto) Y si,
ahora está mejor. Por lo menos se nota que está menos abombado. Parece que ya no
escucha voces pero relata una historia increíble. Dice que el General
San Martin le
encomendó llevar a
cabo operaciones secretas a
las órdenes de un capitán y que
este le ordenó ejecutar a un criollo infiltrado por
los godos en la ciudadela y que como venganza, los camaradas del
ejecutado se confabularon con el demonio que se ha metido en su cuerpo
obligándolo a ser mujer
como condición para no matarlo. Sigue usando botas
de mujer, quepí y charreteras de granaderos, pero en vez de
pantalones lleva una pollera escocesa.
CG. (Preocupado y sin
importarle el resto de lo dicho por el cabo) -¿Decís que mencionó que un capitán le ordenó una ejecución?
CH. -Si. Es una, de las pavadas que dice...
CG. (Con voz de preocupación y de que se
"avivó" de algo) -Con
las que
nos está denunciando.
(Secamente) Rompió el
pacto de sangre. Hay que
liquidarlo.
CH. (Totalmente
sorprendido y azorado) -¿Cóomo? ¿Liquidarlo…?
CG. (Entiende
la pregunta como referida a la
técnica de la "ejecución") -¿Y qué otra? De un balazo.
CH. (Insiste
en lo que a él le preocupa. Que
el capitán está pensando
en matar a uno de los suyos, por enfermo)
-Pero mi capitán, es un camarada...
CG. (Seco) -Fue.
CH. (Angustiado) -Es, mi capitán. (Trata de serenarse y
argumentar) ¡Está loco, pero es un camarada...!
CG. (Seca e
inflexiblemente) -Un camarada no rompe el
pacto ni aún loco, así que habrá que ejecutarlo... (Se da media vuelta y se
va)
(La figura
de Hernandez, con la estupefacción
y el espanto dibujados en
el rostro, queda congelada
mientras las luces decrecen hasta
apagarse y desde la oscuridad
se escucha un redoblar de tambores como los que
antiguamente acompañaban a las
ejecuciones.)
Se apagan
las luces, se vuelven a prender
y se
reproduce la escena donde en formación de escuadrón los cuatro
locos marchan estereotipadamente. El sargento Bermúdez luce el atuendo descripto
anteriormente por el cabo Hernandez. No
dicen palabras, sólo ejecutan
sus estereotipias durante
uno o dos minutos. Mientras, el rumor de tambores que se había
apagado, se reinicia in crescendo hasta
que desde las sombras posteriores del escenario suena un fuerte estruendo de
disparo a la vez que en la misma
dirección aparece un fogonazo. En
el mismo
instante cae Bermúdez, los otros
tres personajes dan un grito de horror y
sus figuras se congelan en un
gesto equivalente. Despaciosamente se apagan
las luces como para grabar en la
retina del público la escena congelada.
Se prende
la pantalla en la cual un noticiero
de época, en blanco y negro. El conductor trasmite:
-Último momento. Nuevamente la
cobardía de los
delincuentes terroristas
subversivos, ha cobrado
una indefensa víctima argentina. Aprovechando las
circunstancias de que el Sargento
Facundo Bermúdez se hallaba
internado en una clínica especializada,
para recibir un tratamiento
destinado a conjurar una dolencia que lo
afectaba, contraída en
circunstancias relacionadas con
el cumplimiento del deber, fue salvajemente asesinado.
Se
hicieron presentes en el R1 al que pertenecía y donde se velan sus restos
mortales, el Presidente de la Nación, el Vicepresidente, y diversas autoridades
eclesiásticas, civiles y militares.
En breves
declaraciones a la prensa el comandante en jefe
del ejército, arma en la que revistaba el occiso, aseguró que hechos como éste galvanizan aún más, si cabe,
la decidida voluntad de la fuerza
de terminar de raíz con esta infección que
invade al cuerpo social del país
para asegurar a los argentinos la paz y la prosperidad que
la Patria merece, cimentada
en un
futuro de férrea unidad de todos
sus ciudadanos sin distinción de banderías políticas ni de pertenencia a las
filas civiles o militares.
(Se interrumpe la
emisión.20 o 30 segundos de silencio y oscuridad)
El escenario se va
iluminando poco a poco con luces de diferentes colores que
atraviesan una niebla
ahumada tipo escenario
de recital de rock
mientras se escucha
un crescendo de
"La felicidad" cantada por Palito Ortega.
Se enciende nuevamente la pantalla y en la misma
se ve ahora al estilo televisión de los 90 el informativo de un
acto de apertura de una licitación para
la venta de una empresa del estado. Participan del acto: Julián -el padre de Juliana- JF
y el capitán Gandolfo, todos de civil y elegantemente vestidos.
Mientras los
otros asienten y miran
satisfechos, JF dice un discurso de circunstancias:
-La seguridad urbana, cimentada en la unidad de las fuerzas vivas con
sus fuerzas armadas, es el cerrojo que
abrocha el desarrollo argentino,
cimentado en la decisión irrevocable de
pertenecer al primer
mundo, sobre la
base de generar
las condiciones necesarias para repatriar capitales y atraer nuevos, de
tal manera que las inversiones de
riesgo se asienten en el pais
y aseguren un futuro de trabajo, esfuerzo y riquezas,
para todo el que habite este bendito suelo argentino...
(Mientras en pantalla ocurre eso, cae desde la parrilla
y en el espacio que
media entre la pantalla y lo que fue
sede de los comandos,
la jaula del
primer acto con el mismo
pájaro que obviamente, como
efecto del descuelgue, revolotea
asustado. Por el escenario
caminan cansina, pero obstinadamente,
dos mujeres mayores. La
iluminación destaca su
sombras ampliándolas
enormemente, idénticas en todo su atuendo y aspecto. La única diferencia, una –
lleva un pañuelo blanco en la cabeza, la
otra no. Cada una sostiene una pancarta. Ambas son idénticas y llevan escritas con letras grandes e
idénticas, la misma consigna, CON VIDA LOS
LLEVARON CON VIDA LOS QUEREMOS. Se apaga la voz en la pantalla
pero se mantienen obscenamente, las figuras corteses de la
ceremonia. La jaula
iluminada por un buscador hasta
el fin. Se silencia
el escenario -cesa "La Felicidad". Durante un rato
se mantiene el escenario
en silencio pero con la proyección de la ceremonia en la
pantalla seguida de un vértigo de fragmentos
de a pocos segundos, de imágenes verdaderas de actos oficiales de aquella época, en las
que aparezcan personajes reales con las características de la mezcla presentada en
la ficción. En el escenario continúa
la marcha silenciosa y
sostenida de las
dos sombras atravesando repetidamente los diferentes
sectores del tablado.
Cae el telón
SERGIO RODRIGUEZ 9 de febrero de 1994
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